Subproductos según Kyle Baker

Cuando se piensa en la influencia que la galería de pintorescos villanos de Chester Gould tuvo sobre Batman, resulta curioso considerar que en 1990 la situación era precisamente la inversa. A Warren Beatty no le alcanzó con ser una leyenda y el público no acompañó su largamente gestada adaptación de Dick Tracy. Pero en un panorama poco alentador, quedaron los que siempre quedan: los artistas de comics.

Dick Tracy Kyle Baker

La Batmania que había acaparado el mercado de 1989 comenzaba a tener una especie de competencia parasitaria (que podría llevar el mucho menos elegante mote de Dick-Mania) y, mientras cualquier cosa que tuviera un atisbo del murciélago explotaba en ventas, también empezaba a asomar desde abajo un sombrero amarillo. Chicles, cartas, una serie de grotescas pero divertidísimas figuras de acción de Playmates -dueños de la pelota gracias a las Tortugas Ninja– y reimpresiones de las tiras clásicas. Disney, sedienta del éxito creado por Tim Burton, extendió la copia hasta en los posters minimalistas con un perfil ilustrado de Beatty sobre un fondo negro y la leyenda “I’m on my way” impresa debajo, con el policía hablando en su reloj con radio. Ese nivel de confianza, que esperaba rédito automático sobre una propiedad que claramente no era lo indeleble que había sido la creación de Bob Kane y Bill Finger, apostó a las expectativas de un público que no sabía exactamente qué le estaban vendiendo.

No es secreto que Batman dominó la taquilla de 1989, como tampoco lo era el juego de las coincidencias que Disney había abierto con su propio tanque estilizado: visiones art decó de un mundo de hace cincuenta años, actores gigantes ocultos por un maquillaje imposible, la otra estrella pop más grande del planeta poniendo el soundtrack, un videojuego y hasta una espectacular banda sonora compuesta por Danny Elfman. Pero el box office y la crítica no fueron lo que esperaban, así que la secuela (que tuvo miles de problemas legales por derechos) quedó en la góndola, junto con todas las figuras de Lips Manlis y el resto de los villanos que terminaron el la sección de rebajas. Un error que se repitió un par de veces a lo largo de la década y los estudios no terminaban de entender es que Batman no vendía por ser de los treinta, Batman vendía porque era Batman.

Para ensalzar el estreno, salieron tres prestiges. Los dos primeros escritos por John Francis Moore (en aquel entonces solamente John Moore) que sirvieron de precuela para los eventos de la película, mientras que el tercero era una adaptación directa de la misma bajo la pluma de Len Wein. Las tres historias tienen el particular honor de ser ilustradas por Kyle Baker en un estilo que, si bien dialoga con el largometraje, no deja de ser algo completamente distinto. Mezclando influencias que van desde Ralph Steadman hasta las composiciones grupales de Otto Dix, rehace su imaginario de los seriales como tantas veces le ha tocado hacerlo en obras como The Shadow y Justice Inc. Comprende que, al contrario de lo que se quiere pintar como “the greatest generation”, ese Norman Rockwell mal interpretado, la época de Dick Tracy era una donde los policías y los ladrones peleaban por ver quién era más brutal. Tanto Moore como su dibujante se olvidan de la nostalgia.

Kyle Baker Dick Tracy

El artista tenía en su mesa dos opciones. Por un lado, adherir al estilo Gould como si le hubiesen encargado sustituirlo en la tira sindicada, convertirse en uno de los Sawdust Boys que el creador tanto parodiaba, a pesar de una clásica perlita que se le escapa en The Fred Waring Show, cuando el anfitrión le pide garabatear un Tracy y dice casi sin darse cuenta: “Es la tercera vez que lo dibujo en dieciocho años”. Por otro lado, hacer algo más acorde a la época o subirse al carro del Jerry Ordway exacto que tanta llegada había tenido con la adaptación oficial de Batman. Si conocen a Kyle Baker, sabrán que no fue con ninguna de las dos. 

Lejos de la romantización del propio Gould, que en su etapa más demencial y artísticamente libre en Dick Tracy lograba mezclar conceptos alucinantes como Moon Maid con aún más pasmosos consejos en el Crimestopper’s Textbook (“¡Piensa, novato!:  Tenga en cuenta las últimas modas antes de hacer un arresto. ¡El de arriba solamente es un buen ciudadano dejándose crecer la barba!”), Baker elige tomar decisiones totalmente deliberadas que suman al punto que quiere llegar. Recrea casi a la perfección el rostro de Warren Beatty al borde de la ironía, como recordando al lector que siempre pudo hacer lo que se le diera la gana, metiendo esa cara en un cuerpo de caricatura expresionista que al padre de la criatura le hubiese encantado. El tono de la historieta, donde Moore hace lo posible por codearse con sus ídolos del noir,  presenta a este protagonista con las mismas cualidades larger than life del propio cineasta. Un héroe clásico e incorruptible rodeado de versiones deformadas de los villanos más cruentos, emulando como se pueda la suntuosa fotografía de Vittorio Storaro.

Bajo la misma nota de Wein, la novelización de la película a cargo de Max Allan Collins es la prueba fehaciente del tipo de artista que es Kyle Baker y qué importante era el enfoque visual del director, tomando todos los elementos que ambos habían hecho lúdicos y llevándolos a niveles más oscuros y violentos. Collins escribió tres libros más sobre Dick Tracy, asegurando una vez más ser una de las figuras más importantes en la historia del personaje: fue el sucesor de Gould en la tira durante quince años.

Dick Tracy comic

Llevando a cabo todos los trucos clásicos del cine y el comic, ambos unidos por principios de montaje, Kyle Baker explota el orden gráfico de la propia película haciendo que ambos materiales se eleven por encima de lo que el público y la crítica de 1990 quiso ver. Los tres prestige, al igual que la carrera de Gould y Collins, son tónicos necesarios para volver a disfrutar de un personaje importante que hoy quizás queda en segundo plano, tal como le pasó cuando le tocó vivir a la sombra del encapotado. La obra de Moore, Wein y Baker está recopilada como True Hearts and Tommy Guns, algo para leer entre todos los que saben que Dick Tracy, contrario a lo que decían los afiches, está muy lejos de estar en camino. 

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