Argentina según Oswal

Uno de los conceptos historietísticos más resistidos es tal vez el del superhéroe argentino. Incluso al día de la fecha se sigue discutiendo si el Eternauta es o no efectivamente un personaje que puede estar a la par de un Batman o Superman, ya que, mientras sucedían la Golden y Silver Age en el país del norte, la industria gráfica nacional tenía otros planes. Sin embargo hubieron superhéores autóctonos como el que ocupa la nota de hoy.

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En 1966, Manuel García Ferré le propuso a un ya consagrado Osvaldo Walter Wiola, quien firmaba desde 1958 como Oswal, la idea de tener una serie propia para la revista Anteojito. Sin embargo, esto sería con una única condición: el personaje tenía que ser un superhéroe. Tal vez esa no era la idea predilecta del dibujante, pero difícilmente uno vaya a rechazar la oportunidad de tener titularidad propia en la revista infanto juvenil de gran tirada y éxito.

El 15 de diciembre del 66′ debutó Sónoman, el hombre del poder-músico-mental, cuyas historias se publicaron en la revista durante una década. Aunque más allá del sonado éxito, el futuro no sería tan benevolente con el personaje. En noviembre de 1975, Ediciones de la Urraca se encargó de editar su propia revista mensual con historias nuevas y hasta secciones. Pero solo salieron dos números y terminó siendo cancelada al mes siguiente.

Revista Sonoman Nº2

El segundo intento de reaparición ocurrió en 1979 como parte de La Hojita, suplemento del diario La Hoja. No obstante, en 1980 desapareció el periódico. Entre febrero y marzo de 1983, el personaje reapareció en la revista Humi en un formato de relatos unitarios de cuatro páginas. Para esta cuarta etapa, Oswal le dio un lavado de cara (y traje) al personaje, alterando buena parte de su origen secreto. Para finales de ese mismo año, Sónoman volvió a la revista Anteojito, pero ya más fiel al estilo original. El último tiro de gracia ocurrió en 1986 para el Teatro de Papel con una página en blanco y negro que apareció en el suplemento infantil del semanario Esquiú Color.

Esta suerte de triunfo esquivo que tuvo el personaje en los ochenta no fue determinante para su paso a la historia. Al día de hoy, Sónoman sigue siendo tenido en cuenta, contando incluso con un homenaje de Soda Stereo a finales del siglo. En 2010, Ediciones de la Flor publicó dos tomos recopilatorios que, lastimosamente, cuentan solo con ocho historietas de la primera etapa en la Anteojito. Aunque como ventaja posee un recoloreado digital a cargo del propio Oswal que le hace justicia al dibujo original. Además incluye algunos textos muy divertidos a cargo de los personajes ficticios y un breve análisis escrito por el artista, dedicado a cada historia.

Lo más interesante de ver es cómo Oswal cambiaba la forma de contar las aventuras a medida que avanzaban las revistas. Desde una narrativa sobrecargada de información, conllevando a muchas viñetas chiquitas, a hojas con una dinámica superheróica envidiable, haciendo gala del uso de una grilla de nueve paneles. En ambas vertientes, es un placer ver la ductilidad del artista con el lápiz, con unos trazos curvilíneos y coloridos que le dan vida propia a cada cuadro, todavía mejor apreciado en el recoloreado.

Tanto el origen secreto de Sónoman como su desarrollo en la historia y sus aventuras, si bien no distan mucho de la delirante Silver Age norteamericana, no le resta mérito. León Hamilton no está muy lejos de ser un Bruce Wayne con mansión, mayordomo y gadgets incluidos. Él es quien recibe las bendiciones del poder-músico-mental del planeta Sono, como parte de una advertencia para detener una invasión futura a la Tierra. Cuenta con la alianza del profesor Zork quien, además, lo instruye en el uso de sus poderes y hasta le enseña nuevos.

La gracia del personaje reside en qué habilidades les otorga el sonido en sí. Un trazo paralelo que se puede hacer entre superhéroes y sonido puede darnos como resultados al Banshee de los X-Men. Sin embargo, el sonido es una excusa científica para infinidades de habilidades, desde super fuerza hasta encogerse y viajar en el tiempo para rescatar a un club de fútbol raptado. Como si estuviéramos leyendo un clásico cómic de Marvel, a cada poder le recae una explicación lógica en la que, obviamente, hacemos uso de la suspension of disbelief para creernos las proezas generadas por el héroe.

Hemos tenido cómics de guerra, de mitos y aventuras mesopotámicas, ciencia ficción, terror y hasta una War of the worlds vernácula como El Eternauta. Pero son poquísimos los ejemplos de cómic superheróico, menos que menos aquellos que lograron perdurar en el tiempo. O en este caso, en nuestros oídos.

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