Al Rey de Constantinopla: nuevo plan del espacio exterior

Toda expresión artística tiene siempre su correlato tosco, barato o mal denominado “clase B”. En el caso de la ciencia ficción, más puntualmente en la veta literaria, la representación viene en los libros de bolsillo. Los más recordados y que aún se pueden ver en librerías de saldos, son los editados por Bruguera, cuya colección dedicada al género abunda en cuanto a material y autores. Obviamente, estos libros tienden a ser menospreciados, pero eso no quita que hayan rescatadores que revaloricen estos objetos. Uno de ellos es Fernando Calvi.

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Originalmente serializada en la Fierro durante 2016 y 2017 y recopilado por Hotel de las Ideas, Al Rey de Constantinopla es un homenaje a esta ciencia ficción barata. Una guionista de telenovelas se ve envuelta en una conspiración alienígena de larga data. Ella, movilizada por la paranoia, observa ciertos patrones extraños en la gente mientras es presionada por una figura extraña para que cambie el rumbo de sus guiones.

La obra es una mezcla absoluta de varios géneros que convergen en una década puntual: los ’50. El eje principal, claro está, lo marca la ciencia ficción de corte macartista. ¿Qué es el macartismo? En el primer lustro de la década mencionada, el senador estadounidense Joseph McCarthy inició una caza de brujas contra personas acusadas de comunistas. Este proceso impulsado por la Guerra Fría, llevó no solo a perseguir artistas, sino también a imponer cierta línea de pensamiento contra los “invasores rojos”. Quienes más difundían (de manera solapada) ese burdo proselitismo, eran las películas de ciencia ficción. Los héroes de estos films, de puro corazón norteamericano, estaban siempre al pie del cañón para repeler las invasiones que venían de Marte… El planeta rojo.

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No contentos con este proceso de persecución, otro mecanismo de defensa fue propagar la paranoia, el desconfiar de la persona que tenes a tu lado. Exactamente lo que pasa con nuestra heroína, que llega al punto de desconfiar de su novia o de sus aliados, sintiéndose cada vez más sola al pensar que todo el mundo habla mal de ella. Sin ir más lejos, el prólogo (casi adelantando la trama de una manera inteligente) se trata sobre la diferencia entre atención, paranoia, elucubración y conspiranoia.

El resto de los homenajes a los ’50 están diseminados entre el arte siempre camaleónico de Calvi. Un interesante ensayo breve sobre anatomía marciana con diseños de la época (dibujados por Fernando), y hasta otra disertación sobre la censura, basada en el Batman “asesino” de la Golden Age. El homenaje máximo está, claro, en el guion. Cómo se va armando la aventura, las alianzas y las traiciones. La historia también se encarga de crear su propia diégesis sin baches, algo que en poco espacio (son nueve episodios de nueve o diez páginas cada uno) es digno de mención.

Al Rey de Constantinopla es un gran homenaje, más que nada por lo consciente de su relato. No le importa saber que esta ciencia ficción en puntual es considerada un chiste para muchos letrados, no le resta valor artístico, sino que lo glorifica. Es una gran carta de amor necesaria para un tópico subvalorado.

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