Batman según Alan Grant y Norm Breyfogle

Se terminaban los ’80. La Crisis (on Infinite Earhts) remoldeaba el universo de DC Cómics, alcanzando el de Batman y tornándolo más nocturno y oscuro. Frank Miller recontaba su origen con Year One y su final con The Dark Knight Returns, mientras que Alan Moore y Jim Starlin destruían la bat-family, con la parálisis de Batgirl en The Killing Joke en el primer caso, y la muerte de Jason Todd, el polémico Robin, en A death in the family, a manos del segundo. A su vez, en 1989, el debut cinematográfico del personaje por Tim Burton traería una nueva forma de verlo en la cultura pop, dejando atrás la carismática y caricaturesca versión que Adam West había fundado durante los años ’60.

Por Guido Villanueva.

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En este contexto, se vio el surgimiento de uno de los equipos creativos más importantes y duraderos que tuvo Batman: Alan “la bruja” Grant y Norm Breyfogle. Con su primer trabajo en el Detective Comics #583, publicado en 1988, ambos lograron una consolidación implacable, que les permitió pasar a ser los creadores indiscutidos para los números de Batman (#455 al #466; #470 al #476), y que concluirían en los primeros issues de Shadow of the Bat (#1 al #5), en 1992. También significaron, para quienes somos hijos de los ’90 en Argentina -incluyendo a quienes vivieron la plenitud y los resabios de la Generación Perfil-, uno de los más notables acercamientos al personaje, junto a Batman: The Animated Series.

Originalmente un trío que incluía también a John Wagner al momento de relatar las tramas, Grant y Breyfogle fueron quienes, desde Detective Comics, resumían de forma perfecta y equilibrada esta época del personaje. Siguiendo quizás una linealidad renovada a lo que era Jim Aparo junto a Starlin, esta nueva dupla supo tomar la esencia del personaje y llevarla a historias dinámicas, cargadas de acción y el misterio exacto que un cómic de Batman debe tener.

 

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Desde sus relatos con el héroe en solitario a los primeros pasos a Tim Drake como el tercer Robin, la fuerza y el enigma corrían en guiones que cargaban de valores las historias de Batman y su diégesis. Del romanticismo al terror, Grant lograba construir personajes sólidos que respondían a la época, tanto por fuera como dentro de los cómics. En su visión de Gotham, las calles se inundaban de chicos con problemas de adicción, mafia y locura desde el último piso del edificio más alto hasta la alcantarilla más profunda y sucia de la ciudad. Las revistas se convertían en un thriller de 24 páginas, muchas veces con arcos de tres a cuatro números, donde Batman quedaba sometido a peligros macabros, sobrenaturales y enfermos que podían correr por la ciudad.

Por su lado, es quizás Norm Breyfogle quién, desde su dibujo, dejó un sello-marca indiscutible en los cómics. Con una fuerte influencia y fidelidad al estilo de Neal Adams y Jim Aparo, Breyfogle llevó las cosas a un nuevo nivel con una estética gótica, cercana a las películas de Burton: la lluvia, edificios con gárgolas y callejones estrechos son parte de impronta. Además, el dinamismo que desplegaba en las páginas -que incluye juegos con los movimientos de los personajes, superposición de imágenes y ruptura de los cuadros-, le brindaban a la lectura un ritmo único. La construcción dinámica de Batman, a partir de su capa o su lugar en las sombras, mostraban al héroe de una manera que hasta ese momento era difícil de encontrar, y lo encaminaron a convertirse en una de las versiones definitivas del personaje.

Algo muy llamativo a rescatar de este artista, eran las portadas que Breyfogle desarrollaba. Tan inigualable como distintivo de la época:

 

 

Uno de los mayores fuertes que tuvo esta dupla es la ampliación de la rogue gallery que tuvo Batman durante el tiempo que duró la dupla. Estos personajes, muchos de clase B, solían ser figuras cutres y turbias, que formaban parte de aquellas historias más góticas y callejeras. De los más conocidos, es Ventriloquist: un criminal viejo y al parecer bueno e inocente, controlado por el muñeco Scarface, que él mismo maneja y donde deposita toda su oscuridad interior.

 

 

Otra sus primeras creaciones fue The Ratcatcher, un ser que vive en las alcantarillas de Gotham y maneja todas las ratas de la ciudad. Durante los ’90, otro de los más reconocidos fue Anarky, un justiciero y antihéroe que, al estilo V for Vendetta, buscaba hacerle frente al caballero de la noche en su lucha contra el crimen. Con el tiempo sería uno, ocupando un rol secundario casi a la par al que tuvo Azrael. Luego llegarían Corrosive Man, Amygdala y Mr. Zsasz, que muy probablemente recobró su fama a partir de la serie Gotham.

 

 

Sin embargo, una de las creaciones más extrañas es Cornelius Stirk: un ser deformado y caníbal que se alimentaba del miedo de la gente, y que a partir de ilusiones, podía convertirse en figuras carismáticas como Jesús o Lincoln para atrapar a sus víctimas. Nuevamente, personajes así dejan el uso de la repugnancia manejada por la dupla.

Sin duda, un equipo que marcó una época dorada en las páginas de Batman, un antes y un después para lo que se realizaría durante los años ’90 y principios del ’00. Indispensables para recordar una parte importante en estos 1000 números de Detective Comics.

Guido Villanueva (@Guid0Villanueva en Twitter) es generación ’94. Estudiante de Comunicación en UBA. Habla de cine y series en Hypeados Podcast, escribe para Cinescondite y El Lado G. Su Robin favorito es Tim Drake. Agradecemos su colaboración en Nueve Paneles.

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