Silver Surfer según J. Michael Straczynski y Esad Ribić

Lejos está  la época en la que una muerte de un héroe en las historietas le servía más a la obra en sí que a la editorial. Hoy en día existen dos maneras de tratar los fallecimientos que tienen un eco negativo en los fanáticos: movidas grandilocuentes con la única necesidad de generar un pico de ventas o los fríos asesinatos a manos de un autor  cuya ambición narrativa lo lleva a deshacerse de estos personajes para que no interrumpan en su trama. Silver Surfer afortunadamente no sufrió ninguno de estos tratamientos, y cuando llegó su despedida, narrada por Joseph Michael Straczynski y Esad Ribić, podría decirse que logró irse bajo sus propios términos.

Silver Surfer Requiem

En la segunda mitad de la década del 2000, Marvel reavivó la llama casi extinguida del sello Marvel Knights con una tanda de miniseries apuntadas a un público adulto y ubicadas en ese limbo marvelita de la continuidad bajo la lógica de “si vende, se queda, sino se va abajo de la alfombra”. Silver Surfer: Requiem formó parte de este trinomio comandado editorialmente por Axel Alonso, quien aprovechó su etapa como coordinador en Vertigo para llevarse artistas a la otra vereda. Para esta revista en particular, se valió del talento de Joseph Michael Straczynski, guionista que recuperaba aliento en Thor tras el infame “Mefistazo” en Amazing Spider-Man. Junto al escritor, se sumó un artista croata que empezaba a tener notoriedad gracias al éxito de una serie limitada protagonizada por Loki, y coordinada por el mismísimo Alonso, en la que Esad Ribić mostraba por primera vez su enorme talento como pintor de narrativa secuencial.

Luego de presenciar el ciclo de la vida en su más magnánima y cósmica expresión, Norrin Radd se da cuenta de que su hora final se acerca. No por culpa de una cruenta batalla, ni un virus incurable o por ser el precio a pagar por sus dones cósmicos, simplemente está muriendo, como cualquier otro mortal. Sin ningún rastro de enojo o tristeza, el Surfer acepta su destino y agradece el ser consciente de su condición para despedirse por una última vez de la Tierra, aquel planeta que llamó hogar por largo tiempo, antes de regresar a su verdadera tierra de origen: Zenn-La. Como era de esperarse, su camino estará marcado por la melancolía y la empatía del personaje, encontrándose con interrogantes a los que deberá encontrar la respuesta o incluso siendo él mismo la respuesta a otros.

Silver Surfer Requiem Esad Ribic

En la segunda mitad de esta década, Alonso emigró vario de su talento disponible en Vertigo a la Casa de las Ideas. Así, se destacó una nueva generación de artistas croatas muy influenciados por la escuela balcánica, con los maestros Edwin Biukovic, Mirko Ilić e Igor Kordej, con estilos tan variados que hoy en día son considerados de lo mejor en el mercado. Ribić integra esta nueva camada junto a Goran Parlov, Goran Sudžuka, Danijel Žeželj y, un poquito más tarde, Dalibor Talajić, quienes representan el gran ecosistema de influencias, inspiración y variedad de identidades gráficas con los que cuentan los autores oriundos de esta parte de Europa. Incluso una nueva oleada de estos talentos ya se está dejando ver en la industria norteamericana con los aportes de Stepjan Šejić y Tonči Zonjić.

Pero el protagonista acá es el único pintor de toda esta oleada “intermedia”, dueño de un gran amor por John Buscema, el cual es fácilmente palpable en su trabajo como portadista, por el cual es más conocido. Y si bien es cierto que sus interiores hoy en día son cada vez menos, a causa de una falta de interés en los proyectos por parte del propio Esad, esta etapa de su carrera está marcada por demostrar su competencia en esta tarea. Requiem, es su segundo trabajo después de Loki como historietista integral al menos en la faceta gráfica, y, tras otro proyecto fallido en Marvel Knights con Namor, la editorial configuró su labor para convertirlo más en un dibujante mainstream que para proyectos especiales.

Esad Ribic Silver Surfer

Volumen es una de las palabras claves cuando se habla de este monstruo. Si bien para un lapicista es mejor hablar de trazos para llegar a una forma a la hora de discutir su destreza, Esad Ribić logra hacer algo parecido pero desde la profundidad. Con sus pinceladas, marcadas por un gran uso de colores fríos para sintonizar con el fulgor de su protagonista. Así, crea una densidad en las figuras, edificaciones y vehículos que ayudan muchísimo a la idea de solemnidad que se quiere transmitir con esta historia. Y si antes se hablaba de Buscema, el lenguaje corporal del Surfer denota esa sensibilidad y delicadeza característica del heraldo de Galactus. Muchos pensarán que hay páginas que solo muestran al surfista navegando el vacío del espacio y que no hay narrativa en el plano. Pero la habilidad de Ribić radica en gran parte en eso, retratar al personaje con poses y figuras de exagerada moción pero que no dejan de transmitir la misma idea de formas diferentes.

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Straczynski, a quien podríamos catalogar como “el otro J. M. guionista de comics” junto a DeMatteis, elabora un guion tan simple como efectivo y funcional para el personaje. El escritor apela directamente a la emoción, por la mismísima temática de la historia, pero no de una manera exacerbada o fuera de registro, sino al contrario. La tristeza y melancolía siempre están presentes a lo largo del relato de manera tácita, siempre en un segundo plano. Si bien van a marcar gran parte del tono de la trama, el motor está del otro lado, en el agradecimiento por lo vivido. Por supuesto que hay algunas apariciones de personajes marvelitas a lo largo de la despedida, pero ninguna se queda más de lo necesario. La inclusión de Spider-Man en un capítulo entero podría malinterpretarse como una táctica de marketing, pero la realidad es que ese número es enteramente funcional a lo que se quiere contar y usa al arácnido a la perfección, incluso casi como un mea culpa al “Mefistazo”. Por último, vale la pena mencionar que el mismo año en que salió publicada la miniserie, 20th Century Fox se contactó con J. M. Straczynski para que escriba el guion de un spin-off del Silver Surfer en el cine, el cual hubiese sido una realidad si la segunda película de los Fantastic Four del estudio hubiera tenido éxito. Al menos “Stracza” se contentó con escribir un final más que digno para el personaje creado por Jack Kirby  y dotado de su personalidad única por Stan Lee.

Silver Surfer Requiem

 

Más cercana a la muerte del Captain Marvel que a la de Wolverine, Silver Surfer: Requiem pone el foco en el adiós, en cómo esa despedida afecta a los mundos que atravesó el surfista a lo largo de su vida. Una despedida agridulce, no en el sentido peyorativo hacia la obra, sino en la motivación de la persona a descansar por última vez no sin antes gozar de la presencia de sus seres queridos y mantenerse fiel a sus convicciones. Entender la existencia como finita y valorar cada segundo de ella. Porque, al fin y al cabo, la plenitud de la vida está también marcada por la muerte y en cómo uno decide vivirla, en este caso, hacer las paces con el destino que todos compartimos.

 

Silver Surfer Instagram Ribic

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