Dossier – Superman: El mejor de nosotros

Es el primero y el mejor. Fue el inicio de todo, y estoy seguro que estará ahí en el final. Siempre estuvo y siempre va a estar. Jerry Siegel y Joe Shuster, a quienes la historia tanto les debe y nunca podrá pagarles, crearon no solo al primer y más grande superhéroe de la historia, sino a un ícono moderno, un mito contemporáneo. Cuesta imaginarse un mundo sin él, y es tan fácil hacerlo en uno sin nosotros. Al fin y al cabo, él nos va a sobrevivir como todos los grandes mitos. Sin embargo, pocos han sido los autores que lo han entendido en profundidad y han sabido plasmarlo en historias brillantes.

Por Ezequiel Saccon.

 

El primero fue su creador, Jerry Siegel, quien escribió historias maravillosas entre el debut del personaje en 1938 y hasta que fue despedido por la empresa en 1947 (el dinámico y estilizado dibujo de Shuster y sus numerosos asistentes también contribuiría a su popularidad). Volvería, para fortuna de los fans, durante un breve período a finales de los cincuenta y principios del sesenta. Sería entonces el ilustre Denny O´Neil quien renovara por primera vez al personaje en la siguiente década, junto a los veteranos Curt Swan y Murphy Anderson, en una seguidilla de interesantes números y con las increíbles portadas del gran Neal Adams.

Llegarían luego Marv Wolfman, quien junto al maestro Gil Kane, daría un soplo de aire fresco al personaje y su mundo allá por los primeros ochenta. Posteriormente, Alan Moore brindó su talento en tres maravillosas oportunidades al servicio de nuestro héroe. Sin duda, especial relevancia para aquellos últimos números de las series del personaje que Moore escribiera en 1986 para dar término a décadas de confusa continuidad. Décadas de historias de las cuales el prestigioso John Byrne se valió para relanzar al hombre del mañana tras Crisis on Infinite Earths.

 

Byrne, junto con el propio Wolfman y Jerry Ordway, nos demostraron que el personaje estaba tan vivo en ese momento como cuando en su creación, solo había que creer en él. Luego llegaron Roger Stern, George Pérez, Dan Jurgens y con él la muerte y resurrección de nuestro héroe. Cual figura mesiánica, murió por nosotros y volvió a la vida. Faltaba una boda y una carta de amor.

Serían Jeph Loeb y Tim Sale los encargados de plasmar en el papel lo que muchos sentimos por el hombre de acero con la miniserie For All Seasons. El personaje evoluciona, al igual que nosotros, la sociedad y la tecnología. El siglo XXI estaba a la vuelta de la esquina, y Superman ya estaba ahí, a punto de lanzarse a volar.

Un autor que personalmente aprecio mucho, Mark Waid, a mediados de los noventa escribió Kingdom Come, donde Superman toma el protagonismo del relato y lo eleva a lo más alto. Además, se encontró escribiendo una nueva versión de su origen en el 2003: Superman Birthright, demostrando que no todo está dicho, y que siempre hay algo nuevo que aportar a la mitología del kriptoniano y con ello poder sorprender a los lectores.

 

Luego de años de incertidumbres tendría lugar la llegada de dos autores que marcarían a fuego el futuro del personaje: Geoff Johns y Gary Frank. Ya sea en la serie regular del superhéroe o releyendo una vez más en clave de Silver Age modernizada sus orígenes, fueron estos artistas quienes nos dejaron la imagen más reconocible del personaje dentro del universo DC de los últimos años.

Pero si hay una versión que traspasa fronteras, modas y épocas, ésta sin duda alguna sería la del guionista Grant Morrison y el dibujante Frank Quitely. Ambos se encargaron de esa obra maestra (tal vez el mejor cómic de superhéroes del siglo XXI, al menos para quien escribe) que fue All Star Superman, 12 números de nuestro héroe en estado puro. Pongámoslo así: si en el futuro Superman fuera considerado la religión oficial (y estoy seguro que así será), All Star sería la Biblia.

Y sería el propio Morrison el encargado de relanzar desde un nuevo número #1 la mítica Action Comics, por primera y última vez (de momento) en toda su historia. Y aquí nos encontramos, pleno año 2019, esperando el desenlace de esa polémica pieza que resultó ser Doomsday Clock de los citados Johns y Frank, donde aunque no lo parezca, nuestro héroe tendrá vital importancia sobre el final de la misma.

Más allá de eso (y debo decir, en materia del superhombre, en Johns aún confío) la imagen de Superman está grabada a fuego en el corazón y la mente de millones de personas en todo el mundo, antes y ahora, y siempre. El hombre de acero, el último hijo de Krypton. Si hubiera que resumir todo lo dicho en una única palabra, en boca de este humilde escriba, no podría ser otra que: Eterno.

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