Fusión 501: A la conquista del espacio

En 1995, la productora Gainax estrena uno de los animés más mediáticos del Siglo XXI: Neon Genesis Evangelion (Shin Seiki Evangerion). Esta serie de 26 episodios se encargó de reformular el género del robotto anime, presentando una saga existencialista religiosa con mechas piloteados por preadolescentes acomplejados. El impacto y la influencia de esta serie fue tan grande que se sigue percibiendo hasta estos días, llegando a esta historia publicada por la editorial de fanzines Barro a finales del año pasado.

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Fusión 501 es la ópera prima de Kami Kama (Camila D’Onofrio) que, en poco más de 40 páginas, cuenta una historia ubicada en el año 501, en plena era de las colonias. Tres adolescentes son reclutados por la milicia para pilotear mechas conectados entre sí por vías neurológicas. ¿La misión? Detener un ataque enemigo.

Esta historia no busca ser rupturista, sino ser una visión mucho más fresca de un tópico habitual, al menos en Japón, y en ese sentido cumple y da más de lo que promete. Condensar todo un universo, problemáticas y personajes con sus propios complejos en pocas páginas es un trabajo de diseño complicado en el que la autora sale airosa. Se preocupa porque sepas quién es el personaje principal, de dónde viene, qué le pasa y cuál es su relación con el resto del ambiente.

Si bien sí hay cuestiones que no son tocadas (como qué misión tiene la milicia que comanda a los mechas o cuáles son las “colonias” a las que hace mención en dicha era) poco importan porque el camino de la heroína está bien representado. Esto hace que lo demás funcione únicamente como puntos que mueven a la historia hacia adelante.

Mencionamos a Evangelion como puntapié inicial para influencias, pero el arte y el diseño de los mechas está más emparentado con obras clásicas del género, como Majingā Zetto, conservando una narrativa que es ágil en las escenas de combate mano a mano o con armas. Pero aunque mantenga esta estética sesentosa muy bien cuidada, hay algunas cuestiones que uno puede considerar más rústicas si se quiere. Como mantener el rotulado hecho a mano con lapicera o  que se observen líneas de dibujo que sirven como base sin entintar o borrar.

La historia termina y cierra perfecto pero deja a uno con ganas de seguir leyendo más sobre lo que ocurre en Fusión 501. Obviamente genera preguntas sobre qué ocurre con los personajes, qué pasó antes y después de esta historia. Esperemos que esto sea el puntapié inicial de una saga nacional y popular sobre robots gigantes. Y si no es así, al menos nos deja una obra redonda por sí misma.

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