OMAC: Tecnología para el pueblo

Durante el principio de los noventa, John Byrne se embarcaba en múltiples proyectos. Entre ellos el desembarco de la segunda serie mutante X-Men, un proyecto que abandonaría mientras el panorama en Marvel parecía desolador. En DC, el autor integral se dedicaría a renovar un concepto kirbyano, de esos que tantos aman y que pocos pudieron hincarle los dientes.

OMAC, siglas que refieren a One-Man Army Corps, es el soldado definitivo. Un proceso tecnológico administrado por Brother Eye que convierte al ciudadano común Buddy Blank, que vive en una sociedad industrializada alienante, en un increíble coloso patrocinado por la agencia de paz global que debe luchar contra las grandes cabezas manufactureras y monetarias.

Usando la premisa de Jack Kirby, Byrne construye una visión hacia el futuro en una miniserie de cuatro números en formato prestige. En el primer episodio, el centurión del futuro enfrenta a Mr. Big, el gran maestro detrás de los hilos, ya envejecido pero triunfante que se prepara para su muerte a manos de su némesis. La victoria no trae ninguna alegría ya que el efecto del villano sobre el mundo ha dado sus frutos, dejando solo un páramo desolado.

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Los episodios posteriores son totalmente diferentes al enfoque primario. El autor plantea un regreso al pasado con cierto aire a Days of Future Past: Buddy viaja a la década del ‘30 para detener la anomalía que terminará condenando la Tierra. El protagonista cae en plena depresión económica y auge del nazismo, sin contacto con Brother Eye y con amnesia, haciéndose partícipe de la masa laboral y social en otro tiempo de decadencia.

Aunque Byrne integra elementos clásicos de sus relatos y los pone al servicio de la poderosa narrativa kirbyana, hay vastas diferencias entre su trabajo y el de Kirby. El trabajo en blanco y negro es una de ellas, como también la narración subyugada ante el personaje que se convierte en relator de los hechos. Aun así, no deja nunca de homenajear al creador.

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El arte es increíble y nunca deja de ser pretencioso, cada pagina de acción deja sin aliento al lector. En el tercer número, un OMAC más acorde a los tiempos se adentra tras las líneas enemigas alemanas y asesina a sangre fría al dictador Adolf Hitler, homenajeando sarcásticamente a la historia corta de la Golden Age, How Superman would win the war?

Es interesante plantear el potencial subversivo de la obra en la que, a modo de conclusión, el bastón protagónico pasa de mano hacia la querida esposa de Buddy Blank, Molly. En un principio ella está a merced de esta nueva sociedad, víctima del poder empresarial y mafioso de Mr. Big siendo ella quien, malherida, asesina al tirano en defensa de su marido, convirtiéndose en un icono de la insurgencia contra los grandes poderes monopólicos. Aun así, el clímax se encuentra paradójicamente interpelado por las dificultades de corregir las líneas temporales y es aquí donde el relato final converge para otorgarle al pobre e indefenso protagonista humano una nueva chance para ser feliz, abandonar a OMAC y retornar, ya sin Brother Eye o villanos, a los Estados Unidos de 1928.

La miniserie es un gran homenaje a la travesía industrial visionaria de Kirby, además de un gran legado de Byrne y sin dudas un relato de pura ciencia ficción. Aquí el autor recobra sus pasiones por los viajes temporales de Doctor Who y su amor incondicional a la construcción de trasfondo. Una bocanada de aire fresco ante tanta pose y poca sustancia que los 90 habían masificado.

 

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