La línea clara de Ignacio Minaverry

Una de las sagas autóctonas más importantes de la última década comiquera, es la de Dora Bardavid, la buscadora de nazis ideada por Ignacio Minaverry. Desde hace más de 10 años, este personaje atravesó varios cambios personales, mientras giraba por el mundo tratando de resolver, como puede, los crímenes más atroces ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial. El autor charló con parte del staff de 9 Paneles sobre esto y más.

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¿Hay un desafío en hacer una historieta de espionaje, algo que tal vez no abunde dentro del formato?

En realidad no es tan de espionaje, cada tanto lo es, sobre todo en Rat-Line y en el último capítulo del cuarto [Amsel, Vogel, Hahn; Hotel de Las Ideas/La Maroma], que es lo más cercano a espionaje que va a haber. En realidad es también como un momento en que Dora se ve obligada a decidir sobre la marcha para la historia. Porque el resto de las historias, ella va llevando la trama pero de otra manera, siempre un poco más pasiva. La historia de Dora la empecé planteándome eso, “no habían muchas historietas de espionaje” y estaría bueno hacer una, y después bueno se fue convirtiendo en otras cosas.

¿Qué te lleva a pausar ese género para que se convierta en otro?

Las historias que se me van ocurriendo, en el segundo libro [El año próximo en Bobigny, La Editorial Común] dije “vamos a desarrollar más a los personajes” que los secundarios no se vuelvan insípidos. Y al tener cada personaje con su propia historia, cada uno te va llevando a un tipo de argumento diferente. Por ejemplo, ahora Geneviève en este último empieza a trabajar en una productora de cine Clase Z y entonces ya el próximo libro, (si me lo confirman en Francia que lo quieren) va a ser gran parte en Roma, porque ella se va a filmar a Cinecittà, y voy a meter un montón de cosas de cine. Y mientras Geneviève está trabajando, Dora está de vacaciones, ponele (risas). Quería también hacer una historia en la que Dora se tomara un descanso, que no estuviera tan tensionada todo el tiempo. Y por eso este último libro que hice es sobre el laburo de ella, abarca todo un año (el 64) en el que Dora se la pasa yendo y viniendo, buscando y entrevistando gente, entonces está lindo para hacer un contraste del cuarto con Dora rompiéndose el lomo y el quinto descansando. También estaba pensando que bueno, que ella se propusiera descansar, pero de pronto empezaran a aparecer cosas que la van llevando de nuevo a trabajar, porque es el tipo de personaje que es.

Es interesante como, la trama primordial es la historia de Dora pero cada libro aborda un tópico distinto. Cuando estabas creando la obra, ¿tenías esta idea de historieta “episódica”? ¿Qué otras cuestiones o personajes te gustaría explorar a futuro?

A partir del segundo tenia esa idea de empezar a hablar más de los personajes, y el tercero [Malenki Sukole, Hotel de las Ideas/La Maroma] es eso. Es el más redondo que me salió hasta ahora, porque conjuga bien el tema de la historia que quiero contar y el desarrollo de personajes. Es el desarrollo de un personaje que me había quedado medio relegado, Lotte, una secundaria no demasiado importante del primer capítulo [20.874], el cual encima es cortísimo. Y a mi me interesa y me divierte profundizar las historias a los personajes, e incluso personajes que aparezcan poquísimo como Camille, agarrar esos personajes y traerlos para adelante, es una cosa que me gusta mucho, no me gusta los “secundarios secundarios”.

Hay algo interesante en la rotación entre momentos de tensión y momentos alivianadores, por ejemplo en el segundo libro cuando ves como crecen los personajes.

También el tema de la tensión con la historieta de género es esa. Hay un tema muy interesante con los cazadores de nazis, los cazadores en serio son más parecidos a Beatrice Roubini que a Zvi, el espía israelí que aparece en Rat-Line. O sea, la ficción llevó a construir un personaje del cazador de nazis que es completamente irreal, y eso tiene mucho que ver con la Operación Garibaldi, el secuestro de Adolf Eichmann, que fue una operación individual que se hizo una única vez. Ninguna otra búsqueda de algún nazi fue así, de hecho, el MOSSAD, después de lograr el golpe de efecto de agarrarlo a Eichmann y juzgarlo, se dedicó a otras cosas. Había un libro que decía: los únicos nazis que están escondidos en alguna fortaleza de la Patagonia y que están temiendo que aparezca un cazador de nazis como Indiana Jones, son los de la ficción. En realidad, los cazadores de nazis eran gente que se ponían a revolver archivos, laburaban mucho y trataban de llevarlos a juicio. Después tenías casos más mediáticos y que eran fenomenales como los Klarsfeld (Beate y Serge) que casi como que inventaron el escrache, porque en un momento era muy difícil llevar los nazis a juicio. Los tipos iban y les hacían emboscadas, los filmaban y casi que los obligaban a confesar que eran nazis, se hacían pasar por periodistas y les hacían operaciones a los viejitos que se tapaban y salían corriendo. Pero quedaban en evidencia, y ese es otro tipo de cazador de nazis, pero también ellos se dedicaban bastante, aparte de hacer cosas así de efectos, como cuando Beate fue a Bolivia y se encadenó para protestar en contra de Klaus Barbie. Aparte de hacer eso, también llevaban a cabo acciones judiciales que terminaron encarcelando a algunos, pero siempre la vía más realista es la judicial. Entonces por un lado es divertido hacer el tema de la búsqueda de Mengele y eso, pero la realidad es que Mengele terminó libre y otros que no eran tan famosos y cuyas búsquedas no fueron tan mediáticas, terminaron presos. Entonces en un momento quise cambiar el foco de la cacería de nazis a algo más realista.

¿Cuánto hay de investigación para el desarrollo de la saga de Dora y cuánto hay de licencia poética? ¿A qué sentís que te ataste más y por qué?

En las que están más centradas en personajes, es casi toda licencia poética. Pero también es cierto que tampoco me resulta tan fácil que se me ocurra una historia desde cero, entonces me ayuda leer sobre distintas cosas y después a partir de eso, se me va ocurriendo la historia. Me pongo a leer sobre cosas que no sean tan conocidas de la segunda guerra o de los 60’, también para hacer historia que ponga el foco en cosas que no se saben tanto o que no se ha hecho tanta ficción. Por ejemplo, en el primer capítulo del cuarto libro que es sobre un ex-soldado que recuerda la guerra en Finlandia, que es un episodio de la guerra que nadie hizo una película, nadie le importa, y es un país que tuvo una política tal moralmente grisácea que es así, fascinante. Y eso salió en realidad por un encargo de un Centro Cultural Finlandés en Madrid pero me puse a ver qué hacer con la historia y encontré eso.  

La trama de Dora podría ser perfecta para una historieta más centrada en la acción, sin embargo tiene un approach más de investigación/espionaje/desarrollo de personajes. ¿Qué te llevó a tomar este camino? ¿Cómo maduró tu estilo para narrar este tipo de historias?

Para mi no es tan fácil hacer escenas de acción. Por ejemplo, la última parte del libro de Noelia [En el país de los Cosos, La Maromaque es toda la pelea de la guerrera contra el Tancredo de Aquisgrán, para el libro la hice toda de nuevo, porque me había salido mal, no me había salido fluido. Es muy difícil dibujar acción, es más fácil dibujar escenas de introspección, o incluso escenas oníricas o psicodélicas, pero acción es muy difícil. Vos ves después esos japoneses que dibujan unas cosas impresionantes de movimiento fluído, gente cagándose a tiros, aviones y robots peleando, samuráis y es muy difícil hacer eso, para mi por lo menos. Hay gente que estará mas criada con esa forma de dibujar. Incluso cuando anteriormente a Dora hice una historieta de la Segunda Guerra Mundial, también era muy introspectiva, de rescatar también todo el tiempo de espera que hay en las guerras antes de pelearse. Pero la verdad como fácil, me resulta mucho más fácil una historieta introspectiva que de acción.

¿Cómo llegas al cambio en el origen de un personaje, de una femme fatale del MOSSAD a una adolescente marroquí?

Fue más gradual, no tan de un día para el otro el cambio. Yo había hecho una historia de Dora que era en el 67, ahí era la espía del MOSSAD, que era la primera versión de Rat-Line, pero hice 16 páginas y la dejé. Después hice esta otra, que era en la guerra de los 6 días en el 67 y era otro personaje, no tenía nada que ver, y en realidad no tenía tanto detalle sobre la vida de ella, se dejaba llevar por la historia. Y después hice la del archivo, un par de años después, en donde dije “vamos para atrás” y después vamos a ir llegando al punto de la primer historieta, que no se por qué hice primero una que fuera en el 67. Pero la idea era ir haciendo las historias entre el 59 y el 67, pero no pasó, se fue para otro lado y ahí fue el cambio. El personaje solo empezó a cambiar e ir para otros lados.

¿Qué te llevó a ese cambio?

Pasa el tiempo y cambian tus ideas y lo que tenes ganas de hacer, y me pasa todo el tiempo en realidad. Al final, el personaje no se pudo encontrar con su contrapartida del año 67, sino que se fue para otro lado. Y la verdad que mejor, porque no era una Dora tan buena la del 67, ni tampoco me terminó gustando tanto esa historia, así que nunca va a salir. Por ahí haga otra versión de esa misma. Es el problema con el conflicto de medio-oriente, que es una cosa tan complicada que viene de tanto tiempo que es, no sé, me junté pilas y pilas de libros sobre el tema, me los leí todos y terminé con la cabeza explotada de medio oriente.

¿Cómo manejas el ritmo de la historia sabiendo que la obra tiene más diálogo que acción?  ¿Buscas mantener la atención del lector o preferís que la página esté al servicio de la trama que narras?

Yo no pienso tanto esas cosas. El primer momento en el que me obsesioné porque hubiera un suspenso, una tensión, es en el capítulo de Escocia del cuarto libro, que tiene toda la secuencia casi muda del final, y ahí me puse a ver qué podía hacer para que te agarrara hasta el final como lector. Pero por lo general no pienso tanto en eso, por ahí tendría que verlo más de esa manera, como pensando en qué cosas hay que hacer para agarrarte, soltarte, relajarte o tensionarte. Pero la verdad muchas veces no pienso en eso, pienso en que me quede bien el diálogo, el dibujo y que se entienda la narración, pero no pienso tanto en términos de cómo buscar esas tensiones. Es como medio orgánico, porque todo, la escritura del guion, yo me escribo los diálogos y a veces pienso la escena, a veces no, a veces lo dejo para hacer después y a veces va cambiando de alguna manera, y es como medio improvisado el tema.

A la hora de dibujar, ¿tu estilo se ve muy anclado por las referencias históricas o sentís que el rigor es un desafío para vos y que, finalmente, hace a la obra? 

Ya van cuatro libros [NdR: En realidad son cinco, el Dora 1 de Editorial Común incluye 20.874 y Rat-Line], y lo tengo tan incorporado el tema, además de que me gusta tanto la década del 60, la estética, los coches, la ropa, que lo tengo recontra incorporado. Entonces no me cuesta ponerme a dibujar esas cosas, aparte también me gusta buscar, por ejemplo, en las ciudades, me gusta encontrarle la identidad a cada ciudad, como los detalles que nada más existen ahí. Es lo que decía [Robert] Crumb de copiar los postes de luz, que un poste es una cosa tan específica y distinta en cada lugar, que no lo podes dibujar de memoria. Y a partir de eso dije claro, no solo los postes, hay que ver todo, y todos los detalles que existen en cada lugar, y así le trato de encontrar la identidad a cada lugar que aparece. Y después no me cuesta nada, me costaría más una historieta que situara en el ahora. Tengo la mente programada para dibujar cosas de los 60’ y de hecho, si te fijas, Noelia no tiene mucho anclaje histórico, porque es todo muy tierra de fantasía, mucho bosque, pero si te fijas las cosas que aparecen, por ejemplo un auto, no parece un Corsa, es un Renault 12, es lo que más me sale. Y ahora estoy empezando una historia de ciencia ficción que la estética no es smartphone, es un futuro como de los 70’.

Una suerte de retrofuturismo que iría bien con tu línea clara.

Sí, que aparte ni siquiera es un futurismo, porque muchas cosas que aparecen o van a aparecer de cosas futuristas, son cosas que existían en esa época. Lográs la paradoja de que una afeitadora de los 70’ parezca más del futuro que una de ahora, por ejemplo. Entonces es esa estética que quería buscar. Yo no quiero dibujar un celular nunca en mi vida, son cosas que no me gustan. No me gusta como son las cosas ahora. Entonces siempre me siento más cómodo dibujando cosas de antes. 

¿Cuáles son los desafíos que más recordas relacionando el dibujo con el rigor histórico?

