Memorabilia: Dr. Weird Special

La desinformación o la carencia de cierto contexto histórico generan varias discusiones (en su mayoría molestas) entre el fandom que provocan un enfrentamiento entre las dos empresas editoriales de mayor vigencia, acusando que una le plagia los personajes a otra y viceversa. Algunos casos son ridículos y mal argumentados, en otros el choreo es admitido e incluso hay un caso de hermanos gemelos separados al nacer: Man-Thing y Swamp Thing. Pero no se puede negar que pese a esas acusaciones, cada creación toma vuelo propio, y en tal caso se le puede agradecer a A por funcionar como inspiración de B. En paralelo, entre los años ’40 y ’60, un sinfín de héroes nacieron bajo una inspiración evidente, pero no todos existieron para lograr un negocio redondo, sino por algo más simple: el amor al género.

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Dr. Weird es uno de tantos (¡cientos, miles!) casos de personajes nacidos bajo dicha inspiración casi acariciando el plagio y que suelen quedar en el olvido en contraposición a los “originales” (aunque en este caso ambos quedaron sepultados por el tiempo). Una creación fanzinera aparecida al inicio de la Silver Age, que hoy cobra cierta relevancia histórica por ser vehículo para dos debutantes: Jim Starlin y George R. R. Martin. Sí, ese escritor que muchos aman odiar por su saga de literatura fantástica A Song of Ice and Fire.

Su creador, Howard Keltner, afirma haberse inspirado en un ignoto héroe de la Golden Age, Mr. Justice. Su aparición en un número de Blue Ribbon Comics de 1941 lo motivó a crear un héroe de similares características. Hoy día uno también puede apuntar con el dedo y marcar similitudes con el marvelita Dr. Strange y el Spectre de la Distinguida Competencia, pero Keltner afirma no haber conocido al personaje titular de la More Fun Comics, y que la primera aparición de Stephen Strange coincidió con la primera aparición del Dr. Weird.

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Esta primera aparición fue en Star-Studded Comics #1, revista llevada a cabo por Keltner, Buddy Saunders y Larry Herndon, todos fanzineros entusiastas de los superhéroes (Howard fue redactor del mítico Alter Ego comandado por Roy Thomas), conocidos como el Texas Trio. Si bien el Doctor ya existía desde los años 40, es acá donde comienza a darse a conocer. La publicación, que dejó en su haber 18 revistas, generó cierta atención entre varios lectores, entre ellos unos jovencitos Martin y Starlin, quienes se contactaron para entregar guiones e ilustraciones respectivamente. Los chicos crecen y la década del ’70 los encuentra buscando el profesionalismo y abandonando a Weird. Pero aún así, su marca en ellos es profunda: mientras que el novelista admitió reutilizar algunas de sus ideas volcadas en la revista, también se puede ver cierta similitud en su diseño con el Drax original del dibujante.

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Lo entretenido de ver en Dr. Weird es cómo pasa de ser una historia de ciencia ficción  mezclada con misticismo que no destacaba del montón hasta que entra Martin. Su origen se debe al asesinato de un viajero del tiempo que salta del año 2013 al 1963. Al ser asesinado años antes de su nacimiento, tiene que quedarse atrapado como un ser etéreo capaz de solidificarse. Un origen que podemos acusar de pavo y con bastantes similitudes a Spectre o Deadman.

Sin embargo, el futuro novelista lo aleja de ahí y le crea un universo propio, con antagonistas más relacionados con la fantasía épica, donde el Dr. combate a seres demoníacos con habilidades perpetradas por la magia negra. También arma los Demon-Prince Mythos, tratando de darle cierta continuidad histórica al personaje y a los enemigos que combate. Estas aventuras fueron publicadas originalmente en los dos (y únicos) comics-books que llevaban el nombre de héroe. El trabajo del novelista era de armar historias que entre Jim y Howard se encargaban de adaptar a guiones bastante cargados de palabras.

Además de co-guionista, Starlin era el dibujante, y es interesante ver lo tosco del arte en general. Las poses, los rostros, los planos utilizados muestran a alguien que, estando lejos del nivel que alcanzaría unos pocos años después, se mostraba como un diamante en bruto. Aún así, es divertido ver estas dos imágenes que probablemente debería levantarle la ceja a más de uno con el diario del lunes:

 

Todo esto pudo haber pasado al olvido o al mero anecdotario si no fuera por Gary Carlson y Edward DeGeorge, quienes estaban al mando de la antología Big Bang Comics, en ese entonces parte de Caliber Press. Ambos coordinaron este issue que en 64 páginas recopila algunas historias creadas por el trinomio Keltner/Starlin/Martin, además de entrevistas al creador y guionista. Todo esto para no solo mostrar los primeros y promisorios pasos de dos artistas hoy galardonados en lo suyo, sino para rescatar una etapa embebida por la inocencia y el cariño de un grupo de chicos por los superhéroes, echando luz sobre aquellos que, lejos de llegar al éxito, quedaron bajo las sombras.

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