Silver Surfer según Stan Lee y John Buscema

Considerado por muchos el mejor momento de Stan Lee como guionista y uno de los puntos álgidos de John Buscema dibujando, el Silver Surfer de 1968 es mucho más de lo que el dúo creativo pretende mostrarnos. Hoy, además de ser recordado por los fans como el primer giro del escritor apuntando a una grandeza más sofisticada -y la gota que rebalsa el vaso de Jack Kirby en Marvel– es también uno de los volúmenes más prestigiosos de la editorial. 

Silver Surfer John Buscema Stan Lee

Stan Lee no pudo imaginar feliz a Sísifo. Su co-creación, debutante en el clásico #48 de Fantastic Four (probando que en ese momento era sin dudas “the world’s greatest comic magazine”) y nacido como otra de las miles de ideas que Kirby tenía por día, atravesaba un momento de reflexión. Lejanas quedaban las lecciones de Alicia Masters y el naciente optimismo del Heraldo, ahora varado en la Tierra y rumiando constantemente sobre la condición humana. 

Hay un momento bisagra, equidistante de la era espacial y el flower power, donde aparecen 38 páginas de talento crudo de la mano de Stan “The Man” Lee y John “Blood ‘n Guts” Buscema tocando ambas puntas del zeitgeist. Se suma Joe Sinnott en tintas, completando lo que pareció ser el cierre final de esta etapa marvelita de Kirby en un mensaje claro, prácticamente deliberado. El Rey volvería para un último hurra en el número final de la serie, donde los lectores pudieron comparar la furia desatada del splash final en contraste al frío y poco ceremonioso “Stan’s Soapbox” anunciando la salida del dibujante.

Con el trono vacío, era lógico que el talentoso Buscema tomase el lugar vacante, y una vez allí series regulares -e incluso sus layouts– lo convirtieron en leyenda. La influencia terminó siendo tal, que para 1978 ya era la mano visible enseñando a toda una generación cómo dibujar comics “the Marvel way” (resulta que el secreto era muy sencillo: ser John Buscema). Un hombre de carrera que había aprendido de personas como Syd Shores o Carl Burgos, y para 1968 replicaba el dinamismo de Kirby con la belleza de cuerpos anatómicamente estudiados hasta el hartazgo. Aún así, ni el mejor de los lapicistas logra escapar de un escritor queriendo probar un punto.

Hay un alejamiento de la figura original, un ser elemental respondiendo al mando absoluto de Galactus. En “The Origin of the Silver Surfer” existe una reminiscencia a la literatura sci-fi de la época que ayuda a separar la caracterización previa de la nueva. Se pierde cierta elegancia cósmica (con diálogos matando su carácter imperturbable, quizás de los más largos que le tocó trazar a Sam Rosen) en la prolongada duración de los primeros números. Es comprensible que el centinela plateado sea perseguido: enervantes malentendidos se repiten número a número y lo convierten en un paria constante, un truco que a Stan Lee nunca le falló y cabe en la representación del nacido en Zenn-La (un ángel caído repensado ahora como una versión poco velada de Jesús). Los monólogos flotan en los paneles; a veces cartas de amor a la Tierra y sus habitantes, muchas otras extensos libelos contra la guerra y los males de la sociedad. Una página en el tercer issue, quizás la culminación de las ideas y la fusión final con el arte, es la mejor referencia de la visión del guionista:

Silver Surfer Stan Lee John Buscema

Zenn-La es un paraíso tecnológico donde todo es perfecto y el esfuerzo es mínimo. Una sociedad organizada que Lee parece aborrecer por la pérdida del sentido de la aventura, la necesidad de espiar detrás del conocimiento ya no hace falta porque el conocimiento todo está ahí. Ha visto el futuro, y lo odia. 

La falta de excepción que siente Norrin Radd, dependiente de un estado de anormalidad, que va más allá de la queja a lo frecuente, puede malinterpretarse como el lamento de un personaje que no estará contento hasta que algo funesto le suceda. Efectivamente hay algo de eso, pero el pedido es otro y el protagonista lo explicita: para él es inconcebible la falta de voluntad, que considera la última defensa contra la indiferencia de su sociedad. Aparece Galactus, la unión perfecta entre la catástrofe y lo irreconocible, cerrando la idea de Lee. Norrin se sacrifica en nombre de sus antepasados, los exploradores de lo fantástico que eclipsan a los científicos modernos del planeta. “Nuestras mejores mentes y más grandiosas computadoras concuerdan– ¡Esta situación no tiene esperanza!” dice uno de los eruditos, a lo que el héroe replica “Solo para alguien que ha perdido la fe”. Uno diría que lo hace para recuperar la búsqueda del conocimiento, la convicción ciega en la victoria impulsada por el saber. Otro poco se puede intuir que disfruta de ese cosquilleo de sentir que todo se va al diablo.

Hay una fe constante en el Silver Surfer. Quizás espera demasiado de los humanos y a veces peca de aleccionador, pero las ideas de Lee empiezan a ser más concisas a lo largo de los números. En el número 8 las historias comienzan a ser de veinte páginas, agilizando como nunca una serie y devolviendo a los autores a un estado de narración más orgánico. Stan Lee prueba por qué era el mejor dialoguista de su época, retocando cada frase y exclamación con la pericia que lo convirtió en un dios. Por su lado, Buscema no hacía otra cosa que crecer como dibujante bajo una rotación de excelentes entintadores. El #8 es tanto el debut de Dan Adkins en la serie como el primer issue con menos páginas, haciendo uso total de la grilla de cuatro paneles (donde se animan incluso a jugar con la posición de los globos de diálogo) y buscando métodos narrativos más directos que el de los primeros números entintados por Sinnott.

Silver Surfer Stan Lee John Buscema

Previamente habíamos sido testigos de cuatro números por los hermanos Buscema (#4 a #7) poniendo en práctica todos los conceptos de puesta que serían el modelo a seguir para la editorial. Páginas cargadas de información y trazos gruesos son interrumpidas por minimalismos y el no-detalle que Sal Buscema ponía en contraposición a las lujosas composiciones de su deudo. Muchas veces mal entendido como falta de pericia, la labor del entintador corresponde a señas de identidad artística que persistieron en su estilo: cabezas flotantes, armas imposibles y personajes que apenas entran en los paneles. Abandona la figura escultural del Silver Surfer, acentuando la sensibilidad que enuncia en los diálogos.

John Buscema Stan Lee Silver Surfer

Los números 16 y 17 están a cargo de Chic Stone, en una vuelta total a las tintas definidas y añadiendo casi una tridimensionalidad a los dibujos. Desde un splash inicial donde el protagonista parece salir de la página hasta momentos donde casi no queda rastro del trazo original. Casi un troquelado con vida propia que los fans del entintador sabrán apreciar, y como decían en FF #32: “Has never been more realistic”.

5

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: