The Sensational She-Hulk: Empoderamiento radioactivo

El nivel de producción que tenía Marvel Comics en la década del 70 fue tan apabullante, que generó una cantidad de personajes que en la jerga futbolera de este país, podemos catalogar como de la B. Apoyados por una variedad de revistas antológicas, el bullpen no dejaba nada por probar: personajes que hoy siguen siendo recordados, algunos que nacieron y murieron de manera breve, y otros que, pasando por momentos de ignorancia e incluso ilegibilidad, tuvieron un rescate tiempo después, como es el caso de She-Hulk.

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El primer récord de She-Hulk, es el de haber sido el último personaje creado por Stan Lee hasta ese entonces, por la necesidad de explotar el éxito de The Bionic Woman, otro rip-off femenino de una serie con éxito, tal como le pasaba a Bruce Banner en la pantalla chica. Sin embargo, la serie de The Savage She-Hulk solo duró unos lastimosos 25 números poco recordados y recomendables. Tras varias apariciones en Avengers, fue el artista integral John Byrne en sentir un interés por el personaje, al punto de incluirla en su exitoso título de aquel entonces, Fantastic Four. El siguiente salto, era su propia (y nueva) posibilidad de brillar, esta vez en la prestigiosa línea de Marvel Graphic Novel.

Las altas esferas de S.H.I.E.L.D. le piden a Nick Fury que detenga a She-Hulk, por el alto riesgo que supone que alguien relacionado a la personalidad salvaje de Banner esté activa como miembro de los Fantastic Four. Sin embargo, tras su negativa de participar en semejante acto de traición (Dándole un voto de confianza a Mr. Fantastic por confiar en ella), se genera una trama de conspiraciones internas, donde la detención de Jennifer Walters se convierte en una cuestión de estado, aunque curiosamente, S.H.I.E.L.D. dando muestra de su poderío, se pasa por encima dichas cuestiones.

 

 

 

La detención de She-Hulk es completamente arbitraria e ilegal, y es sometida a humillantes y denigrantes experimentos para comprender qué es, y de paso someter a ciertas personas que pudieran considerarse inferiores. Sin embargo, mientras parte de la misión es escapar del impenetrable Helicarrier, en el medio de la acción resurge una silenciosa amenaza.

Si bien el enemigo no es esencialmente S.H.I.E.L.D. y de hecho la aparición de la segunda amenaza es la que hace complicar lo que ocurre en la imponente nave, lo que sí importa a lo largo de la historia es el poder represivo de un servicio de inteligencia a un ciudadano norteamericano, en este caso una minoría femenina. Obviamente estamos hablando de una superheroína con grandes habilidades y cuyo dibujo muy sexualizado (Estamos frente a un John Byrne destilando niveles altísimos de virtuosismo, acompañados por una paleta de colores magnífica de Petra Scotese) y hasta atlético no la pintan justamente, como una minoría. Pero si hay algo de sometimiento del hombre hacia la mujer.

 

 

 

Tal vez esta apreciación pueda ser vista desde la coyuntura que vive Argentina (y buena parte del mundo) en el Siglo XXI, pero es notorio e incómodo de ver el proceso de sometimiento a una mujer, solo por ser algo non-sancto; que en el caso de la historia es tener un parentesco con uno de los seres más peligrosos del universo Marvel, pero es la misma coyuntura que capaz, lo que nos revela es un subtexto más distinto. Probablemente, esta novela gráfica sea una de las publicaciones más progresistas de la editorial, cuya visión de la mujer (Compartida por hombres maduros) haya sido bastante maltratada hasta la llegada de estos tiempos.

 

 

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