The King Hell Heroica (Parte 1)

La eterna vigencia de los superhéores permite que el pasar de los años abra diversas ópticas sobre el tópico. Se han hecho innumerables análisis y deconstrucciones desde el polémico Seduction of the Innocent de Fredric Wertham hasta el Watchmen de Alan Moore. En el alba de la década más polémica para los cómics, Rick Veitch no solo dio su propia deconstrucción, sino que fue más allá y conquistó el terreno del metamensaje para no solo poner a la ficción bajo la lupa, sino a los verdaderos oprimidos de esta historia.

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The Maximortal fue publicado originalmente por Tundra y King Hell, el sello propio de Veitch en siete comic-books a color con un gran trabajo de Sam Parsons, aunque su posterior reedición en trade paperback deja la obra en un impecable blanco y negro y con un nuevo titulado, englobando la historia dentro de una épica: El King Hell Heroica, formado por esta serie y dos publicaciones previas, The One y Brat Pack.

Más que una miniserie, The Maximortal funciona como un Aleph personal para el otrora dibujante del Swamp Thing de Moore, donde son varias las historias unidas por un talismán. Es una reinterpretación tanto del origen de Superman como de la tragedia de Joe Shuster y Jerry Spiegel condimentado con una reimaginación de la Segunda Guerra Mundial. Mensaje y metamensaje se confunden para contar, sin ningún tipo de tapujos o nostalgias, las miserias editoriales en la Golden Age.

 

The Maximortal no es un personaje real, es todos y a la vez ninguno. Es Wesley Winston, un niño traído por alienígenas que aterrizan en Tunguska y lo envían al estado de California a finales de la segunda década del siglo XX. Allí es recogido por un matrimonio cuya esposa tiene alucinaciones con un “ángel” y toma al alien como la señal enviada del Cielo. Es True Man, el personaje hito de Jerry Spiegal y Joe Schumacher. Es Byron Reeves, desdichado actor de cine que encontraría su última redención como el True Man de carne y hueso y otro profeta del ángel antes mencionado.

Cada historia está interconectada y enlazada con el correr del tiempo, comenzando en 1918 y llegando hasta la Guerra Fría. En esta cada persona y personaje es parte de una partida de ajedrez pergeñada por los aliens vistos en las primeras viñetas de la historia. Por un lado, el salvaje e inocente Wesley masacra a un poblado por completo y atenta, casi sin querer, contra los genitales de Sidney Wallace, quien terminará siendo el villano principal de la historia que sigue.

 

Por otro lado, Veitch se encarga de reescribir la historia para hacer que True Man tome, en 1937, el lugar que en la historia le corresponde a Kal-El: el primer superhéroe. Spiegal y Schumacher son jóvenes idealistas con una idea revolucionaria que terminarán siendo esquilmados por Wallace. Este último usará al héroe ficticio (dentro de esta diégesis) como catapulta hacia el estrellato editorial, mientras los creadores originales son rápidamente apartados de su primogénito y empujados a la marginalidad.

La verdadera intención del artista no es deconstruir realmente a los superhéroes, sino reconstruir los entre telones de cómo nacieron los mismos. Desde cameos (obviamente renombrados) de Wertham y el nefasto Comics Code of Authority, The Maximortal es tanto una carta de amor a aquellos héroes caídos, olvidados y fagocitados por una industria que eligió chuparles la sangre mientras todavía dejara dividendos, como también un acuso de recibo al resto de la industria, en pleno albor de la burbuja especulativa que casi dinamita todo.

¿Qué se gana y qué se pierde realmente cuando se pone bajo análisis el cómic norteamericano de la guerra y post-guerra? ¿Es válido hacerle un juicio de valor y acusar a los personajes de ser un mero icono propagandístico cuando detrás de la figura hay un laburante que gana miserias para dar felicidad y un posible mensaje tan proselitista como subversivo?

Para exagerar las cosas, Veitch hace que acusen a nuestros falsos Joe y Jerry de comunistas, conflicto que también dividió las aguas en el Hollywood de los ’50. Se podrían hacer mil juicios de valores sobre qué puede representar, inequívocamente o no, las figuras de Superman o Captain America para el sentir nacionalista yanqui. Pero al fin y al cabo, quienes se encuentran detrás son pobres diablos que el reconocimiento les llegó bastante tardío, después de años y décadas de penurias.

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El mes siguiente, más sobre la King Hell Heroica de Rick Veitch. Si esta vez la historia se centra en los autores, la próxima parte estará enfocada en los otros explotados ficticios: los sidekicks.

 

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