Batman según Dennis O’Neil y Dick Giordano

Uno de los sitios más reconocibles de la mitología del Caballero Oscuro es el Crime alley, que antaño le pertenecía a la más alta alcurnia de Gotham City, hasta que el paso del tiempo logró destruir esos sueños para convertirlo en una zona de alto riesgo. Zona donde, una noche, Martha y Thomas Wayne paseaban para encontrarse con sus destinos finales. Esa noche murió el pequeño Bruce y nació Batman. Esta breve historia del año 1976, aparecida en el título donde Batman haría su debut, nos arroja más luz sobre la noche más oscura de Gotham.RCO001

Bruce abandona su penthouse para dirigirse al Crime alley, algo que, según sabemos por lo que piensa Alfred, Batman hace “en este día cada año”. Durante su estadía nocturna en esa parte de la ciudad, Batman detiene pequeños atracos mientras busca a Leslie Thompkins.

Finalmente se encuentra con Leslie, quién estaba siendo asaltada por dos jóvenes, hasta la irrupción de Batman. Sobre el final, descubrimos que Batman se dirige cada año en “ese día” al callejón para verla.

 

 

No hope in Crime Alley, tal es el nombre del número, tal vez sea una de las historias más complejas dentro de la Bronze Age, una época bastante significante para el hombre murciélago. Curiosa e incluso irónicamente, los títulos de Batman no gozaban de buena salud durante la Silver Age; se creía que el impulso de la serie televisiva con Adam West serviría de algo, pero el público no reaccionó de buena manera a lo naif y ridículas que eran no sólo los capítulos de televisión, sino los cómics en sí.

Batman sufrió bastante el controversial Comic Code of Authority, sacándolo del terreno de mafias y atracos hasta llevarlo a una zona casi surrealista, donde viajaría a otras dimensiones, al espacio y hasta tendría su propia Bat-Family, perro incluído. No sería hasta la llegada de Dennis O’Neil (Guionista de esta historia) y Neal Adams, dupla que llevó la bati-década del ’70 de manera completamente opuesta a lo que los lectores veían desde los años ’50.

¿Pero qué tiene de especial esta historia de doce páginas? No solo es la primera aparición de Leslie, sino lo que trae este personaje detrás de ella: fue ella quien acogió al niño Bruce la noche que sus padres fueron asesinados. Sin embargo eso no es lo más importante de su buena acción.

 

De entrada, lo primero que vemos es un Batman desaforado, quién de mala manera le pide a Alfred no ser interrumpido mientras sale. Actúa de manera “medida” contra los atracos que va deteniendo, hasta que llega a los chicos que intentaban robarle a Leslie. Ahí vemos un Batman primal, salvaje, sobre todo cuando le apuntan con un arma, justo ahí, en ese mismo lugar donde ya fue apuntado, a costa de la vida de sus padres.

¿Será acaso Leslie una voz de la razón para Bruce y su imposible lucha contra el mal? Batman se justifica ante ella cuando le reprocha su accionar de mano dura contra los ladrones. Y llegamos al clímax de la historia, un momento enternecedor donde, por su lado, Leslie le pregunta por qué la visita una vez al año. Él reconoce que está en respeto al lugar donde fue su principio y probable fin (una frase muy asociada con el personaje). Y al querer saber por qué ella sigue viviendo, descubre que Leslie presenció el asesinato de dos personas que dejaban atrás a un huérfano desamparado; y su misión en el barrio es impedir que vuelva a ocurrir lo mismo.

Las luchas de Batman y Leslie son exactamente las mismas, pero con métodos distintos. El eterno vigilante contra el ángel de la guarda; combatir fuego con fuego contra una señal de esperanza en Park Row. Pero Batman parece quedar con una última lección: la civilización no está perdida mientras exista gente como ella. Leslie pide por un tiempo donde la acción de héroes y vigilantes no sea más necesaria, algo que podría o no, ser un anhelo de Bruce. Dejar el manto para disfrutar de una panacea que nunca llegará. ¿Podrá él descansar y dejar que las riendas las tome alguien como Leslie Thompkins? La respuesta es tan triste y amarga que lo mejor sería no decirla.

No se puede cerrar la nota sin mencionar a Dick Giordano, clásico entintador de Adams en la época que dibujaba para O’Neil, acá encargado de los lápices. Giordano y Adams, dos nombres bastante meritorios para los años venideros del murciélago; no solo por el cambio de actitud que le dieron al personaje terminada la Silver Age, sino por darle un New Look que perdurará con el correr de los tiempos, como el trabajo histórico que O’Neil haría. Un Batman duro para tiempos duros.

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