London after midnight: Vampiros atrapados en celuloide

En la longeva historia de la industria cinematográfica pasaron cosas, entre ellas, la pérdida de material. Algunas tuvieron suerte (como la Metropolis de Fritz Lang) y otras no, rememoradas por ser ícono de una causa perdida. Eso ocurre con London After Midnight (1927) de Tod Browning, de la cual solo conocemos su estética perturbadora (gracias a un vampiresco Lon Chaney) por algunas lobby cards y fotos fijas. Esto se debe a que la única copia conocida se perdió en un incendio a finales de los ’60. Otra cosa que perduró fue una copia del guion final, que se utilizó para armar un foto-film en 2002 y el cómic que está por reseñarse acá abajo.

London After Midnight

Todo comienza con la misteriosa muerte de Roger Balfour, producto de un disparo dentro de su mansión. El inspector de Scotland Yard, Edward Burke, queda a cargo de la investigación del enigmático crimen, en la cual no es fácil encontrar un culpable y termina por cerrar la causa en un suicidio. Cinco años después, una figura misteriosa y terrorífica decide alquilar la mansión abandonada, haciendo que Burke, ahora devenido en hipnotista e interesado en cuestiones sobrenaturales, reabra el caso.

Si bien la crítica de época habla del filme de una manera moderada, hay que reconocer lo interesante del plot, un whodunnit con vampiros e hipnotismo. Obviamente la obsesión imperante de London After Midnight es su estatus de culto por desaparecido. La adaptación a guion de historieta realizado por Gonzalo Oyanedel es lo más conservador y fiel al guion original (a su vez, basado en una historia escrita por Browning). Pudiendo meter su propia impronta, decide mantenerse al margen de la materia prima, sin ser esto una critica negativa: es una fiel adaptación al noveno arte.

El ya tan mencionado estilo de Alcatena acá toma un registro distinto a lo que se ha mencionado en otras obras reseñadas en el sitio. Teniendo pocas obras de género terrorífico (la más cercana es Pesadillas con Eduardo Mazzitelli), es enriquecedor ver al artista haciendo caras de susto y atmósferas densas. El habitual blanco y negro acompañado por un uso de sombras constante, es el mejor vehículo para esta adaptación. Si las imágenes existentes de la película generan inquietud, esperen a ver a Lon Chaney en acción, ilustrado por Quique.

London After Midnight es un gran objeto para “alcatenófilos” y amantes del género, además de una gran manera de acercarse al mito del filme perdido. Esta edición especial (actualmente agotada) estuvo disponible para el público argentino que pudo acercarse a la Crack Bang Boom. También incluye un texto documental muy completo escrito por Roberto Barreiro, además de reproducir algunas críticas de época.

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