Sadbøi: Cuando el arte ataque

Los primeros pasos artísticos del artista mejor conocido como Berliac, reflejan un estilo pictórico más emparentado con Alberto Breccia o José Muñoz. Sin embargo, en algún punto de su carrera, su arte pega un cambio brusco, y procede a convertirse en un mangaka de tiempo completo. Con este nuevo estilo, el autor arma un gekiga desolador, donde cuestiones como el arte o la familia quedan expuestos bajo una lupa.

2617736h1024

“¿Puede un crimen ser arte?”, así comienza Sadbøi, editado en este país en 2017 por La Pinta. En un museo de arte contemporáneo empieza una performance de Sadbøi, delincuente juvenil devenido en artista de vanguardia. Esta atracción se convierte en un asalto masivo, y a partir de este punto, la historia retrocede tres años para contarnos cómo llegamos hasta ahí.

La trama de nuestro anti-héroe está atravesada por cuestiones tan humanas, que hace uso de la empatía para atrapar al lector. Él es un rebelde sin causa, inmigrante ilegal que perdió a sus padres antes de ingresar al país y cuya vida no para de descender hacia abismos oscuros. Incapaz de alcanzar la felicidad de niño, solo puede terminar siendo una persona mal hecha, violenta e impredecible.

2617757h1024

Pero también, Berliac usa a este personaje para apuntar con el dedo a cuestiones sociales y de clase. De una manera elegante y hasta subversiva, la idea del arte es dónde se coloca el eje. Sadbøi lo utiliza como un escapismo de esa infelicidad, empujado por Midou, un mecenas que conoce en la cárcel. Midou le enseña al joven que hay una segunda salida, utilizando ideas de Jean Genet, novelista que se rebelaba contra las costumbres de la sociedad, bancado por Jean-Paul Sartre. No es azaroso mencionar al padre del existencialismo, el personaje termina encontrando al final su razón de ser aceptando todas esas cosas que la sociedad le trató de acallar: ser ladrón, inmigrante y homosexual.

Hablando del arte como herramienta de expresión más allá de lo artístico, es menester volver a hablar del cambio de estilo del dibujante. Las obras tempranas realizadas como artista integral o junto a Damián Connelly en Devil got my Woman, muestran un Berliac más autóctono, y genera un gran choque al abrir esta obra y encontrarse con unos trazos muy refinados, por momentos simples y otros cargados con información, gran uso de imágenes fotográficas retocadas. En un momento donde es fácil acusar a algo o alguien de apropiación cultural, bien viene recordar estas palabras de Mitsuhiro Asakawa, ex editor de la Garo: “Dibujar manga no tiene nada que ver con el país de origen del autor”.

Sadbøi es una obra tan simple como compleja. Simple por su duración y agilidad narrativa (hay pocas viñetas por página), y compleja por los temas abordados. Al llegar al final del libro, uno termina completamente empatizando con una persona que los diarios o la cotidianeidad típica de una gran ciudad terminan segregando y condenando. Sadbøi es el triunfo del crimen, de lo iconoclasta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: