Subproductos tóxicos según Marvel Comics

Parece irreal pensarlo hoy, pero el inicio de la carrera cinematográfica de Marvel era de una calidad bastante dudosa en cuanto a recaudos económicos. Incluso antes de la nefasta película de Howard the Duck, la primera interesada en este material fue la mítica Cannon, quienes quisieron convencer a Stan Lee de hacer una película de Spider-Man dirigda por Tobe Hopper (The Texas Chainsaw Massacre). Esto nunca llegó a buen puerto, pero la anécdota nos da el pie necesario para contar lo que viene, la historia del segundo romance marveliano con la industria cinematográfica independiente.

Siguiendo en la industria cinematográfica un rato más, es necesario contar la travesía heróica de Troma Entertainment para llegar al punto de la nota. Fundada en los ’70 por Lloyd Kaufman y Michael Herz, dos entusiastas que montaron una empresa con una mano atrás y otra adelante. Comenzaron como una distribuidora (un dato no menor que fueron los encargados de llevar My Neighbour Totoro a Estados Unidos) pero al poco tiempo comenzaron con producciones propias, puntualmente películas de tono picaresco como Squeeze Play! que fueron precursoras de hits como Porkys, pero por desgracia nadie es profeta en su tierra. Las cosas se mantuvieron muy por debajo del radar hasta 1984, cuando estrenan The Toxic Avenger y así comienzan no solo a tomar vuelo sino marcar una impronta.

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Pero parte de esta historia comienza en realidad una década atrás, cuando un recién egresado Kaufman conoce a su ídolo Stan Lee. Logran entablar una amistad y Lloyd, quien ya estaba metiendo las narices en el cine como ayudante de John G. Avildsen y Silvester Stallone en la primera Rocky, le propone hacer una película juntos. Como todo tiene que ver con todo, la Cannon fue quien le encarga a esta dupla la creación de un guion, titulado Night of the Witch. Lamentablemente el proyecto jamás logró despegar aún sin ser cancelado, pero la buena onda se mantuvo.

Y como el tiempo es relativo, pasamos a la década del ’90. Troma se convirtió en un faro absoluto de la independencia guerrillera, siguió sumando hitos como Surf Nazis Must Die! o Class of Nuke ‘em High y el Toxic Avenger (o Toxie, más cariñosamente) tuvo dos secuelas (una de ellas filmada en Japón y con el sensei Go Nagai haciendo un cameo) y una serie animada de televisión para niños, Toxic Crusaders. Y el último engranaje económico que faltaba ponerse en marcha eran las adaptaciones de historietas.

Separados por un mes de diferencia, Marvel Comics publica The Toxic Avenger, con Doug Moench y Rod Ramos, y Toxic Crusaders, de equipos creativos rotativos, destacando entre varios guionistas que solo firmaron un único número a Steve GerberAnn Nocenti. Ambas no tuvieron una duración prolongada (la primera con once números y la segunda unas lastimosas ocho revistas) pero permitieron expandir un poco más este universo.

La primera serie se encarga de adaptar en formato reducido el arco del personaje que se ve en las tres primeras películas, pero con una ventaja que Moench aprovecha al máximo: Pasar una película de acción de nulo presupuesto al papel, implica que no hayan límites en lo que se puede mostrar, entonces hay un mayor número de criaturas mutantes y deformes, zombies y hasta explosiones gigantes. La trama principal, bastante básica, se ve enriquecida con nuevos personajes y nuevos arcos argumentales.

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Otro aspecto en el que gana el cómic por sobre la película, es el tratamiento que se le da  a la historia. En su origen, The Toxic Avenger fue una película de terror que terminó siendo una comedia gore donde Toxie se vuelve la parodia perfecta del arquetipo del héroe con doble identidad monstruosa, como The Thing. Aprovechando este formato, el guionista imprime muchísimos vicios de la historieta más clásica (por ejemplo, se repite todo el tiempo el punch-line “A hideously deformed creature of superhuman size and strenght“), le da un sentido arácnido al ídolo (“Tromatons”), y además aplica un cambio más radical: acá nadie lo quiere a Toxie, que pasa ser rechazado y perseguido constantemente por la gente y la policía, algo que en la película no ocurre. Todo el tiempo tiene que huír y hacerse de abajo.

En la veta artística, un primerizo Rod Ramos se pone al hombro todas las necesidades que el guión requiere. El dibujante, que ya venía trabajando en títulos menores de Marvel como Psi-Force, otorga lo que necesita mostrar Moench, bastante alejado de figuras que empezaban a perfilar para pesos pesados como Jim Lee o Todd McFarlane. Ramos ilustra la ultraviolencia con elegancia y sin pasarse de rosca en cuanto figuras anatómicas desproporcionadas (al margen de todas las criaturas deformadas, claro está) y sin convertir todo en un baño de sangre exagerado. Hay violencia extremada, pero impresa con elegancia y acompañado por el histórico Val Mayerik en tintas.

Tras el éxito de la primera secuela, Kaufman entró en contacto con gente de la Murakami-Wolf, quiénes tenían encima un gran hit: la serie animada de Teenage Mutants Ninja Turtles. Y esta gente tenía interes en replicar el suceso con Troma, y por más extraño que parezca, lo lograron con Toxic Crusaders. Serie de televisión, muñecos, álbum de figuritas, pastilleros, juegos de mesa… y obviamente una serie de cómics que no aportó nada nuevo salvo otra adptación reducida (ocho issues contra trece episodios) pero muy al pie de la letra. Tampoco hay mucho para rescatar en lo artístico porque los equipos de trabajo cambiaban número a número, pero supuso uno de los títulos en donde Steve Gerber volvió a colaborar con sus verdugos.

Probablemente sea la nota donde menos importancia se le ha dado al medio que le rendimos culto y tributo, pero tiene una razón de ser. Troma ha sido (y sigue siendo) el ejemplo más latente de como un colectivo independiente puede sobrevivir a una cantidad enorme de desaveniencias, y que para conquistar algunos logros, tuvieron que bajarse pantalones, ponerse firmes en sus creencias y/o aceptar cualquier mano que les tiendan. Y Marvel le tendió la mano en su momento. ¿Le funcionó realmente a Troma haber transado con Marvel? No, pero al menos lo intentaron, lo cual no es poco, y en el medio nos dieron una serie que brilla por sus propios medios. Chapeau Doug Moench, Rod Ramos y Lloyd Kaufman.

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