Hell on Earth: El diablo entre nosotros

A principios de los ’80, DC Comics probó el mercado de la novela gráfica con una colección editada por Julius Swchartz llamada DC Science Fiction Graphic Novel, que no se limitaba solo a autores de ese género, sino que también abordaron la fantasía y el terror. Empezaron a lo grande: adaptando un antiguo relato pulp publicado en Weird Tales del maestro de terror Robert Bloch, autor de Psicosis, titulado Hell on Earth. De esta adaptación estaba a cargo un equipo muy peculiar: Robert Loren Fleming, Keith Giffen (ambos creadores de Lobo y Ambush Bug) en el guion y dibujo, tintas de Greg Theakston (célebre entintador de Jack Kirby) y colores de Bill Wray.

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Guy Roberts es un escritor de novelas de terror que no puede escribir hace semanas, hasta que un día alguien llama a su puerta con una oferta que no podrá rechazar: el profesor Phillips Keith del Instituto Rooclyn le ofrece 100 mil dólares para participar en un experimento científico donde se invocará a un demonio. Su experiencia como escritor y el escepticismo que profesa contra todo lo sobrenatural lo convierte en la persona ideal para dicha tarea. Roberts acepta de inmediato: está seco de ideas y, sin importar el resultado del experimento, tendrá una buena historia para contar.

En pleno ritual, la doctora Lily Ross es la carnada para atraer al demonio en un cuarto repleto de pentagramas y libros arcanos. Tras varios intentos fallidos, el ritual no funciona hasta que el profesor cae en la cuenta que la doctora Ross se equivocó de pergamino y en lugar de un demonio menor invocaron al mismo Diablo, al que Roberts encierra en una jaula de vidrio.

 

 

Dos ojos rojos centelleantes los observan, pero todos lo ven como una criatura distinta. Para algunos es una cabra negra, un elegante caballero vestido de rojo, o una serpiente… El diablo no tiene forma ya que nuestros pensamientos y temores son los que le brindan su existencia y aspecto físico. Al escaparse de su prisión, el Diablo irá poseyendo uno por uno a los protagonistas, hasta que Roberts encuentra una manera de convencerlo de que no existe, que es una invención suya cuya existencia esta dada únicamente por la imaginación de los mortales.

Escrita como un relato policial negro, esta adaptación de Hell on Earth es de los mejores exponentes de la narrativa y composición de Giffen: una grilla de 16 cuadros por página que le permite no solo lucirse con los zooms a los rostros de los protagonistas sino también que cada cuadro termine siendo un fragmento de una imagen más grande, además de contribuir a representar la claustrofobia que envuelve al protagonista.

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Conforme avanza la historia, el dibujo de Giffen va volviéndose más estilizado, convirtiendo al diablo y sus hordas en entes abstractos más allá de la imaginación humana. Párrafo aparte merece el color expresionista de Bill Wray que logra realzar aún más el clima de los dibujos de Giffen, con estallidos de rojos y naranjas que le dan una impronta particular muy plástica y personal para lo que era el color en ese entonces.

Hell on Earth es una obra de culto poco difundida entre los fans del terror y los seguidores de la carrera de Giffen. Nunca se editó en castellano, pero se puede conseguir en Internet a un precio para nada exorbitante.

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