El humor según Kyle Baker

Las situaciones al límite suelen ser uno de los pilares para las historias de acción o suspenso apuntadas al público adulto. ¿Qué estarías dispuesto a hacer si estás contra las cuerdas en todo sentido? ¿Cuánto estás dispuesto a arriesgar de tu integridad, tanto física como moral, para salir de esta? Kyle Baker demuestra que en estos relatos hay espacio para el humor, pero no la comedia situacional sino una similar a la que se da al momento de contar una anécdota.

I Die At Midnight

“¿Te acordás la vez en la que me suicidé porque me habías cortado?”, podría ser el inicio de esta historieta para recordar el mal rato que pasó Larry la noche del 31 de diciembre de 1999. I Die at Midnight es un unitario creado por Kyle Baker y publicado por el sello Vertigo de DC Comics bajo la iniciativa V2K, un lanzamiento de varias series y one-shots a modo de bienvenida al nuevo milenio. Aunque la propuesta pasó por debajo del radar de muchos consumidores, sí logró interesantes proyectos como The Pulp Fantastic, con Howard Chaykin y David Tischman en los guiones y Rick Burchett en los lápices, y The Four Horsemen, de Robert Rodi y Esad Ribić pareja que al poco tiempo la pegaría en Marvel con la miniserie Loki. En este evento de quinta semana también se intentó apostar por el humor con el lanzamiento de este prestige de 64 páginas que incluye el cómic en cuestión.

I Die At Midnight Kyle Baker

 

Una ópera musicaliza la última cena del protagonista, cuyo plato principal es un frasco de pastillas para dejar este mundo no sin una oportuna carta de despedida adornada con un oportuno horror de ortografía. Su ex, Muriel, lo dejó por un tipo igual de torpe que él pero con más músculos que cerebro, por ende, el suicidio es la única opción para Larry. No obstante, una vez que el cóctel de analgésicos ingresa a su cuerpo, recibe una inesperada visita. Su ex recapacitó y decidió regresar a sus brazos en una suerte de giro digno de una comedia romántica que se dio antes de esta historieta. Pero aún no hay tiempo para la felicidad, ya que debe deshacerse cuanto antes de la muerte que habita en su cuerpo. Luego de varios intentos frustrados de evacuar las cápsulas, la pequeña ventana de tiempo que tenía para salvarse se acabó ya que las drogas se asentaron en su sistema. Su única esperanza es cruzar todo New York antes de la medianoche para encontrarse con una doctora que le entregará la cura, todo sin que su amada se entere de su drástica decisión.

Toda esta descripción previa realmente no le hace justicia a la velocidad y síntesis con la que Kyle Baker dispone la información en las viñetas. Con una narrativa centrada en el poder de narración que tienen cada una de estas imágenes, el artista saca a deslucir su versatilidad estilística en una obra que parece mezclar la expresividad caricaturesca de Chuck Jones con lo intrépido y frenético de un cómic de Will Eisner. Aunque se distancia de su realismo satírico de Why I Hate Saturn, la fuerza del relato por momentos se equipara la de Dick Tracy, aunque sin la barroca melange de registros. Eso sí, gran parte de la comedia se apoya en el estilo de película animada, muy en sintonía con su trabajo en Plastic Man.

Kyle Baker I Die At Midnight

Sin embargo lo más destacable de la fase gráfica es el uso del coloreado digital. En los albores del nuevo milenio, esta técnica no tuvo la mejor publicidad en el noveno arte, la cual fue impulsada por la estética de Image Comics durante la década pasada y los resultados de obras como The Dark Knight Strikes Again, no sin una noble intención de parte de Lynn Varley, lo cual no fue suficiente para los lectores y la crítica del momento. Pero Baker vuela alto donde otros tropiezan, con colores planos bien distribuidos, iluminación exagerada pero resolutiva y un cuidado especial en las expresiones faciales y detalles de ropas y texturas que enmascaran las herramientas digitales con una mímesis envidiable para la época. Puede que algunas formas de modelado 3D resalten en las páginas como objetos surreales y fuera de registro, pero también destacan como elementos que subrayan la sensación de que uno está leyendo una historieta pero sin romper la suspensión del descreimiento. Un punto en el que muchos fallan pero que el autor, ayudado por su estilo y prosa comiqueril, sale más que victorioso.

Las secuencias finales solo podrían ser catalogadas como una cornucopia de información visual conformada por deformaciones de viñetas, técnicas de narrativa, referencias (y autorreferencias) y una explosión de colores. Con un frenetismo que se acelera a medida que los ojos registran el abrumador nivel de información visual que se presenta con un dinamismo sagaz a la hora de elegir la puesta de cámara para cada uno de los cuadros. Vale la pena mencionar que existe una versión más reciente de la obra, con bastantes retoques en las texturas, colores, sombras y relieves que cambian bastante con respecto a la publicación original. Donde se ve más beneficiado es al final, donde el dibujante mejora muchísimo los cuadros a partir de estas herramientas, los cuales si bien en su versión original no estaban decididamente mal, sí se notaba una apurada en los acabados.

A la izquierda el prestige de Vertigo original del 2000 y a la derecha la edición de 2015 de Quality Jollity.

Por último pero no menos importante, el texto cumple una función trasversal en la narración de la obra, y no por ser esa vía para que el autor pueda brindar información contextual al relato sino por generar esa simbiosis entre los elementos visuales y textuales tan propio de la historieta. Pero el estilo Baker dicta que siempre debe haber un giro, y relaciona los diálogos y la voz en off con el apartado gráfico de una y mil maneras. Yendo en dirección opuesta a los dibujos, para narrar una situación paralela o para acrecentar la tonalidad cómica; marcando el ritmo de las secuencias, con breves oraciones o inacabables monólogos y contestaciones; o brindando esa pieza clave de información mínimamente necesaria para entender la historia, llevado a cabo de una manera tan sutil que habla volúmenes de la artesanía del autor. No obstante, la carencia del mismo también cumple un rol fundamental, lo cual denota la capacidad de decisión para dejar hablar al dibujo, una sensación similar a la narrativa acelerada del manga, pero con más pausas/paneles para una dialéctica historietística más cercana a la escuela americana.

I Die at Midnight color

En un mundo actual dominado por series longevas, continuaciones, muertes y resurrecciones, las puertas de entrada desenfadadas y con un apartado gráfico atractivo no suelen encontrarse fácilmente. I Die at Midnight es Kyle Baker dándole la mano al lector para llevarlo por un paseo de adrenalina, humor y sobredosis visual que solo lo deja con ganas de conocer más de la obra de este artesano digital del comic.

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