Wimbledon Green: el coleccionismo está bien, si no te rindes

Las obsesiones hay que acompañarlas y saber manejarlas. El coleccionismo suele convertirse en una obsesión y en un deporte de alto riesgo. La búsqueda implacable del objeto de deseo no solo es larga, sino que suele involucrar a otras personas que se terminan convirtiendo en tu enemigo por el simple hecho de desear lo mismo que vos. Aquel o aquella que coleccione algo, sabe que estas cosas no se toman a la ligera, como le ocurre a los personajes de esta obra pergeñada por Seth.

Wimbledon Green (D&Q) 001

Wimbledon Green es, además del título del libro, el nombre de nuestro héroe. Un viejito obeso, un tanto irascible pero muy adorable que clama ser el mayor coleccionista de comic books de todos los tiempos. Su figura es tan amada como odiada, además de encerrar muchos misterios y leyendas que solo aumentan su figura. Obviamente, ser un coleccionista de tan alto rango acarrea una colección variopinta de enemigos.

¿Pero cuál sería el problema con Wimbledon y como un coleccionista puede tener enemigos? Lo que observamos de ese pasado misterioso, es que su llegada al mundo del coleccionismo no lo hizo desde la pura humildad. A él lo acusan de robo, de chantaje, de ser un perfecto simulador con dos identidades diferentes. Los relatos estan cargados de un realismo y cotidianeidad (dentro del mundo comiquero), aunque ironicamente muchos de los emisores del mensaje son tan extravagantes e hiperbólicos, que solo logra dejar bien parado a nuestro héroe, que probablemente sea el único sensato y hasta tangible.

Lo más interesante del libro es cómo Gregory Gallant (nombre real del artista) narra la vida de Wimbledon de maneras muy diversas. No narra en forma lineal, sino que leemos relatos cortos que van y vienen en el tiempo y no todos son sobre él, sino que cuentan sucesos que involucran a todos los partícipes de este universo. También hay inserts donde Seth nos muestra algunos ítems de la valiosa colección del protagonista y otros apartados dedicados a una de las historias favoritas.

Entre lo más destacado, está una saga en dos partes en la que Wimbledon y otros dos coleccionistas van tras la aparición del número #1 de una revista fuera de circulación y desaparecida. De repente, el libro cuya narración parecía más un documental, acá se convierte en una delirante persecusión con elementos dignos de una heist movie, incluyendo transportes estrambóticos y un villano que añora el pasado de una manera obsesiva.

Y de obsesiones se trata justamente Wimbledon Green, hecho con un dibujo preciosista, que complementa una dramaturgia sobrecargada y exquisita. Su estilo cartoon simplista, propio de alguien que tuvo fuerte influencia de los artistas que se paseaban por The New Yorker, se maneja con una paleta de tres colores que homenajean a las tres eras comiqueras, y empapa todo con un halo de ternura sobre cada uno de los partícipes, incluso cuando sus intenciones no son muy santas. Esto además, deja un resabio de anacronismo que le calza justo a una historia cuyo fin no es otra cosa que rendirle un homenaje absoluto a la historieta, desde uno de los puntos más sanguinarios, pero con una gracia excelsa.

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