Antropomorfia según Mark Russell y Mike Feehan

La reinvención de Hanna-Barbera dentro de DC Comics no se destacó por descollante, sino por irregular. En algunos, como el crossover Aquaman/Jabberjaw, terminamos cayendo encantados ante el ridículo del Rey de Atlantis hablando con un Mandibulín anatómicamente correcto. En otros, como el muy anticipado Future Quest, un equipo soñado de artistas y conceptos termina cayendo en una meseta sin el factor deslumbrante que se esperaría. Entre otros proyectos que incluían a dioses del comic como Keith Giffen, John Marc DeMatteis y Howard Chaykin, apareció Mark Russell como el autor tapado que le encontró la vuelta.

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El escritor venía con el precedente de The Flintstones, donde la familia de la Edad de Piedra es utilizada como vehículo para explorar todo un concepto de americana que deconstruye y responde a lo que el original alguna vez representó para la sociedad (llegando a ser incluso el primer dibujo animado en el prime-time estadounidense, para ilustrar su repercusión). Preparado para repetir el truco de magia, Russell presentó en 2018 al renovado Snagglepuss -o el León Melquíades, para los fans de Las Olimpiadas de la Risa- en la serie de seis números Exit, Stage Left!: The Snagglepuss Chronicles.

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1953 a 1959: Temor Rojo, listas negras, Dalton Trumbo con “I am Spartacus” en un grito febril, Elia Kazan en el On the Waterfront y Arthur Miller con su A View from the Bridge. Nuestro protagonista no puede ser menos, repensado como un análogo de Tennessee Williams. El querido Huckleberry Hound como un crisol donde se funden Faulkner, Capote y James Baldwin. El Estados Unidos de Exit, Stage Left! es un lugar donde se cruza el odio por lo diferente con el trato a homosexuales como desviados, pervertidos y una amenaza para los valores familiares americanos. Tratar de encontrar simpatizantes comunistas era tan fácil como inventarlos, así que tampoco se tardaron en encontrar personas queer para acosar bajo un movimiento paralelo denominado Lavender Scare. El hilo unificante era, en casos particulares que servían de aleccionadores, la creencia de que los rojos aplicaban chantajes a gays y lesbianas visibles para usarlos de espías.

Ninguno de los protagonistas puede salir del closet porque sería arruinado de inmediato: un policía y un titular malicioso, sumada una insólita cacería de brujas que el mismo Miller (que aparece en el comic) destapaba en The Crucible, eran suficientes para arruinar tu carrera para siempre.

De los muchos temas que Russell presenta a lo largo de seis maravillosos números, es necesario centrarse en el severo glosario verídico y felicitar siempre al autor que hace la tarea a la hora de presentar historia alternativa. El elenco principal de la serie son perseguidos por una mujer llamada Gigi Allen (preguntarle al escritor por cualquier contacto con el auténtico GG), una defensora conservadora, deliberadamente enclosetada, que oficia de fusión entre Roy Cohn, Anita Bryant y Phyllis Schlafly. Este lujo de detalle que el guionista pone en la mesa no hace más que esculpir la narración para que todos los dolores sean palpables y que el lector no olvide que, más allá de ver todo esto a través de los ojos de un felino rosa imaginario, las aflicciones son reales. Gran parte del éxito de esta empresa es gracias al equipo artístico conformado por Mike Feehan, Mark Morales y Paul Mounts, encargados de llevar con precisión el realismo del entorno en el que se mueven los personajes y dándole una expresividad a los rostros animales que demuestra un nivel de profesionalismo por el que no se les dará crédito suficiente. Quizás la obra permitía (y hasta se puede discutir si era preferible) un estilo más descontracturado y libre que conjugara mejor con el aura de caricatura que proviene del material, pero no deja de ser un gran acompañante para lo que se está contando.

Snagglepuss lleva una doble vida, con un matrimonio falso como cortina de humo que vale como un drama que el propio Tennessee Williams podría haber escrito, y con un novio secreto al que solamente presenta dentro del circuito gay. Su mejor amigo, Huckleberry, es un escritor que vivía algo parecido hasta que su esposa -embarazada y con muchas sospechas- descubre la verdad y lo echa de la casa, dejando al autor sureño varado en un limbo tristemente habitual. El protagonista lo lleva a New York, donde descubre su nueva libertad dentro del Stonewall Inn, el lugar donde el desahogo está presente siempre que vuele la cometa hacia el oficial McGraw, recordado por estos lares como el famoso Tiro Loco. Este último se convertirá en su amante en una sucesión de hechos que, fiel a la historia, terminará en la tragedia más cruel.

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En el golpe maestro de Russell, la subtrama más cómica es también una de las más oscuras en contexto. La dupla risible conformada por Nikita Kruschev y Richard Nixon en un ida y vuelta de ideologías es tanto un giro posmodernista -el culto a las celebridades y fanatismos políticos, metáfora en la que quizás termina saliendo menos airoso- como una aseveración autoral de una persona que, pudiendo de algún modo esquivar el asunto, decide chocar de lleno. En otros momentos decide utilizar a Pablo, el novio de Snagglepuss, para retratar el exilio de un cubano escapando de Batista y en cómo su pareja, lejos de entenderlo, se escuda tras las vagas excepciones americanas con la vieja e inútil excusa de “esto nunca pasará aquí”. Una escena cruda y violenta, a la que Pablo decide regresar para luchar por lo que su amante nunca pudo entender.

 La captura del pasado se resignifica en el presente y el creador deja en claro que todo lo que pasó se sigue repitiendo. Compara al mundo del escenario teatral, donde los humanos se disfrazan de animales con la máscara que la sociedad aquí descrita debe usar. El augurio de ese 1953 golpea al número final con una melancolía que, en efecto, podría haber llegado a salir de una de las novelas de Huckleberry Hound. El cuento que cierra con Snagglepuss narrándole la historia al hijo de su mejor amigo, que toma el manto filial con orgullo, es uno de tradiciones orales y caretas reemplazadas con historias verdaderas.

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