El humor según Ben Edlund

A lo largo de los años, las historietas de superhéroes que parodian al género se convirtieron en una constante del género desde sus inicios hasta la actualidad. Estas explican la vigencia de personajes como Deadpool, los cuales rompen la cuarta pared y le hablan directamente al lector. Dejando de lado las modas y las tendencias propias de cada generación, sin un ingrediente como el humor se haría muy difícil que el lector pueda empatizar con vigilantes encapotados y seres superpoderosos.

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Entre todas aquellas parodias que se publicaron en la segunda mitad de la década de los ochenta, una de las más recordadas es The Tick, un personaje creado en 1986 por el estudiante de cine Ben Edlund para el número 14 del newsletter de New England Comics, una comiquería de Massachusets que frecuentaba desde su infancia. En apenas tres páginas, Edlund nos presenta un superhéroe hipermusculoso con traje de insecto y una sonrisa desquiciada, internado en una institución mental de la que logra escaparse. A pesar de lo crudo del dibujo, la idea es muy divertida y la narrativa con pantallas de TV al estilo del Dark Knight Returns logró captar la atención de los lectores.

El éxito del personaje fue inmediato y dos años después se publica el primer número de su propio título, con páginas redibujadas especialmente para la ocasión. Además de encontrarse con varios ciudadanos en un bar, Tick se cruza con otro superhéroe, un reportero llamado Clark al que le hará la vida imposible cuando entre a trabajar al mismo diario que él como editor de crucigramas. Esta primera mitad de la serie a nivel visual es la más floja debido a que el autor recién estaba empezando y todavía no había refinado su estilo del todo. En el cuarto número hace su debut Arthur, un oficinista con un traje de polilla que se convertirá en el compañero de aventuras de nuestro héroe, sirviendo de contrapunto y voz de la razón frente al heroísmo sin límites del protagonista.

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Tras el final del arco de los ninjas (dibujado por el entintador Max Banks), da inicio la segunda mitad de la serie regular con un enfrentamiento con Red Scare, un supervillano alquilado por Running Guy, una parodia de Flash. En esta etapa se suma como entintador Dave Garcia y el dibujo de Edlund se vuelve cada vez más estilizado y refinado, además que los guiones mejoran muchísimo: en el siguiente número, el héroe es reclutado por una parodia de Dick Tracy para hacerle frente a Chairface Chippendale, un villano con cara de silla que quiere escribir su nombre en la luna. También, el protagonismo de Arthur crece muchísimo conforme aparecen personajes como el jefe de su trabajo o su hermana, que lo quieren internar en un manicomio.

Si bien la serie sufría varios retrasos en las fechas de entrega, el compromiso de los lectores no disminuía en lo absoluto y el creador aprovecha para introducir nuevos personajes secundarios totalmente disparatados como Man-Eating Cow (una vaca caníbal que salva a Tick de los esbirros de Chippendale), el Chainsaw Vigilante (un cazador de superhéroes) y el mejor de todos: Barry Hubris, una versión ultraviolenta y millonaria del protagonista que también se llama The Tick. La pelea entre ambos por quién es el legítimo dueño del nombre es uno de los puntos más altos de la serie, que terminaría con un final inconcluso en el número 12. Mientras las cifras de venta y los spin-offs se multiplicaban, su autor estaba cada vez más ocupado en adaptar su creación a otros medios.

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Al año después debutó la serie animada del personaje en la que su creador se encargó de realizar la propuesta original de la primera temporada además de escribir junto a otros guionistas casi la totalidad de los episodios. Entre ellos estaba Christopher McCulloch, que ya había colaborado en los comics del personaje y en un futuro sería uno de los creadores de Venture Bros. Ben Edlund siguió colaborando esporádicamente haciendo portadas o escribiendo algunos guiones en estos cómics junto con nuevos autores como Eli Stone, uno de sus mejores sucesores. Pero a partir de ese momento su carrera se volcó principalmente a la escritura de guiones para cine y series de TV, entre ellas dos series live action del personaje.

La miniserie original de Edlund se ha reeditado en infinidad de ocasiones en todos los formatos posibles tanto en color como en blanco y negro e inclusive llegó a tener un número 13 apócrifo a cargo de otros autores, que es sumamente prescindible. Quedan esos míticos doce números que hasta el día de hoy no han perdido vigencia, consolidándose como una de las parodias del género más divertidas y memorables de todos los tiempos.

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