Marvel Select: Tales of Suspense

Última entrega del trío de prestiges que intentó capitalizar el éxito de Marvels en propuestas más acotadas y pero aptas para cualquier lector interesado en los personajes de la editorial. Para este relato, James Robinson probó suerte escribiendo al Captain América y Iron Man en una intrincada historia de espionaje y terrorismo con una tónica muy diferente a las aventuras previas. En esta resurrección de la revista Tales of Suspense, el dibujante británico Colin MacNeil sirvió como su compañero mientras saltaba de proyecto en proyecto para las “Big Two” de Estados Unidos.

Tales of Suspense

La trama gira alrededor del grupo terrorista D.A.N.T.E. el cual busca llevar a cabo un asesinato que sirva como una suerte de acción publicitaria para adquirir notoriedad mundial. Para esto, utilizarán los servicios de un asesino de renombre mundial, Beck, y tecnología bastante similar a la que solía manufacturar Stark Industries. Por su parte, S.H.I.E.L.D. contactará con los dos héroes por separado para que puedan neutralizar la amenaza antes de que se vuelva un peligro para cualquier nación del mundo.

Como verán, no se trata de un guion ingenioso como en Strange Tales ni aventuresco como en Tales to Astonish sino más al grano y mucho más siniestro. Robinson aprovecha el tono de espionaje y thriller para enfatizar la peligrosidad que puede llegar a presentar esta nueva organización. No obstante, en lo que más hace foto el autor es en los procesos internos de los protagonistas, cómo cada uno ve al otro y se reflejan mutuamente virtudes y falencias.

Tales of Suspense James Robinson Colin MacNeil

La conexión de James Robinson y Marcus McLaurin se da en la novela gráfica 67 Seconds, dibujada por el compañero de Grant Morrison en Zenith, Steve Yeowell. El unitario salió publicado en 1992, durante los últimos días del sello Epic y donde McLaurin editaba algunos proyectos, incluyendo el mencionado. Años después su carrera despegará en DC Comics con Starman, uno de los pilares del género superheroico durante la década de los ’90, no sin antes probar suerte en otras editoriales con algunos otros proyectos como EctoKid, en el sello Razorline de Marvel bajo la tutela del coordinador y junto a Steve Skroce, y Firearm, ya con Malibu Comics antes y después de que sea adquirida por la editorial previamente mencionada.

Para su primer intento con personajes de primera línea, el escriba inglés demuestra su conocimiento de ambas figuras pero también cierta dificultad para hacerlas brillar en su máximo esplendor. Su voz en off denota su noción de lo que significan dos de los pilares de los Avengers pero se queda un poco en ella y el relato sufre un poco a causa de una falta de fuerza hacia el final. Sin embargo, no deja de ser una lectura bastante entretenida y una postal de lo que era el universo marvelita en ese entonces: músculos y dientes apretados pero con el heroísmo intacto.

Iron Man Captain America Tales of Suspense

El dúo británico no estaría completo sin el voluminoso arte de Colin MacNeil, quien comparte un poco de la estética noventosa de cuerpos agigantados pero con un sentido mucho más expresivo y maleable.  Para entender su participación en este tomo hay que introducir a un nuevo jugador en el tablero: Steve White. Otro oriundo de la nación ex integrante de la Unión Europea que supo coordinar varios títulos de la Marvel UK como Death Head’s Head y Knights of Pendragon. También lideró la antología Dinosaurs, A Celebration en la que participó además como escritor e ilustrador para historias protagonizadas por criaturas xenozoicas. McLaurin también ayudaba en las labores de edición y en el cuarto número de la serie le tocó mojar al propio MacNeil.

Aunque no sean muchos sus trabajos para Marvel Comics, más allá de algunas colaboraciones para Conan y la A1 en Epic, el dibujante aprovecha mucho la oportunidad de trabajar en una historieta pintada como artista integral. La yuxtaposición del azul y el naranja recuerdan un poco a la tónica lúgubre de las calles en Judge Dredd: América, saga en la que tuvo la misma responsabilidad visual a principios de los ’90. Y este personaje no es nombrado al azar porque al parecer su compañero conoce tan bien su trabajo en este universo que hasta introduce un símil S.H.I.E.L.D. japonés, en un claro homenaje a “Our Man in Hondo”, la historia del universo de Dredd que transcurre en una Japón con su propio sistema de jueces, que más adelante sería expandido por Robbie Morrison con Shimura. Incluso la conexión se vuelve inescapable ante la aparición de un empresario nipón al que casi se podría considerar como un primo lejano del ronin ex agente de la ley.

Colin MacNeil Tales of Suspense

Volviendo al arte de MacNeil, la idea de dualidad y comparación entre el Cap y Tony también está acentuada desde la parte artística. Una de las cosas que más resalta su arte es su ojo para la disposición de la página. El juego con grillas de viñetas pares suma mucho al planteamiento de Robinson para contraponer a estos Avengers. Las puestas distribuyen la participación de cada uno de los personajes para dar espacio en este juego de soliloquios entre ellos. Con un especial cuidado en la disposición de los textos de parte de Richard Starkings, quien demostró tener un ojo sagaz como letrista durante las tres entregas.

Por último, lamentablemente como el guion de su coequiper, el dibujo decae un poco más en las últimas páginas. El lento declive del guion podría haber impactado un poco en el ilustrador y así dejar una conclusión a la que quizás le faltaban algunas páginas para concretar su intención. Si bien es menester mencionar que pierde un poco de fuerza la parte gráfica, no es una mancha que llegue a cancelar las páginas previas. Definitivamente el trabajo más singular y arriesgado del trío.

Tales of Suspense Colin MacNeil

Lo que queda es un simple relato de una aventura entre ambos héroes cargada de caracterización y contraposiciones entre ambas figuras. No hay mucho más que profundizar salvo la buena disposición de Robinson para comparar y no enfrentar a Steve y Tony, algo que sería más rentable diez años después. Como lo suelen ser en estos proyectos, el dibujante se lleva todas las glorias, con una sensibilidad muy diferente a la de anteriores entregas y con un arranque digno aunque con una leve falta de experiencia con esta clase de personajes.

Llegamos al final de este tríptico de prestiges pergeniado por la Casa de las Ideas y ejecutado por Marcus McLaurin, con equipos creativos a la altura del partido pero sin demasiada ambición narrativa. La historia de este acotado sello editorial no llega a su fin, en el futuro próximo se revisitarán otras publicaciones del Marvel Select, con la misma propuesta estética pero publicada en distintos formatos, casi como un tubo de ensayo antes de su finitud.

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