Suehiro Maruo y dos maneras de utilizar la magia

Más que un estilo o un género, el ero-guro nansensu (o ero-guro a secas) es un movimiento artístico de la década del ’30, cuya traducción más literal sería erótico-grotesco sin sentido, y más gráfico que esto no podría ser. Iniciado como una rama experimental de la literatura, con el correr del tiempo este virus infectaría otros campos como el manga, y uno de sus estandartes es Suehiro Maruo.

 

Por extraño que parezca, este paladín del ero-guro publicó las siguientes obras en la Young Champion (otrora hogar de Battle Royale y Cutie Honey Seed), una revista seinen de la editorial Akita Shoten. Cómo es que un artista repulsivo puede llegar a este tipo de publicaciones es un misterio. Pero lo cierto es que tampoco son precisamente historias truculentas, aunque la primera de ellas contiene escenas no aptas para impresionables.

Dr. Inugami (Inugami Hakase) apareció entre 1991 y 1994 de manera muy esporádica y breve, siendo únicamente seis relatos, el último publicado en dos partes. A estas historias las unen las apariciones de Inukai, un exorcista cuya aparición toma más protagonismo a medida que pasan los capítulos. Al principio solo es un simple cameo y luego se convierte en el personaje principal. El macguffin que mueve a Inukai, y a todos los partícipes de la historia, es el concepto del Inugami, un espíritu canino que se utiliza para llevar a cabo venganzas.

 

Por su lado, Gichi Gichi Kid (Gichi Gichi Kun) data del año 1996 y la historia no podría ser más simple aún. A lo largo de 11 capítulos, un niño de aspecto pierrot con poderes sobrenaturales sin mucho trasfondo se dedica a combatir el bullying. Los malos no son demonios u otras fuerzas sobrenaturales, sino los niños crueles con los que Gichi comparte clase. Usando habilidades simples como bocas parlantes que revelan la verdad de quién la porte o poder hacer girar al enemigo en el aire, nuestro héroe no es más que un tímido silencioso enamorado de una compañerita.

¿Qué cuestiones hermanan a estas obras, más allá de dónde aparecieron y su autor? Lo más importante es saber diferenciar entre Maruos. La mención del ero-guro al principio, si bien estas obras no se engloban dentro de dicha definición, no es aleatoria. Al artista se lo va a vincular siempre al movimiento, pero estos seinen toman muchísima distancia, al punto que en Gichi Gichi se ven varias situaciones divertidas. El dibujo acompaña estas historias más “livianas”: a la ausencia de mutilaciones a granel, se le suma un trazo más relajado, de línea simple, una narrativa y dinámica menos confusa y (sobre todo el segundo personaje) menos cargada de información visual.

 

Otra cuestión interesante sobre estos trabajos inusuales, es el hecho de la utilización de la magia al servicio de la justicia: Inukai y Gichi resuelven los conflictos con la utilización de habilidades sobrenaturales, pero lo que resuelven no son fechorías, atracos o crímenes. En el caso de Inugami Hakase, el folklore japonés se mezcla con el misticismo del misterioso personaje que trata de detener a los Inugamis antes de que ocasionen más tragedias, un sentido de justicia además ambivalente. ¿Quién es realmente merecedor de su ayuda, el maldito o el que maldice?Maruo crea personajes tridimensionales que se ubican más allá del bien y el mal.

Gichi Gichi Kun, como dice más arriba este informe, es enemigo declarado de la figura del bullying. Tanto los puntapiés de sus aventuras, exceptuando una donde se grafica de forma incómoda un secuestro familiar y la primera aventura inédita un tanto truculenta, como las resoluciones son simples. A él lo molestan y toma cartas en el asunto, aunque de todos modos, la justicia no es personal ya que ayuda a cualquiera que sea víctima. Tal vez sea lo más opuesto al clisé, donde la mayoría de la acción bordea una comedia slapstick en la que el protagonista es un niño con poderes.

Gichi Gichi Kun - ch10 p114

Suehiro Maruo es un artista onírico, siempre asociado a darle un marco de belleza a la atrocidad. Verlo en estas obras, con un registro completamente distinto, es igual de placentero como cuando dibuja un carnaval de fetos sangrientos. Siempre es interesante ver a un artista que está anclado en un estilo o género, jugar con los opuestos más directos.

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