Silver Surfer Black: Para matar dioses

Silver Surfer Black

Desde su debut en 1966, Silver Surfer (alias Norrin Radd) ha sido reconocido como el paso previo a la destrucción total de Galactus, el devorador de mundos. Separado de su amo, el heraldo plateado lucha contra la culpa de haber sido el ángel de la muerte para incontables planetas.

Silver Surfer Donny Cates Tradd Moore

Todo empieza durante los eventos sucedidos en Guardians of the Galaxy #1, cuando razas de todos los planetas y varios héroes cósmicos asisten a la lectura del testamento de un recientemente difunto Thanos. Como es de esperarse, las cosas se salen de control y un agujero negro absorbe a varias estrellas de La Casa de las Ideas, incluido un Norrin Radd debilitado y abandonado a la merced del inmisericorde espacio marvelita. Punto doble para Donny Cates: si bien esto requiere un par de páginas de recuento en Silver Surfer: Black, no obliga a leer sus Guardianes y aún así logra armar su micromundo de títulos interconectados de manera cohesiva, regalándonos de paso a un Beta Ray Bill dibujado por Tradd Moore.

Hablando del dibujante, y casi como si se tratara de una emisión sindicada, el lector está invitado número a número a disfrutar de “El Show de Tradd Moore”. Desde el uso de colores (dispuestos de manera titánica por Dave Stewart) hasta la referencia directa a la tapa de Free (1969) de Ron Raffaelli, uno no puede dejar de pensar en él como un Mike Hinge moderno, haciendo imágenes que también pueden ser escuchadas. Líneas que toman curvas sorpresivas y perspectivas exageradas que dejan ver lo grotesco de su cuerpo -más una masa burbujeante que una musculatura-, alejándose completamente de cualquier iteración previa del vigía cósmico. 

Silver Surfer Black Cates Moore

Desde su concepción y casi a modo de homenaje, la obra dialoga directamente con la saga de colores de la dupla Loeb/Sale, con los cinco números de Silver Surfer: Black encarando su figura con la elegancia que caracterizaba a las exploraciones de personaje entregadas por el clásico dúo cromático. Aún con todas estas referencias, el equipo (jóvenes y en la que parece ser la primera de varias colaboraciones juntos) lucha por dilucidar los fallos y virtudes de un catálogo que incluye tanto irregularidades como victorias absolutas. 

Si el dicho reza que menos es más, hay que hacer una mención aparte para Donny Cates: el único autor que, intentando quizás reducir trama y diálogo a favor de una historia de rectitud épica, logra llenar las páginas de una narración que lindan en una prosa poética no demasiado inspirada (o, al menos, no tanto como él cree). Esto, al contrario de ser algo completamente malo, resulta bienvenido en un panorama mainstream donde muchas veces parece que presenciamos una competencia de quips que dictaminan la supervivencia del más rápido. Con esto dicho, cabe señalar sus mayores conquistas dentro de la obra: enfrentar realmente la verdadera naturaleza del Surfer y no enamorarse de la figura impasible en la que tan fácil es respaldarse. Cada vez que Cates decide escribir al centinela como una figura sacada de un pin-up impasible, retoma su próxima aparición como algo totalmente distinto para poner su imagen en perspectiva. Pasa de ser un titán de porte superior danzando en un océano de estrellas y sangre, a una pequeña luz rodeada de oscuridad en la página siguiente. El orden de las viñetas, a veces divididas a más de diez por página, convive con los igualmente desquiciados splash dobles que el dibujante lanza con una fluidez que eleva el material hasta ser inalcanzable.

Donny Cates Tradd Moore Silver Surfer

El hacerse cargo del legado de Norrin como Silver Surfer no es algo sencillo. Pensarlo -y peor aún, pensarse él mismo- como el acólito del reinante genocida más salvaje de los comics, incluso mencionando que no ha tenido misericordia ni siquiera con planetas que no servirían ni de tentempié para el devorador de mundos, es una tarea de suma dificultad para cualquier guionista en el medio. Usualmente esto es usado por los autores para lanzar un soliloquio no muy logrado y seguir su atormentado viaje hacia nuevas aventuras, pero Donny Cates decide hacerse cargo y plantarse -de manera bastante literal- en presentar un cambio de paradigma lo suficientemente grande como para que quizás nadie lo continúe. Hay una sensación de planes a futuro e implicaciones directas de otros personajes de Marvel: Knull es el villano principal, manteniéndose el escritor on brand con su idea de cercar un universo de su autoría. Algunos lo verán como vanidad. Otros, como un antagonista certero para una historia que deja de lado subtramas innecesarias para dar paso a dioses del inframundo montando dragones y espadas de un kilómetro en la infinidad del espacio dibujados por un tipo que estudió a Martin Sharp.

Tradd Moore Donny Cates Silver Surfer

Al final de la obra, cuando revela explícitamente ser una carta de amor dirigida a Parable -la historia escrita por Stan Lee y dibujada por Mœbius– uno no puede más que demostrar admiración por CatesMoore. Ambos quisieron emular con tanta ambición y cariño algo que claramente les significa mucho, dejando en claro que siempre que se hable, escriba o dibuje sobre Silver Surfer, indefectiblemente se va a apuntar para arriba.

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