Animal Man y la renovación postmodernista

La tan gloriosa como cuestionada (dependiendo a quién le preguntes) Silver Age en DC Comics fue muy fructífera con una cantidad abrumadora de conceptos y personajes que aparecían en varias revistas. En Strange Adventures #180 haría su aparición Buddy Baker, un stuntman con poderes de animales. Este héroe debutaría sin traje ni nombre heroico, haciendo algunas apariciones muy esporádicas y hasta terminaría siendo parte del supergrupo Forgotten Heroes. Uno creería que ese nombre podría ser premonitorio, pero cierto escocés enamorado de Buddy lo llevaría hacia la grandeza y algo más.

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Grant Morrison comenzó su meteórica (y mediática en cierto punto) carrera como guionista militando en el underground de las islas británicas. Sus primeros pasos fueron en revistas de la D. C. Thomson (Starblazer, dibujado a la distancia por Quique Alcatena), y los magazines Warrior y 2000 A.D.  En el medio de esto, la Marvel UK lo llamaría para Doctor Who Magazine, pero Grant quería entrar a la Distinguida Competencia. En primer lugar, presentaría un crossover entre la Justice League of America con los New Gods que fue descartado por completo. Pero la llegada de Zenith a la revista insignia de la Fleetway, despertó el interés de la DC Comics, que le aceptaron estas dos propuestas: un one-shot para Batman que se convertiría en Arkham Asylum y Animal Man.

Lo que inicialmente iba a ser una miniserie de cuatro episodios (formato por el que DC apostaba mucho en ese entonces), logró en convertirse en un run debido al éxito absoluto. Morrison junto a Chas Truog en lápices y Doug Hazlewood en tintas (plus Brian Bolland como portadista), se mantuvieron en el título por 26 issues. ¿Qué estaba pasando con el personaje como para que semejante concepto con olor a naftalina fuera tan valorable?

Desde el vamos, Animal Man tuvo una radicalización enorme, en sintonía con el final de los ochenta. El guionista establece un status quo novedoso, haciendo que sea un activista por los derechos de los animales: en el número #21, tras sacarle dinero a un empresario, decide donar el botín a PETA. La gran mayoría de las historias giran en torno al maltrato animal por parte del empresariado y del sistema médico que utiliza distintas especies para experimentación. Fruto del signo de los tiempos, el primer arco involucra el secuestro de un mono sagrado para usarlo como sujeto de pruebas para un nuevo anthrax.

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No es menor señalar que el primer arco marca el camino de lo que pasa con el héroe. Dispuesto a hacer una imagen pública más positiva, Buddy se convierte en una suerte de hero for hire, gracias a una patética aparición en un programa de televisión. Quienes lo llaman por una emergencia, son los del laboratorio donde experimentaban con Djuba, el mono sagrado del Kilimanjaro. Sin embargo, tras un cruce con B’wana Beast, descubre las verdaderas intenciones de sus contratistas y comienza a tener sus primeras contradicciones: ¿Tiene sentido darles una mano a un conjunto de maltratadores, por más que sean ellos quienes le pagaron? ¿Vale más tu heroísmo por contrato o tus ideales?

Otras de las mayores inquietudes que tiene el personaje son existencialistas. Buddy ya no es un joven adulto solitario, es padre de una familia que trata de subsistir con el trabajo de su mujer, quien trabaja como dibujante de storyboards mientras él se debate si ser un superhéroe o seguir como stuntman. Esa necesidad lo lleva a ser parte de la Justice League Europe, contado en otro divertido unitario con la presencia del Martian Manhunter. Mientras que por caminos personales, tiene fuertes preguntas sobre la función de sus poderes, sobre todo tras quedar alterados en Invasion!, el crossover de Keith Giffen del año ’89.

Entre estos arcos argumentales donde Grant pone todos sus cuestionamientos internos e ideológicos sobre el papel, hay espacios para los números autoconclusivos, que sirven para hacer crecer al protagonista. Por un lado, el octavo capítulo introduce al segundo Mirror Master (Evan McCulloch), que tendría mucha importancia más adelante en la historia. También hay un Secret Origin tragicómico sobre Red Mask, un villano con la “habilidad” de asesinar a quien toque, además de hacer una parodia sobre héroes y villanos de la Silver Age. Pero tal vez la revista más recordada por todos los fanáticos de esta saga es la quinta.

The Coyote Gospel es una majestuosa parodia a los Looney Toons de Warner Bros. donde el coyote Crafty decide hablar con Dios para detener la absurda carnicería violenta en la que estaban enraizados todos los animalitos de su Tierra. Dios decide hacerle caso, pero como castigo, a Crafty lo destierra a la “segunda realidad”, o sea, la Tierra donde transcurre este cómic. Como para que se den una idea de la radicalización que Morrison impuso en el título, además de dar un mensaje contra la violencia animal desde una óptica divertida, esta trama empieza con el héroe obligando a su familia a ser vegetarianos.

Si bien les comenté qué pasa, a groso modo, en los primeros siete episodios, acá es donde vemos al guionista empezar a salirse de los cánones cómodos de la escritura, si es que alguna vez estuvo ahí. A partir de acá, la historia comienza a oscurecerse tanto en lo que le pasa al personaje como en la densidad de los arcos argumentales. Buddy tiene reflexiones con ayahuasca sobre su origen y sus poderes, se convierte en un anarcoactivista que logra ponerle la opinión popular en contra y provoca la masacre de su familia. Pero todo no termina acá.

Tras varios teasers en forma de prólogo desde el octavo issue, el anteúltimo número revela que el villano que estuvo detrás de todas las conspiraciones contra Animal Man era…

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Él mismo. Sí, Grant Morrison se colocó a sí mismo como el villano final, un maestro titiritero metaficcional y un personaje que hasta fue parte de la continuidad de DC Comics al aparecer en Suicide Squad.

Los 26 números que conforman el antológico run de Animal Man, son la prueba absoluta de cómo poder reinventar un personaje de una manera completamente rupturista y cómo elevar conceptos arcaicos para que se amolden a los tiempos que corren (en el caso de la revista, en los años ’90). No importa cuándo lean estas historias, el Buddy Baker de Grant Morrison siempre será un héroe moderno, ideal para la era en la que lean por primera vez su odisea.

2 Comments on “Animal Man y la renovación postmodernista

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