Por toda esta cuestión que tengo de que me guste tanto dibujar las cosas y que tengo tan incorporado eso, hay muchas cosas que son inventadas. Pero vos las ves así y te parecen. Mucha gente que dice “que historieta casi documental” y no, muchas cosas están inventadas. Donde no encuentro fotos para dibujar algo, una calle, agarro una foto de ahora y le saco todas las cosas modernas y le agrego unas cositas que existían en esa época. Algunas cosas es como hacer el set-design de las películas. Y es un poco eso, también hay mucho lugar para poder inventar cosas.

¿Dora es una obra enteramente dibujada o hay mezcla de collage en los segmentos donde hay textos escritos a máquina? ¿Es una decisión más práctica o tiene un fin artístico? 

Los mapas no tanto, aunque es más en Rat-Line porque era hacer toda una narración del recorrido que hacen los personajes, y que los viajes se notaran que fueran pesados. Entonces te explica mucho todas las horas que dura cada viaje, para que no quedara como una cosa tan vertiginosa estilo Jason Bourne que llegan de un país al otro de una escena a otra. Igual lo podría haber hecho más pesado aún, porque yo no había viajado en avión todavía, podía haber hecho Dora pasando por migraciones y todo eso. Hubiese estado bueno, eran 100 páginas más de Dora en el aeropuerto (risas)

Igual, volviendo a la idea original de la pregunta, es algo que me encanta. Por ejemplo, rearmar los carnets de los nazi de las portadas de los capítulos del cuarto libro. Eso tuve que buscar en internet la imagen de mayor resolución que pudiera encontrar de cada carnet, quemar la imagen, borrarle todos los datos del nazi de verdad, rearmar un montón de cosas y avejentarlo de nuevo, es todo un proceso que es un quilombo pero me encanta. Es como relajante casi. Y después todo el tema de máquina de escribir. Yo tengo tres máquinas: una Olivetti Lettera que uso para los textos de Dora, una más vieja para los textos de Dora de antes, y una más moderna que no la usé mucho todavía. Todos los textos de máquina los escribo yo, los escaneo, los quemo porque siempre queda mejor que hacerlo usando la tipografía de pc de máquina de escribir. Y todo eso es para meter al lector dentro del universo de archivo y de documentos. O sea, eso se ve más que nada en el primer capítulo, pero después siempre vuelve a aparecer, y es una cosa que me gusta mucho y le da una identidad a Dora, y me gusta mucho como queda estéticamente, empezar a meter los archivos así, mezclarlo con el dibujo. En el 3 está más logrado eso, como de pronto Dora tiene una parte onírica casi que es como que queda metida dentro de un bibliorato. Es difícil de entender y no pensaba que se entendiera, pero está dentro de un bibliorato, es el mecanismo de adentro. Y lo que quería era que, si bien no ibas a entender seguramente de una, era que te dé una sensación de “¿qué está pasando acá?” y después ella sale del edificio y se da cuenta que Lotte no es Lotte. Toda esa secuencia del archivo me gusta mucho, y me gusta todo el tema de los archivos para lograr esa cosa claustrofóbica. Ese aire, es otra atmósfera, el primer capítulo ya por ahí tiene cosas que le cambiaría, pero la atmósfera del archivo me encanta. Y es algo que queda dentro de Dora en realidad, desde el momento en que encuentra datos sobre el padre, datos que ni siquiera la madre le quiso decir, es como que le queda adentro todo eso, más que una espía es una archivista. Y es una persona que tiene una obsesividad que no la ayuda a vivir pero sí a buscar y encontrar todo tipo de datos que la lleven a eventualmente agarrar a un nazi y meterlo preso. O sea, todo el tema de los archivos y lograr que sea lo más realista posible, algunos directamente encuentro unas fotos en buena definición de los archivos reales, las quemo y las uso. Pero hay otras cosas que están re-hechas, sobre todo fichas de personajes ficticios y esas cosas. Pero bueno, es todo tratar de lograr esa atmósfera y esa obsesión interior que tiene el personaje.

2 Comments on “La línea clara de Ignacio Minaverry

  1. La frase exacta es: “Los únicos nazis que tienen que vivir en secreto, temblando cada vez que una puerta se abre en la lejana Patagonia, son los que salen en las novelas de detectives.”

    La dijo Beate Klarsfeld, refiriéndose a Kurt Lischka y otros nazis que vivían en Alemania sin que nadie los molestara (citada en el libro “Cazadores de nazis” de Andrew Nagorski).

    Le gusta a 1 persona

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