El favorito según Gonzalo Solanot

Recomendar una obra clásica y de gran repercusión a nivel mundial parece ser el más común de los lugares comunes. Pero es que este manantial, del cual bebieron incontables artistas tanto orientales como occidentales, tiene tantas riquezas que es imposible no sentirse cuanto menos atraído. Así es como descubrí a Ogami y Daigoro Itto. Así descubrí al dúo conformado por Kazuo Koike y Goseki Kojima.

 

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En la década de los 60′ y principios de los 70′ Japón estaba al borde del colapso social. Si bien la ocupación norteamericana de la posguerra había concluido, Japón seguía siendo un peón económico de los intereses estadounidenses. Estudiantes universitarios veían la mano americana que guiaba el meteórico crecimiento económico y a un gobierno conservador dócil frente a los intereses foráneos. El llamado “movimiento Zenkyōtō” protestó en contra del gobierno, la Guerra de Vietnam y el tratado de Seguridad entre Japón y Estados Unidos. Una fuerte represión por parte del Gobierno y la sociedad fue lo que llevó a acallar las actividades del movimiento, pero sus acciones repercutirían en la cultura japonesa tiempo después. Inspirados por los estudiantes, varios escritores, directores y mangakas llevaron a cabo obras que continuarían con ese espíritu rebelde de los estudiantes.

Aquí entran Ogami y Daigoro Itto, asesino e hijo a sueldo, como dice su estandarte. Ambos emprenden un camino de venganza contra el clan Yagyu, responsables de una conspiración que acabó con Azami, mujer de Ogami y madre de Daigoro, y el honor del clan Itto, quitándole su estatus como ejecutores del Shogun. Padre e hijo recorren el Japón feudal del siglo XVI tomando encargos de asesinatos que lo llevarán más cerca de su objetivo, caminando por lo que el asesino denomina como Meifumadō, el camino hacia el Infierno. Una rebelión de sangre, matanza y cadáveres que busca la redención de su honor perdido a causa de una estrategia política.

En cada aventura que atraviesa el dúo existe un oasis de información enciclopédica acerca de la historia, las costumbres y tradiciones del Japón medieval. Este es uno de los ganchos de los autores que compra a cualquiera interesado en esa famosa época del país luego de la guerra civil y en camino a la modernidad. Cada dato sobre un pueblo, ciudad, la vestimenta, el armamento, un tipo de construcción o las clases sociales está minuciosamente investigado y sirve como elemento para construir la trama de cada capítulo. No es un simple tour por el Japón medieval sino que es un estudio de aquella sociedad y una suerte de crítica a esa tradición, siempre bajo la estoica visión del espadachín Ogami y la inocente pero decisiva figura de su hijo.

Y es que esta dupla es el corazón de esta serie. Koike, un gran arquitecto de tramas e historias longevas, sabe la lógica de la narración fragmentada para lograr el interés del lector a largo plazo. La figura de Ogami Itto es imponente y parece no haber nada que lo derrote, pero es en el lazo con su hijo donde reside su verdadera fuerza, el Seikan. Si el protagonista es imbatible, no hay tensión en la historia. Sin embargo, al poner un elemento vulnerable, Daigoro, se mantiene el interés en el lector. Pero esa es la trampa maestra del autor, ya que padre e hijo están alineados en su deseo de venganza, Daigoro seguirá al pie de la letra la voluntad de su padre, aún si significa su muerte, ya que confía en que será una parte del Meifumadō. Así, el lector siempre vela por la seguridad del niño y se termina maravillando como ambos salen triunfantes de los periplos.

Pero la verdadera dupla imbatible son nada más y nada menos que Kazuo Koike y Goseki Kojima. De esos tándems que parecen nunca errar y congeniar excelentes obras del arte secuencial en distintos géneros como El Hombre Sediento, Ha Llegado la Primavera, El Carterista y un largo etcétera. Koike se encarga de crear personajes tan trágicos como apasionantes, que a simple vista pueden confundirse por sus semejanzas pero que guardan historias, rencores, tragedias y giros que les dan vida propia. Un precursor de la figura del guionista en Japón, el recientemente fallecido Koike despacha una enorme cantidad de historias imprescindibles para conocer a estos personajes y su contexto.

Por el apartado gráfico, Goseki Kojima realiza un trabajo magistral en las puestas de páginas, economía de la narrativa y los recursos en las viñetas. Uno de los dibujantes más importantes del gekiga, que inspiró a genios como Sanpei Shirato o Frank Miller, se despacha dibujando todos los detalles del guion con una proeza cinematográfica increíble. Resulta una desgracia que no se valore más el trabajo artístico de Kojima a nivel mundial. Si bien es cierto que la editorial española ECC ha rescatado valiosas obras del dúo, aún queda mucho por descubrir del artista en su etapa como dibujante para mangas de alquiler (kashi-bon) y la legendaria revista Garou.

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Como dije antes, Lone Wolf and Cub es un manantial. No sólo de historia japonesa, tanto medieval como de la época, sino de desarrollo de personajes, tramas, guiones, ideas de narrativa, autores, dibujo, puesta en página y mucho más. Es cierto que el manga goza de cierto favoritismo de mi parte en 9 Paneles, pero si se deja el sentimiento de lado aún queda en esta obra una enorme cantidad de material para descubrir. Y creo que de eso se trata un poco el favoritismo, una obra que te habla desde lo personal pero que funciona como puerta a nuevos conocimientos, autores y mundos.

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