Tokyo Metro Explorers: La claustrofobia de Katsuhiro Otomo

Más conocido por su ópera prima Akira, Katsuhiro Otomo es autor de varias historias cortas desperdigadas por distintas publicaciones en Japón. Quizás las más conocidas sean Domu y Fireball, las cuales sentaron las bases de lo que sería su manga y película más recordada. Pero previo a Kaneda y Tetsuo, Otomo experimentó con varios géneros y técnicas de narrativa que prepararon el camino para lo que vendría después. Aquí una interesante propuesta bien alejada de su conocido cyberpunk.

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Publicada en la antología de historietas perteneciente al sello Asahi Sonorama en 1980, la trama se centra en el Club de Periodismo de la Escuela Elemental de Meitai, integrado por Ozaki Shouhei, Yamanobe Jun e Imai Hirshi. Estos jóvenes se encuentran en la búsqueda de la misteriosa terminal subterránea perdida de Marunouchi, una estación de subte olvidada en el trazado de la ciudad de Tokyo. En esta aventura se les unirá Sasuke, el implacable hermano menor de Shouhei, e implementarán distintas estrategias de exploración para develar el misterio de la estación de Marunouchi.

 

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Katsuhiro Otomo descansa del thriller político y paramilitar para dar espacio a una breve historia protagonizada por un grupo de niños impulsados por el afán de develar un simple misterios. Con ingenio y viveza, el autor guía a los protagonistas en un periplo que refleja una sensibilidad que no suele verse en el mangaka devenido en director de animación. Si bien los niños suelen tener espacio en su obra, más conectados con su interior y su potencial al ser análogos de la nueva generación, esta historia vira más por el lado de la inocencia y el mero sentimiento de aventura.

Esta elección le da al artista un espacio más acotado a la hora de definir a sus personajes, pero aprovecha esta “flaqueza” para hacerlo a través de los diálogos y el lenguaje corporal. La elección de los personajes y contexto le brinda una mirada distinta a un tópico constante en el autor, la ciudad. En Akira, los edificios de Neo-Tokyo se erigen sin fin hacia el cielo y las luces de neón encandilan a los transeúntes, una mirada a futuro más oscura digna de la temática de la película/manga. En Tokyo Metro Explorers, si bien igual de alta, el lector se encuentra con una mirada más inocente, por sus protagonistas, pero con cierto elemento de misterio y secretismo gracias al objetivo de los niños. Algo similar debió haber experimentado Otomo al irse de su hogar en la Prefectura de Miyagi para embarcarse en el camino a su vocación en Tokyo.

Con esta premisa de base, el sensei da una magistral clase de narrativa y de cómo el guion puede influenciar al dibujo. Con esta aura de misticismo y secretos, el dibujante enfatiza los recovecos, los distintos pasajes de la ciudad y los oscuros pasillos subterráneos. Los ángulos, las viñetas individuales y los planos cortos dan una cierta claustrofobia para simular el entorno en donde se mueven los personajes. Además, al ser una historia más inocente se le puede notar un poco más suelto y caricaturesco al maestro en sus expresiones y reacciones, sobre todo por la libertad que significa trabajar con protagonistas chicos.

Tokyo Metro Explorers no es un Katsuhiro Otomo completamente distinto, simplemente en una etapa intermedia entre Fireball y Domu, en un contexto ajeno, cimentando su estilo y preparando el camino para su magnum opus.

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