La Invasión Inglesa según Jamie Delano y John Ridgway

Hablar de la invasión británica en el mainstream norteamericano no es simplemente señalar los auotres que comenzaron a trabajar en la industria. Es hablar de un cambio de paradigma, un punto de inflexión no solo en la prosa sino también en el potencial narrativo de los comics. Mientras que hasta el momento la mayoría de los trabajadores del medio tenían una relación endogámica con el mismo, fans de los comics que terminan siendo escritores o editores, los escribas del Reino Unido aportaron una sensibilidad de outsiders que terminó siendo la norma por un tiempo. Hellblazer de Jaime Delano y John Ridgway es quizás el más axiomático de todos los ejemplos.

Hellblazer Dave McKean

Creación original de Alan Moore, este mago/obrero con la cara de Sting comenzó sus aventuras en solitario para DC Comics a principios del año 1988. Si bien posteriormente fue publicado bajo el sello Vertigo, sus primeros capítulos salían sin ninguna distinción, más que el tono y el público, para la editorial. Obviamente de la mano de la inigualable Karen Berger, coordinadora hegemónica de la época y del movimiento. El concepto de historietas para adultos era algo que ya estaba siendo probado por otras compañías, Marvel con Epic quizás es lo más cercano, pero los escribas ingleses supieron capitalizar en la madurez tanto del lector como del medio.

HellBlazer John Constantine

Y esta misma idea es muy evidente en los primeros números de la serie insignia del desembarco británico. No por nada es un personaje de nacionalidad inglesa cuya primera aventura transcurre en los Estados Unidos. La voz en off del guionista apela a construir no solo un protagonista, sino también un entorno donde éste se mueve y un clima que envuelve a la obra. Todo esto sostenido por los escalofriantes trazos de John Ridgway. John Constantine no habla solamente de lo fastidiado que está, habla de la decadencia humana, del mundo que lo rodea y salpica al lector de las opiniones que tiene ante todos los personajes con los que se encuentra. Todo gracias a su influencia literaria, lo cual permitió romper con la endogamia comiquera.

Hellblazer Jaime Delano y John Ridgway

Delano aprovecha esta virtud para profundizar en distintas cuestiones que van más allá de la violencia o la sexualidad que podría llegar a escandalizar a cualquier adulto de la época que tomara el comic. Esto es muy evidente en su tercer número, cuando el mago lidia directamente con demonios capitalistas y el tercer triunfo de Margaret Tatcher en tierras britanas. El lenguaje económico de los diablos y la presencia de un magnate obeso, muy parecido al promotor de boxeo Bob Arum, hace que el encanto de la historieta pase por otro lado más que cómo puede resolver el “héroe” las distintas problemáticas.

En la misma línea, a diferencia de la imagen que se crea alrededor del personaje gracias a series o películas y del famoso teléfono descompuesto que se genera entre conversaciones de fanáticos, uno tendería a pensar que Constantine es un tipo bicho, a quien no se le escapa una y puede contra lo que le tiren. O al menos esa vaga imagen tenía yo antes de leer estos números. La realidad no podría ser más distinta. El protagonista es un working class hero, o antihero mejor dicho. Ante cada una de las situaciones que se enfrenta, primero debe ensuciarse, trabajar largas horas, muchas veces sin descanso, someterse él mismo a rituales para obtener información e incluso falla en muchas ocasiones.

Los lápices de Ridgway le dan esa estética británica con influencias de Frank Hampson pero sin descuidar al trazo de su dibujante original, Stephen Bissette. La atmósfera agobiante que crea el lapicista, con experiencia en comics de la D. C. Thompson,  es el catalizador perfecto para las ideas del escritor. Además, demuestra una gran versatilidad a la hora de pensar la página, con composiciones fuera del cánon clasisista inglés y más aggiornadas a la identidad gráfica del título original donde apareció por primera vez Constantine. Si bien sus apariciones no fueron de las más numerosas, su habilidad sirvió para imponer, junto a la prosa de su compañero, el tono que continuará la serie de ahí en adelante.

John Ridgway Hellblazer

Jaime Delano escribió 37 de los primeros 40 números de la serie y John Ridgway lo acompañó en nueve de esos episodios. Quienes reemplazaron al guionista en su primera época fueron escritores como Grant Morrison y Neil Gaiman, siempre con la vara alta y la mira puesta en el otro continente. No obstante, el puntapié inicial que es Original Sins significó el esquema para que los autores pudieran continuar con las epopeyas del hechicero urbano.

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