¿Drácula, Dracul, Vlad? ¡Bah…!: Lo que hacemos en las sombras

Como un acto de justicia tardía, la editorial Hotel de las Ideas publica una de las obras inéditas en el país del maestro Alberto Breccia dentro del marco de su centenario. Originalmente serializado en la Comix Internacional de España durante el principio de los años ochenta, ¿Drácula, Dracul, Vlad? ¡Bah…! es uno de esos pocos momentos donde vemos al Viejo utilizando colores, generando un esplendor extra pocas veces visto en su arte.

DRACULA_tapa sola baja

Hay dos cosas que sobresalen de esta obra. Por un lado, la tónica y el estilo del guion. Lejos de ser una adaptación fidedigna de la obra literaria de Bram Stoker, ¿Drácula, Dracul, Vlad? ¡Bah…! (A partir de ahora, Drácula a secas) son cinco unitarios donde la mayoría son historias más bien cómicas. Desde un enfrentamiento peyorativo con Superman, una visita al dentista que sale mal o incluso las consecuencias de atacar a Edgar Allan Poe, son las cosas que le ocurren al ícono del terror. Sin embargo, no todo es una cuestión jocosa dentro de la diégesis de Drácula.

La cuarta historia (Fui Leyenda) es una descarnada y excesivamente gráfica crítica al Proceso de Reorganización Nacional. Drácula pasea por las calles observando el horror total al cual fue sometido Argentina a finales de los 70. Todo está a la vista para el personaje y para nosotros: la represión, la alienación dentro de las villas miseria, las torturas con picanas a los civiles y la fiesta que vivían los pocos. El horror obviamente no le corresponde solo a los monstruos ficticios, es más: algunos monstruos son reales y ocupaban (y ocupan) los más altos cargos del Poder.

 

 

El otro dato más relevante es, sin dudas, un Breccia a color directo. Más acostumbrados a verlo en el más clásico blanco y negro, lo que vemos es un magnífico uso de colores, predominantemente una paleta de diversos azulados. Acá la palabra clave no es “modernismo”, como varias veces se refiere al dibujo del Viejo, sino “mutación”. Es un Alberto muy distinto del conocido en Mort Cinder o Sherlock Time, más lejos de ese estilo “clásico” y más cercano a algo nuevo que ya había iniciado en el Perramus de Juan Sasturain. Un Breccia siempre inconforme ante los movimientos artísticos, lo impulsó a innovar, a cambiar. Acá vemos un registro completamente expresionista, donde todo, desde el desarrollo hasta los movimientos gestuales, es completamente exagerado. Todo para acompañar una historia sin diálogos, empujada por completo por la narrativa visual.

Es para celebrar que Hotel de las Ideas arme una nueva colección denominada Regreso. Para el momento de su publicación en el marco de una crisis económica, la aparición de un libro de lujo, de tamaño más grande que el habitual de la editora, completamente a color y con un papel de ilustración de gran calidad, es un motivo de celebración absoluta. Al margen del necesario rescate de tantas obras producidas por artistas latinoamericanos que, por extraños designios de la historia, nunca fueron recopiladas (o incluso editadas) acá. Es momento de corregir ese error.

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