El fin del mundo según Katsuhiro Otomo

Circa 1979, Katsuhiro Otomo conoció a una de sus más grandes influencias, Mœbius. Tal fue su encuentro con el artista francés que optó por llevar adelante una ambiciosa misión, colorear él mismo una de sus historias. Aunque su primer paso en esta vertiente artística fue algo accidentado, brindó a los lectores una breve pero contundente mirada hacia los últimos días de nuestros tiempos.

Flor Katsuhiro Otomo

Ese mismo año, se publica Flower en la revista SF-Hoseki, perteneciente al sello Kobunsha, una subdivisión de Kodansha, la megacorporación editorial de Japón. Esta publicación era la versión nipona de Asimov’s Science Fiction, que reunía textos de las principales mentes del género literario en los Estados Unidos como Harlan Ellison, William Gibson y Ursula K. Le Guin, entre muchos otros. Además de las traducciones de sus escritos, traía algunas historietas por autores autóctonos dueños de una sensibilidad y narración en sintonía con la idiosincracia americana. Tiene sentido que alguien como Otomo haya podido participar por su conexión con la ciencia ficción y al estar influenciado por películas estadounidenses como Bonnie and Clyde y Easy Rider.

Flower Katsuhiro Otomo

La historia apenas ocupa seis páginas y 13 paneles. En todo ese espacio, el autor de Akira comunica una versión del fin del mundo con un tono desolador y cuasicómico. El lector es testigo de lo que podría interpretarse como los últimos días de la vida en algún planeta. Una suerte de batalla entre la raza humana y algo, quizás extraterrestres o alguna especie primigenia, ha llevado al mundo al borde del colapso. Es así como un soldado cumple una última tarea de proteger la vida de una flor en el medio de un inhóspito páramo.

La puesta en escena cinematográfica del artista aprovecha todo el espacio posible para dar información al público en cada uno de los cuadros. Al contar con tan poco lugar, es imprescindible que cada rincón sea exprimido para así poder dar contexto y desarrollo a la narración. Es así como el mangaka resuelve de una manera tan precisa las escenas que hace parecer sencillo lo que está contando. Y al final, logra dar un giro congruente con los mensajes de su obra: la crudeza del conflicto, en este caso por la supervivencia, termina siendo también el sacrificio necesario para concretar un objetivo, siendo aquí la reanimación de la chispa de la vida.

Otomo Flower

El uso del color es también gran parte del acierto y la esencia del comic. Katsuhiro Otomo siempre quiso exprimir al extremo las bondades del medio y fue su encuentro con el genio francés lo que despertó en él la curiosidad por el color. Aunque este primer intento, del cual el mismo responsable no está del todo contento por la elección del material con el cual trabajar, sí presenta ideas narrativas profundas. Las tonalidades del desierto y la frialdad de las máquinas, el uso de colores vibrantes para transmitir vida y naturaleza, e incluso en su aplicación en los fondos para lograr una atmósfera narrativa tan agobiante como extrema.

Hoseki fue producto del boom del sci-fi en el mercado oriental durante la década de los sesenta y buscó explotar artistas interesados en el género. Lamentablemente apenas logró llegar a tres años de circulación pero nos dejó este breve relato del sensei tanto de la viñeta como de la animación.

Katsuhiro Otomo Flower

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