Diseccionando Ongoings: Kill or be Killed de Ed Brubaker y Sean Phillips (parte 1)

El universo neo-noir enarbolado por el binomio Brubaker-Phillips ha encontrado un público ferviente en su pequeño kiosco enraizado en Image Comics. La dupla logró presentar propuestas frescas y de extrema calidad como Criminal, The Fade Out y más recientemente con sus novelas gráficas unitarias. Es así como Kill or be Killed queda en una suerte de paréntesis en el prontuario de los autores, aunque no destaca por lo revolucionario de su propuesta sí logra presentar una obra que poco tiene que envidiar a sus predecesoras.

Kill or Be Killed Ed Brubaker y Sean Phillips

Una de las primeras cosas que llama la atención de esta serie una vez leído sus primeros capítulos es su aspiracional. El equipo Brubaker-Phillips ha logrado ahondar y profundizar en el policial negro en incontables series a lo largo de los años. Varias de ellas cuentan con enfoques particulares, como la mezcla con lo paranormal y el mundo superheroico (Fatale y Sleeper), o simplemente una serie de historias que van entrecruzándose en una diégesis que sirve como exploración del noir, como lo es Criminal. Kill or be Killed resulta minimalista en comparación, más ligada quizás a un proyecto para vender a Hollywood que a la consolidación de una obra “completa”.

No obstante, ninguno de los creadores de la historieta trata al proyecto como uno menor frente al resto. Ambos colaboradores llenan de calidad a la revista no solo para que parezca una commodity canchera para hacer serie de televisión o película, sino para que sea un producto digno de las demás creaciones del par. Otorgan un planteo interesante con un desarrollo coherente además de unas páginas que harían estallar de envidia a cualquier otro trabajador del medio.

Kill or Be Killed Ed Brubaker Sean Phillips

Brubaker presenta un personaje que sirve como motor de la historia y narrador poco fiable. Desde el recurso de fragmentar el relato entre flashbacks y flashforwards, el cual se agradece que sea abandonado a los pocos números, hasta los propios cuestionamientos que se plantea el protagonista a lo largo de la trama. Dylan es un perdedor que cuenta su paso a convertirse en un badass, al menos durante estos primeros cuatro números. Un cobarde suicida que pasa a ser un asesino de sangre fría que mata sin remordimientos a gente despreciable. O al menos eso es lo que nos hace creer. Y hablando de la escoria de sociedad, el guionista conoce a la perfección cómo reflejarlo en las figuras que componen la narración, gente garca, pusilánime, traicionera y trastornada, como la primera víctima del justiciero. Algo que viene haciendo desde uno de sus primeros trabajos publicados, Lowlife.

Desde la parte gráfica el lector asiste a una clase de narrativa “multimedia” dictada de una forma excelsa por Sean Phillips. El dibujante británico mezcla muchas de sus técnicas pictóricas para no solo crear un clima sino también darle a cada escena y viñeta el trato que se merece. Es así que se puede ver tanto sus clásicas referencias fotográficas, más ligadas a la composición de los fondos y algunas expresiones faciales, trazos  alextothianos en las ropas y el minimalismo de detalle, los claroscuros, pinturas con acrílicos para las portadas y muchas otras más. Quizás en algunos detalles se note un poco los hilos del artista, más que nada en el uso de fotos para el dibujo, pero esto no quiere decir que entorpezca el relato o sea un punto flojo en el grafismo. Todo lo contrario, Phillips se apoya en el realismo para canalizar la atmósfera de la historia y ponerse al servicio de lo que se narra utilizando todas las herramientas que tiene disponible.

Y una herramienta que cobra casi tanta importancia como el dibujo es el color, manejado magistralmente por Elizabeth Breitweiser. Gran parte de las páginas de la revista se apoyan en su visión y habilidad a la hora de crear un tono para lo que se está contando. Ya sea una brutal masacre en un departamento, un silencioso viaje en tren, una secuencia onírica o la aparición de un demonio. Todo esto tiene una identidad visual única que no sería posible sin el ojo de Breitweiser, con quien el dúo original ya trabajó en Criminal. Una paleta de colores utilizada para crear ambientes fríos y una iluminación tenue que refuerza la tonalidad de la trama. Un registro que en un primer vistazo parecería ir en contra de la narración realista por su impresionismo en cada escena. Pero que logra realzar cada una de ellas con un minucioso detallismo y una prodigiosa elección para el color.

Kill or Be Killed página

Es casi menester que en todos los artículos referidos a Kill… se mencione la similitud en su planteo con Death Note. Si bien hay una marcada diferencia en las motivaciones y el recorrido de ambos argumentos, incluso el nombre de la novia de Dylan parecería ser un guiño casi directo a los lectores del manga de Takeshi Obata y Tsugumi Ōba. Por el momento no logré encontrar alguna entrevista o testimonio en el que Brubaker hable al respecto. El rumor es que él jamás lo había leído, pero no hallé ninguna prueba por escrito de ello. Es por esto que a lo largo de este informe señalaré algunas similitudes entre ambas obras. Simplemente por lo divertido que resultará alimentar la discusión de si es un guiño intencionado o una similitud casual. Así, quizás, alguno de los dos salga a hablar al respecto. Y si no sirve de nada, el misterio solo aumentará el encanto de Kill or be Killed.

El próximo mes la segunda parte

Kill or Be Killed Sean Phillips

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