Night Business: El neón podrido de la noche

Hijo predilecto del cómic de los 90, con ese tótem de la independencia que es Image Comics a la cabeza, el canadiense Benjamin Marra hizo propia la temática más recordada de aquellas publicaciones: la violencia exacerbada. Este estudiante de David Mazzucchelli debutó en 2008 bajo su propio sello editorial, Traditional Comics (donde imprimía sus propios cómics a blanco y negro a muy bajo precio), con un exploitation hiperbólico de todos los lugares comunes del cine hoy considerado ochentoso, actualmente reeditado por Fantagraphics.

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Una figura enmascarada está asesinando strippers por la ciudad, un leitmotiv que se ve a lo largo de la historia. Esto es algo que preocupa bastante a Johnny Timothy, agente de varias bailarinas exóticas, al ver como falla su deber como protector de las chicas. Su socio Steve le avisa del asesinato de Jazzie, la primera mujer que vemos morir, que llama la atención de un detective, quien fracasó en investigar el asesinato de Angela, la mujer del socio, en una situación similar. Johnny por su lado, elige impartir justicia con sus manos.

Las tramas se entrecruzan a lo largo de la historia, con guerras entre cafishos y agentes, mientras varias mujeres siguen siendo asesinadas, exceptuando a la joven Casty, quien queda severamente dañada, pero logra sobrevivir y decide tomar el manto de justiciera, andando en una moto robada y un casco que protege su identidad. La escalada mayor de la obra es cuando se revela que el asesino enmascarado no es uno, sino varias personas, que son parte de una secta satánica que controla la ciudad desde las más altas esferas.

 

 

A partir de una historia básica de venganza, el desarrollo solo escala hacia arriba y sin ninguna clase de techo en cuanto a acción se refiere. Todo lo que tiene que explotar, lo hará en grandes splash, todos los puños y patadas se darán de manera ininterrumpida, y las situaciones de extremismo puro, se ven a cada hojeada rápida que se le de al cómic. Pero es ahí donde reside lo fantástico de la obra: no teme a ser una ridiculez (esto dicho con los ojos ubicados y anclados en el Siglo XXI) que rinde homenaje o parodia a cualquier película editada por la Cannon Films, es completamente autoconsciente de esto, y se sabe al ver el resto del grueso de la obra de Marra.

Haciendo hincapié en la crianza artística de Marra, son las diferencias estéticas entre él y sus próceres lo más llamativo. No se parece a ninguno de los dibujantes que tan en boga estaban en esos años (Todd McFarlane, Jim Lee, Rob Liefeld), no hay rastros de amerimanga, sino un diseño estilizado con expresiones rústicas. El dibujo es sucio, cuasi escatológico, porque es lo que requiere una clase de guión como el de Night Business y el resto de su obra. Como dibujante, Marra se define como alguien que está del lado Ramones o The Stooges, las reacciones sonoras frente a una música más indulgente, y seguramente sea lo más acertado que se puede decir sobre el dibujante.

 

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