La acción de Mikiya Mochizuki

El fin de la década del 60 fue un punto de quiebre en la historia del manga en Japón. Luego de años de historias apuntadas a los más chicos con temáticas de aventura y comedia llegaría el momento de que los autores pongan énfasis en otra clase de géneros y argumentos un poco más serios y adultos. Es así cómo nacen obras como “Oda a Kirihito”, de Osamu Tezuka, “Skull Man”, de Shotaro Ishinomori, y pequeñas semillas del género gekiga comienzan a florecer en obras de autores consagrados en épocas previas. Es en este contexto que nace la montaña rusa llamada “Wild 7” del frenético Mikiya Mochizuki.

Los artistas primordiales del manga son reconocidos por el enorme volumen de su obra, pocos autores son considerados consagrados con solo tener una sola serie en su carrera. Mochizuki no es la excepción, con una cantidad de páginas dibujadas que podrían llenar un mar entero, el autor no se privó de ningún género para probar suerte y adaptar su narrativa a distintos contextos. Es así como cuenta con mangas de fútbol, guerra, buceo, espionaje, aventuras, lucha libre, samuráis, carreras de autos, policiales, y mucho más.

Pero la obra cumbre del mangaka es, sin dudas, Wild 7, un paseo infernal en moto con  policías, gansters, políticos corruptos y una narrativa única e inigualable. Publicada originalmente en las páginas de la revista Shônen King entre 1969 y 1979 y con una longitud de 48 volúmenes e incontables secuelas y reinterpretaciones, además de series animadas y una película live action. La historia principal se centra un conjunto de criminales que son reunidos por un ex-jefe de policía para formar Wild 7, un grupo parapolicial capaces de ejecutar a cualquier sospechoso criminal sin ningún tipo de barrera burocrática o legal.

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Más allá de las obvias críticas que la obra podría recibir hoy en día, la gran habilidad del autor residía en la minúscula narración de las escenas de acción. Como puede verse en la página anterior (leída de forma occidental, de izquierda a derecha), Mochizuki busca que cada acción tenga relevancia en la secuencia, por más pequeña que sea. Esta búsqueda no sólo le da al lector un mayor entendimiento del accionar de los personajes sino que refuerza el impacto que puede dar, en este caso, la viñeta final de la derecha.

Para poner otro ejemplo, en la siguiente secuencia se puede identificar cómo el artista sabe desperdigar estos pequeños momentos a lo largo de la página. Su objetivo es que estos momentos no opaquen a la potencia y fuerza de la imagen, en este caso el “duelo” entre moto y camión. Es por eso que en la página encuentra los lugares y tamaños perfectos para distribuir cada acción y momento para que la secuencia no pierda fuerza e impacto. Además de permitir una lectura clara, coherente y sin distracciones.

Esta distribución de “pequeños y grandes momentos” se asemeja muchísimo a lo que sería un storyboard de una película, ya que no hay acción que se pierda entre viñetas. Muchos dibujantes prefieren sugerir una acción o movimiento entre viñeta y viñeta, lo cual es más que correcto, pero Mochizuki detalla milimétricamente cada movimiento y leve cambio en la escena.

A continuación pondré dos ejemplos de páginas de acción en dos mangas distintos, uno contemporáneo y otro clásico para evidenciar las diferencias del autor en el planteo de cada página:

La primera página corresponde al hit del momento, Boku no Hero Academia de Kōhei Horikoshi y debe ser leída en sentido oriental (derecha a izquierda). Aquí vemos un desarrollo más conciso y donde casi todos los momentos tienen la misma jerarquía salvo por algunas excepciones. Con un dibujo mucho más dinámico y donde los movimientos se difuminan para crear sensación de velocidad, esta página podría ser la antítesis de la narrativa en Wild 7. Por otro lado, la segunda página pertenece a Dororo de Osamu Tezuka, obra contemporánea a Wild 7, y presenta ciertas similitudes con la puesta Mochizukista. Tezuka prioriza las consecuencias de la escena para dar vertiginosidad y velocidad a la secuencia, pero se olvida (adrede) de los movimientos del personaje principal. Mientras el autor de Astro Boy busca el impacto en la secuencia misma, el desarrollo de Mochizuki va en escala, detallando cada movimiento para brindar una gran consecuencia alimentada in crescendo por las viñetas previas.

Para ver un ejemplo más que fidedigno del punto anterior, sean testigos de la siguiente secuencia:

Al autor no le molesta “perder” páginas enteras en esos grand finales completamente desquiciados porque hacen aún más fructífera a la secuencia. Esta sucesión de pequeños momentos son capaces de crear un distintivo ritmo en la narrativa y esa es la gran virtud de Mikiya Mochizuki. Un autor muy infravalorado y de quien difícilmente podamos ver algo publicado en el futuro aún teniendo una cantidad de obra monstruosa y con una virtuosidad envidiable a la hora de pensar la acción.

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