El terror según Marvel Comics

Sumar los conceptos “Marvel de los 90″ y “terror” puede dar un resultado muy literal. Más que generar atmósferas tenebrosas, los comics de ese género publicados en esos años por la Casa de las Ideas se quedaban en la superficialidad, como buena parte del mainstream superheroico de comienzos de esa década. Porque si lo más destacable que hay para ofrecer es el look “motoquero metalero pulenta” del rehash del Ghost Rider

Por Gabriel Reymann.

O no tan así. Haciendo un poco de arqueología se pueden desempolvar el paso de Warren Ellis por Hellstorm en uno de sus primeros laburos para las grandes ligas norteamericanas. Dándole un lavado de cara importante al Son of Satan, junto a su extrema reinterpretación de Anthony Ludgata, el Druid. Este trabajo que lo reuniría con su coequiper en Hellstorm, el marplatense Leonardo Manco. Nuestro compatriota también estaba haciendo sus primeros, y destacados, pasos para Marvel. Su estética tan de la época pero de cultura rock: entre gótico (Daimon Hellstorm tenía mucho de Carl McCoy, de los Fields of the Nephilim) e industrial (el video de Closer de Nine Inch Nails). Esto apuntalaría esta visión más madura del género de horror que sí, olía bastante a lo que pasaba en la vereda de enfrente con Vertigo.

1 - Strange Tales Suydam

En medio del “reperfilamiento” de la editorial dentro de la movida de Heroes Reborn, el editor Mark Bernardo impulsó una sublínea de terror. La misma estaba conformada por tres títulos que recuperaban a pilares del género de la editorial en los 70’s: Man-Thing (Jean Marc De Matteis y Liam Sharp), Werewolf by Night (Paul Jenkins y Leo Manco) y  Satana (Warren Ellis y Ariel Olivetti), que no salió a la luz por problemas de censura. Esto último sería una cuestión paradójica, al tener en cuenta que los dos otros títulos se saltearon el Comics Code of Authority

Si tomásemos los ocho números de Man-Thing, las historias publicadas en los dos números de la aún más breve Strange Tales, junto al Werewolf by Night y quisiésemos hacer una moderna nube de palabras, sería puro DeMatteis el resultado. “Consciousness”, “pain”, “song”, “compassion”, “sorrow”, “suffering” y así.

El creador de Moonshadow aprovecha sabiamente los sucesos de Heroes Reborn: el quilombo cósmico despedazó el Nexus of All Realities (esa suerte de aleph cósmico místico que se aloja en el pantano en el cual mora el Man-Thing) y no es el Dr. Strange quien, haciendo un poquito de Constantine, insta a la criatura del pantano y su exmujer, Ellen Brandt, a convertirse en los recolectores de los fragmentos del nexo. En ese momento entra en juego la mencionada nube de palabras, porque la extraña expareja cuenta en su haber con un historial mutuo de traiciones y degradaciones. Primero deben repararse ellos entre y por sí mismos para luego salir a -ejem- intentar reparar el universo. El mito del viaje, claro, y un poquito de American Gothic también, por qué no.

2 - Man-Thing

DeMatteis aprovecha la ocasión de la vuelta del universo para echar mano a otros emblemas de la editorial: Namor, Howard the Duck, Silver Surfer, y el defender Demon Slayer. Este último  no será tan canónico pero ocupa un rol especial dentro de la historia. En el camino de la pareja se cruzará a un enigmático ser llamado Mr. Termineus, especialmente interesado en ellos y en un niño llamado Job, hijo de una pareja de civiles ajena a toda la situación mística. Como tantas de las obras del guionista, es central la temática de la búsqueda de la identidad, el entendimiento y el alivio del dolor sobre todo a través de una causa superior llamada Dios. Pero el tono no llega a caer en los newageismos de Seekers por ejemplo, obra un par de años anterior. Aquí los abismos interiores no se solucionan tan linealmente a través del puro entendimiento y amor, siendo el miedo una variable frecuente.

3 - Man-Thing

Por momentos Man-Thing se ve como la obra de un solo autor integral. Es notable el mérito por parte de Sharp al interpretar los guiones de su coequiper y ofrecer todo el imaginario visual que la historia requiera. Hay ecos de Jeffrey Catherine Jones y Frank Frazzetta en el retrato de Ellen, desquicio digno de Sienkiewicz o Sam Kieth, anatomías grotescas a lo Bisley, hiperrealismo a lo Bolland e inclusive surrealismo a lo Richard Case en Doom Patrol. Para las historias de Strange Tales, el británico sube aún más la apuesta utilizando tecnología digital difuminando sus dibujos consiguiendo un efecto de esmerilado altamente psicodélico.

4 - Werewolf by Night

Puestos a hacer una tarea similar de aislar palabras claves para sintetizar el run JenkinsManco surge una triple A, que no proviene ni de perseguir comunistas ni de una variedad de cervezas. Alcoholismo-Autonegación-Alcantarillas. Las cloacas del Lower East Side son el lugar donde Jack Russell va a arrojar sus huesos en las noches de transformación en hombre lobo. Por el otro lado Jack le da duro y parejo a la botella y hace sufrir a su fiel novia a la cual oculta su condición de licántropo.  Jenkins caracteriza al protagonista como un cínico superado que en verdad no tiene ningún control de su vida. Abundan los textos de narrador en segunda persona hablándole a Russell, con un tono admonitorio que no hace más que enfatizar el carácter tortuosísimo de la serie. Una punta interesante aquí es que Jenkins utiliza a la licantropía y la adicción en comparación, de una manera no muy distinta a la interesantísima The Addiction de Abel Ferrara.

A nivel argumental la serie comienza relatando la búsqueda por parte de Jack de una hoja de cuchilla para poder controlar su parte lupina. Además de esto también quiere dominar las visiones del demonio que se le aparece en sus transformaciones. Luego de conseguir su objetivo debiendo favores a personajes algo turbios e intentar recomenzar una vida normal, las mutaciones de Jack se empiezan a desmadrar y es exactamente allí donde, al igual que Man-Thing, la historia queda inconclusa.

5 - Werewolf by Night

El trabajo de Leo Manco parece seguir perfectamente la curva de la historia. En el tramo del intento de Jack por conseguir control sobre la bestia y su posterior reacomodamiento retrata las alcantarillas, las calles y el departamento descuidado de Russell con esa mugre y textura “fincheriana” que siempre lo caracterizó. En los rostros se observa un clasicismo más afín a los referentes del marplatense (Juan Giménez y Zanotto). Para el tramo final en Strange Tales, cuando la espiral descendente ya es casi irremontable, adquiere procedimientos más extremos e inclusive abstractos. Se ubica más cerca de experimentadores locales como Jorge Zaffino o Leopardi, estén atentos a los homenajes a Breccia y Mort Cinder que aparecen por ahí.

El espíritu de época les dictó la brevedad y consecuente defunción a ambas series. Esa duración efímera sentenció la improbabilidad de recopilaciones posteriores. La calidad del material de la línea amerita la búsqueda y lectura, sea físico o digital.

One Comment on “El terror según Marvel Comics

  1. Trataré de encontrar edición española de esa segunda serie (Werewolf by Night ) si es que existe. ¡Qué cosas me descubre Nueve paneles!

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