Iron Fist: Tras las pistas del dúo Claremont/Byrne

La dupla conformada por Chris Claremont y John Byrne puede ser reconocida y amada por las tribunas de los fanáticos por ser la culpable de llevar al estrellato máximo a los X-Men. Responsables de dos anchos de espadas en la mitología de los mutantes, como lo son Dark Phoenix Saga y Days of Future Past, el tándem pareció haber nacido para escribir el título. Lo cierto es que el germen de este éxito ya se venía cocinando en otra serie que, lamentablemente, no tuvo la misma repercusión que Uncanny X-Men. Hace algunos años atrás, Iron Fist primereó a los mutantes en varios aspectos de su narrativa, tanto visual como textual.

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Chris Claremont comenzó a trabajar en Marvel como asistente editorial hasta que Roy Thomas, quien escribía y editaba la mayoría de los títulos, le dio una oportunidad para colaborar en X-Men #59. Luego de esa colaboración, le fueron dadas otras oportunidades como guionista hasta que le confiaron la tarea de hacerse cargo del artista marcial. Claremont, al ser también colaborador en el relanzamiento de los X-Men por el momento, sabía que para mantenerse estable en la historieta tenía que desarrollar no sólo una voz propia sino también un gancho que haga a los lectores volver. Un estilo distintivo. Este mismo puede verse fuertemente en tres puntos claves: El rol de la mujer, los personajes secundarios y la narración.

Con respecto al primer punto, ya desde el primer número se ve a una Misty Knight quien no sólo le vuela la cara de una patada al protagonista sino que es capaz de protegerse a sí misma sin necesidad de ningún superhéroe. Pero la historia que más enfatiza este punto está en el segundo número de la serie, titulada Valley of the Damned, en donde el lector es testigo de un flashback clave en la vida del personaje. Aquí se cuenta la historia de dos personajes, Miranda Rand (media hermana de Daniel) y Conal D’Hu-Tsien, ambos amantes y la primera discípula del segundo en las artes marciales. Que las mujeres sepan artes marciales es algo terminantemente prohibido en K’un-Lun y Claremont lo utiliza como herramienta narrativa:

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Por otro lado, esto sirve de ejemplo para el segundo punto en cuestión, los personajes secundarios. El plan del escritor era brindar vida al plantel que rodeaba a Danny Rand, en primer lugar porque es parte de su estilo y en segundo ya que el perfil no tan popular del personaje se lo permitía. Por eso se “gastan” tantas páginas en la historia con Miranda y Conal o en demostrar que Misty Knight puede cuidarse por sí misma, porque dan vida al universo del personaje y enriquecen la narrativa. Lo cual se complementa con su tercer punto, la narración, en este caso en segunda persona. Claremont tiene el objetivo de transmitir al lector qué es lo que pasa por la cabeza de los personajes, los lectores de X-Men ya estarán más curtidos en este aspecto, y es por eso que utiliza esta herramienta. Pone al lector en el lugar de Iron Fist para que experimente lo mismo que el personaje y que esto, nuevamente, le dé vida.

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Desde el apartado gráfico se pueden ver los primeros pasos del enorme John Byrne hacia la consolidación como artista clave de la editorial y la época. En principio, lo primero que se destaca es su puesta al servicio de la historia y al estilo que se quiere narrar. Al ser un comic de artes marciales más superheroico que el resto, Byrne pone énfasis en las secuencias de acción y el impacto en el dibujo. La primera cuestión hace referencia a aquellas secuencias en las que se ve a Iron Fist realizar movimientos claros y detallados. Con un énfasis en la muestra de la técnica al utilizar una narración algo pausada y similar al estilo de Bernie Krigstein de los 50. En segunda instancia, al ser un comic superheróico, debe haber épica y teatro en las peleas, algo bastante kirbyriano. Por esto, Byrne se asegura de que sus splash pages comuniquen el impacto y el poder desatado digno de un comic de superhéroes.

 

Ejemplos de las técnicas que el dibujante empleaba al servicio de la historia.

El otro gran desafío de Byrne era demostrar que tenía la inventiva necesaria para las puestas en página y narración. Es por eso que a lo largo de la serie utiliza distintas técnicas a la hora de plantear la página para mostrar su versatilidad y capacidad para manejar el ritmo como él quisiese. El futuro autor integral revelará que tiene varios ases bajo la manga y que sabe utilizarlos de acuerdo al estilo de la historia. Esto puede ser pura conjetura, pero quizás el futuro lapicista de los X-Men utilizaba la revista de Danny Rand (y quizás hasta los guiones de Claremont) como catapulta hacia otro título de mayor notoriedad. A lo largo de su etapa en la serie, Byrne es entintado por Frank Chiaramonte, quien se encarga de hacer un trabajo singular y muy en sintonía con el futuro entintador del dibujante en X-Men, Terry Austin.

 

Los lectores de hoy en día podrían estar acostumbrados a que una serie regular dure no más de 12 números, Iron Fist llegó a 15 enteramente escritos y dibujados por el mítico tándem. El personaje seguiría existiendo y viviendo aventuras junto a Luke Cage en las páginas de Power Man and Iron Fist. Los autores continuarían su camino, ahora con credenciales suficientes, para hacer historia en el emblemático equipo de mutantes y marcar un antes y un después en la historia de la industria americana.

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