Diseccionando ongoings: Zot! de Scott McCloud (Parte 2)

Segunda parte del Diseccionando Ongoings dedicado a Zot! de Scott McCloud. En esta segunda parte, una apreciación de los números 11 a 20 que intentará servir de reflexión sobre la madurez de un autor y su comic.

Por Tomás Corsi.

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La tapa del número 11 tiene una invitación, un llamado a la nueva aventura. A la izquierda del título, un pequeño círculo con las palabras First new issue, que descoloca a quién no tenga contexto. A la derecha, un New reader? This is your chance! mucho más grande y vigoroso, el estímulo supremo para el no iniciado que debería aplicarse hoy en el mainstream. Scott McCloud aplica sus dotes de divulgador y quiere despojar a su historia de cualquier clase de hermetismo.

Como un Mago de Oz inverso, los números que continúan al issue 10 son todos en blanco y negro. El autor hace gala del uso de la tinta para el contraste, poniéndose totalmente en línea con su ídolo Osamu Tezuka para hacer énfasis en la contraposición de fondos detallados al máximo con sus personajes de trazo sencillo.

Los primeros dos números que conforman la historia Planet Earth sirven tanto como puerta de entrada como de recordatorio para el lector iniciado. Por primera vez se habla abiertamente de Jenny y su experiencia adolescente, con todas las idas y vueltas de una alumna de secundario común y corriente que viene de tener la aventura de su vida.

Hay un cambio radical en la presentación nueva, tanto McCloud como Zot empiezan a madurar (más el primero que el segundo, eso está claro) y manejan diferentes niveles de realidad. “Desearía haber sabido antes lo que sé ahora”, citando a The Faces, será el nuevo mantra del historietista y su creación, ambos bajo un nuevo paradigma donde lo idóneo choca con las rústicas maneras de la humanidad.

El estudioso del comic se regodea a veces en su disfraz de testigo, cumple sus fantasías de observador diseccionando a la sociedad que  se encargó de crear por diez números. Quizás sus acotaciones no siempre sean las más afortunadas o las que mejor envejecieron (principalmente cierta caracterización en el personaje de Woody, el ex nerd convertido en galán) y muchas veces termina recayendo en la oscuridad de la que tanto intentó alejarse.

Irónicamente, muchas de sus mejores historias suceden en estos casos: en Planet Earth, la fe de Zot en la humanidad de nuestra tierra es puesta a prueba cuando, recibiendo una brutal golpiza, se encuentra de frente ante la indiferencia de la sociedad. El autor sale airoso de lo que podría haber ido para lados desastrosos, esquivando el cinismo por un lado y una crítica bien intencionada que cae en lugares comunes por el otro.

Los números 13 a 15 presentan una historia de ciencia ficción sumamente disfrutable y con el desatado en el apartado visual. Una de sus decisiones más importantes es finalmente empezar a tratar la sexualidad de los personajes, y esto lo deja claro en la primera página:

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Los cambios que siente Jenny, que deja de tomar a Zot como una idea y empieza a verlo con otros ojos, están muy bien manejados. Si bien nunca dejó de ser un personaje con agencia propia, el artista comienza a mostrarnos otra cara de ella y su familia, sus ansiedades y sus sentimientos. Pero en la trama principal hay otros problemas a causa de un temible robot llamado Zybox, una super inteligencia artificial que se rebela cuando la milicia intenta dominarlo. Con un poco de Asimov, Clarke y ciertos aspectos de Doctor Who, el dibujante logra elevar el título a algo más sofisticado que sus intenciones iniciales.

Quizás quien lea empiece a darse cuenta que el guionista es menos inocente de lo que se cree y que sus historias siempre traen algo más complejo a la mesa, poniéndonos en perspectiva el significado del alma. La pregunta de qué sucede cuando estos personajes mueren había sido respondida en números anteriores, pero el autor no puede vivir únicamente de su propia solución y decide recurrir a su vieja obsesión: las máquinas. Zybox, siendo la IA definitiva, decide organizar el suicidio de todo un planeta para poder entender los designios de la muerte y el verdadero sentido de la vida.

Al mismo tiempo, la historia de Jenny entra en el terreno de un terror psicológico muy bien tratado. Es uno de esos comics que, como los mejores, hace vibrar a quién los lea. La resolución oscila entre el Harlan Ellison más oscuro y, como siempre, el Scott McCloud más optimista (una pirueta que no siempre sale bien en Zot!, pero vale la pena presenciar).

 

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Posterior a esto (y a un número unitario ligero con Butch de protagonista) vuelve Dekko, un favorito de los villanos de Zot, y con él una de las mejores ideas del historietista: la percepción del arte. The Eyes of Dekko es una historia bastante compleja sobre la institucionalización criminal y cómo repercute en un antagonista de historietas. Dekko, el hombre reconstruido, la máquina que entiende demasiado o muy poco el sentir de una persona (a diferencia de Zygox, Dekko alguna vez fue humano) y decide probar un poco de esa humanidad perdida. McCloud juega a comic experimental en el sentido más duro de la palabra, se mete en distintos disfraces artísticos y queda claro que se siente sumamente identificado con el personaje.

 

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Un ensayo sobre las ideas e interpretaciones que tiene una coda interesante en los números 19 y 20, donde Chuck Austen toma las riendas del dibujo y crea un hermoso ejercicio visual sobre cómo imitar a un artista en su obra más personal. Más allá de ser un trabajo narrativo-visual de una maestría absoluta, la capacidad de esos dos números sirve para hacer un comentario meta sobre lo antes mencionado.

Desde Max quemando su obra hasta Jenny creando la suya a partir del diseño natural de la vida, The Eyes of Dekko reflexiona sobre la labor de las artes sobre nosotros. La creencia casi religiosa de las ideas sobre los cuerpos, de cómo para sobrevivir a una vida sin arte Dekko debió despedazarse y reconstruirse en su propia obra maestra. Scott McCloud se reemplaza a sí mismo y construye un lienzo sobre el cual su personaje parece guiarlo, cerrando así su  propio círculo de creador/idea.

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En la próxima y última entrega de esta sección sobre Zot!, todo sobre el Scott McCloud más intimista.

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