Hot L.A.: El clamor social

La obra de Horacio Altuna es muy diversa, por lo tanto el autor se ha sumergido en un sin fin de géneros y nunca ha tenido ningún resquemor por temáticas polémicas. En Hot L.A., el historietista argentino suma su perspectiva social en puro blanco y negro.

 El origen de la historia inicia con los disturbios ocurridos luego de que un jurado declare inocente a un grupo de policías de Los Ángeles que golpearon brutalmente al automovilista Rodney King. Esto inició lentamente un infame estallido social que culminó con dicho fallo judicial, funcionando como el detonante del barril de pólvora que era la ciudad.

En el primer relato, Altuna presenta a dos jóvenes que durante un largo trecho discuten sobre asaltar un negocio. A lo largo de esta caminata, ambos se disponen a analizar su biografía, la historia de sus padres y el contexto que los fuerza a desear objetos materiales que no podrían tener. Este ejercicio de imaginación sociológica pone en contraste la vida de los barrios bajos y el accionar de una juventud apática e indiferente ante la crisis de valores.

Cuando ambos jóvenes están en el negocio amenazando a punta de pistola al dueño, la policía llega al lugar y el responsable de la tienda aprovecha la distracción para acribillar a uno de ellos. El oficial es testigo del hecho, pero ya es tarde, los vecinos del barrio también lo ven y amenazan con matar a los efectivos como así también al comerciante. Acto seguido, saquean el comercio y el joven sobreviviente puede ver en la multitud a su propio padre entre el tumulto.

En la siguiente historia el autor repite este uso de imaginación sociológica y la expande hacia la población latina como también blanca. El conflicto se centra en un hombre mayor de edad que se niega a dejar su bar en las manos de la población indignada que destruye vitrinas y desvalijan comercios. Aun cuando el comerciante postula su posición como propietario y su interés de defender lo suyo, este ciclo de apatía e indiferencia se acentúa, primero de él hacia el grupo y luego sus empleados y consumidores hacia él.

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El tercer relato se construye en base de la lucha de pandillas, los bloods y los crips. Pero también hace una reconstrucción de los valores, la historia y la sociedad de los protagonistas. Esto se da cuando padre e hijo buscan al menor de la familia, que se unió a un grupo de pandilleros a repartir venganza en medio de los disturbios, que significa romper la tregua entre estos dos grupos solo por un robo de estupefacientes.

En las páginas finales de la historia, el mayor se ve en una encrucijada en medio de la calle, mientras la policía se acerca para actuar contra los disturbios. Su progenitor agobiado por los sucesos se siente agobiado por el futuro, la juventud y la degradación del barrio. En ese instante, el niño debe decidir mientras la policía se concentra para romper el disturbio, queda en el imaginario del lector imaginar el final de la historia, si lucho contra las fuerzas de seguridad o contra la pandilla.  

Finalmente, el último tramo trata sobre el ciclo de violencia que se vivía en la ciudad. En este relato, el narrador hace una cronología, que termina en un derramamiento de sangre innecesario. La historia plantea como la conducta del “gatillo fácil” se propaga por la ciudad como la cólera. 

Hot L.A. nunca fue publicada en Estados Unidos, pero sí tuvo influencias en el país, la última historia que es recopilada por Norma sirvió de base para un cortometraje llamado Los Ángeles 1991, producido por el dúo Zac&Mac compuesto por Bruno Zacarías y Miguel de Olaso MacGregor, este último director para esta historia que muestra la violencia vivida por esos días.    

Altuna se consagra en una obra blanco y negro que logra mostrar su sensibilidad sobre las circunstancias sucedidas en 1992. Un cruento relato en cuatro partes que tiene un mismo sujeto: mostrar el caldo de cultivo que terminó implosionando en una ciudad donde la desigualdad social arremetió contra los más vulnerables, criminalizados y juzgados por una fuerza de seguridad racista y apática que logró sacar lo peor de las personas. La indiferencia, desigualdad y violencia es una constante, aún en la actualidad.

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