The long tomorrow: El mañana nunca se sabe

Resulta increíble pensar cómo un proyecto megalómano inconcluso generó varios vástagos con el correr del tiempo. En 1973, un productor le ofreció al director de cine Alejandro Jodorowsky hacer una película sobre Dune, la novela de Frank Herbert. En un rapto de locura, el chileno decidió convocar a legiones de artistas que estaban en la cresta de la ola por esos años. Sin ahondar demasiado en ese fructífero período, les recomendamos ver el documental al respecto de este fallido filme; sin embargo, de estos participantes, hay dos nombres que nos interesan: Dan O’Bannon y Moebius.

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Dan O’Bannon es un nombre no muy tenido en cuenta en el mundo del cine, sin embargo su sello como guionista y creador de efectos especiales se puede encontrar en Alien, Star Wars y Dark Star (la película/tesis facultativa de su amigo John Carpenter) entre otras. Moebius, por su lado, ya venía de ahondar en la experimentación de su trazo dentro del western Blueberry. Durante el trabajo en la película, O’Bannon le mostró a Moebius una historia que él mismo había escrito y dibujado. Al dibujante le fascinaba lo auténticamente noir del guión, ya que como admirador del género policíaco sentía que su condición de francés no le permitía generar una historia sin parecer una parodia. Finalmente, The Long Tomorrow fue editada en 1976 por Métal Hurlant, la publicación creada por Les Humanoïdes Associés, de la cual Moebius fue parte.

The Long Tomorrow es un interesante policial negro ubicado en un tiempo y espacio incierto. Protagonizado por el detective privado Pete Club, residente en el piso 97 de una ciudad gigante donde las clases más bajas ocupan los pisos más bajos, quien recibe un encargo de una mujer residente en el piso 12. Haciendo uso de una generalidad del policial negro, lo que siempre parece ser un trabajo sencillo, siempre termina escalando más allá, en este caso llegando hasta el mismo Presidente.

 

 

Serializada en las revistas 7 y 8 de Métal Hurlant, para muchos esta historia es considerada el germen del cyberpunk. William Gibson, uno de los padres del género y autor de Neuromancer, reconoce parte de su influencia en esta historia, más que nada en las visiones futuristas que Moebius ofrecía para la ciudad donde transcurre la historia. Gibson no fue el único alucinado con las imágenes ofrecidas. Ridley Scott también tuvo en cuenta esto al momento de diseñar Blade Runner, película donde el director convocó a Moebius para trabajar, pero éste se rehusó debido a estar ocupado con Time Bandits (a posteriori, él se lamentaría de no haber participado en la obra de Scott, ya que le había gustado). Otro que mamó de esos imposibles dibujos fue Carlos Ezquerra, quien no solo se asemeja en las texturas y entramados de Jean Giraud, sino que también lo hace en su concepto y diseño de Mega City-One: la distópica ciudad donde ocurre la gran mayoría de las aventuras de Judge Dredd hereda bastante de The Long Tomorrow. Otro alucinado fue George Lucas, quien copió algunos diseños para droides en Empire Strikes Back.

Nada mal para una breve obra creada en los largos momentos pausados durante la producción de una película que nunca se hizo, sobre todo para una historia que puede ser leída en la actualidad y que resultó disparadora de varios iconos reconocibles de la cultura pop, y que no acusa recibo de un envejecimiento. Es para destacar que la brevedad del guión (16 páginas divididas en dos) obliga a la historia a moverse con velocidad, pero sin dejar cabos sueltos o una necesidad de saber qué pasó o quiénes son ciertos personajes. La intención está  y el germen fue plantado con éxito.

 

 

La historia gustó tanto que Moebius pidió una secuela, pero quedó desilusionado ante el guión que le entregó O’Bannon (según Giraud, no aportaba nada nuevo a lo que ya había mostrado en el primer capítulo) y nunca la dibujó. The Long Tomorrow fue replicada posteriormente en la Heavy Metal, la versión americana de Métal Hurlant, y Dark Horse la incluyó en una edición de Moebius H.P.’s Rock City, junto con otras historias cortas del excelso dibujante. Y hablando de Moebius y Dune, nos quedará pendiente para otro momento hablar de un segundo hijo nacido del proyecto fallido: El Incal.

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