Memorabilia: Master of Kung-Fu #121

Durante los principios de la década de los ochenta la fiebre por el kung-fu y Bruce Lee estaba llegando a su fin. Marvel, editorial que había sabido capitalizar la Bruceploitation con la creación de Shang-Chi, decidía que ya era hora de cerrar de una vez su título Master of Kung-Fu. Con el ocaso cada vez más cerca, los equipos creativos iban rotando y creando historias unitarias para darle una silenciosa despedida a la revista. Es así como llega un joven de 22 años para dibujar uno de sus últimos números. Nada más y nada menos que David Mazzucchelli.

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En el número 121 de la revista, con guión de Steven Grant, se presenta una clásica trama de espionaje, femme fatales, traiciones y espías con agendas propias. Nada fuera de lo común para Shang-Chi, incluso sin apariciones de personajes viejos o regresos de tramas inconclusas. Una simple aventura por códigos de detonación que lo llevará a enfrentarse a espías de distintos rincones del mundo.

Al ser el primer trabajo profesional y acreditado de Mazzucchelli en Marvel, es obvio que no se verán las implacables páginas de obras como Batman: Year OneDaredevil: Born Again. Pero sí se pueden identificar coqueteos con la lógica narrativa que luego derramará en esos futuros trabajos. Las influencias de artistas como Bernie Krigstein y Will Eisner son evidentes en estas páginas y ya uno puede imaginarse a Frank Miller, quien aún trabajaba en Marvel, volteando las páginas y deseoso por trabajar con este dibujante.

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La línea clara, tanto en la vestimenta de los agentes como en sus rostros, expresiones y en el lenguaje corporal se encuentra muy firme como insignia del artista. Pero, naturalmente, sus técnicas aún no tienen el nivel que poseerán en obras posteriores. Planos y encuadres de esta historieta son apenas una pequeña pizca de los excelentes dotes como narrador que desplegará, en todo su esplendor, en Batman y Daredevil. Incluso con el entintado de Vince Colletta, un colaborador bastante criticado por sus decisiones sobre trabajos de otros, la realidad es que la personalidad de Mazzucchelli se mantiene en los trazos de las páginas.

El guión de Grant es correcto, tampoco hay demasiado espacio para gran profundidad, menos aún con las tramas de conspiración y espionaje clásicas de la revista. Incluso con giros clásicos y esperables de una trama de espionaje clásica de la época, si la revista la dibujara cualquiera ni valdría mucho la pena. El número es una excusa perfecta y amigable para ver la génesis profesional de un dibujante importantísimo para el medio y cómo evolucionarán a lo largo del tiempo las técnicas empleadas.

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