Destroyer Duck (Parte 3)

Tras su despido de Marvel, Steve Gerber se traslada hacia la costa oeste para probar suerte como guionista dentro de estudios de animación, donde logra triunfar. Sin embargo, y pese a este prometedor porvenir, decide tomar acciones legales contra la Marvel por el querido Howard. Pero claro, demandar a una de las empresas más poderosas del país requería de un gran caudal de dinero para afrontar los costos y las consecuencias de esta disputa. Era el momento ideal para volver a las historietas y juntar algo de plata para el juicio.

Gerber decide despuntar el vicio en Eclipse Comics, una novel editorial fundada por los hermanos Jan y Dean Mullaney a finales de los ’70,  que publicaban las primeras novelas gráficas que se vendían a través del mercado directo en comiquerías, lo cual generaba cierta libertad en los temas a tratar, o incluso en el lenguaje explícito. Para este formato, el guionista arma junto a Gene Colan y Tom Palmer (compañeros de arma en Howard the Duck) Stewart the Rat. Si bien la novela gráfica vende menos de lo esperado, Eclipse se convierte en el lugar idóneo para comenzar una revista antológica que serviría para pagar el juicio.

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De los siete números que se llegaron a publicar, que salían sin ningún tipo de periodicidad, solo cinco contaron con los guiones de Gerber y los lápices de Jack Kirby (entintado por el maestro Alfredo Alcalá). En éstos el escritor contaba una historia donde, fiel a su estilo, no perdonaba a nada ni a nadie, de manera velada o directa. Como absoluta declaración de principios, así arrancaba el número 1:

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El mensaje es claro: Godcorp es la Marvel y Gerber deja en claro que ellos quieren explotar a Howard, acá representado como The Little Guy, por el simple hecho de que les pertenece. The Little Guy es secuestrado desde su planeta (habitado por seres antropomórficos) por la compañía diabólica cuyos motivos son claramente de explotación y prostitución del personajito, hasta que logra regresar a su planeta. Moribundo, llega hasta el hogar de Duke “Destroyer” Duck, donde le cuenta su historia. Este último decide viajar hacia la Tierra para vengar la muerte de su único amigo. Allá lo aguarda Holmes, un abogado vestido de superhéroe, bastante similar a Matt Murdock, que estaba luchando por la desvinculación de Litte Guy de la empresa. Holmes pone en palabras lo que Steve pensaba de la Casa de las Ideas: en cuestiones leguleyas, las empresas se hacen las boludas y dan vueltas, logrando que las denuncias queden en el olvido a fuerza de falta de respuestas.

Los números restantes sirven como vehículo para que el guionista continúe su lucha contra la sociedad de consumo: Godcorp, como su nombre bien indica, es una industria omnisciente que controla varios negociados, teniendo relaciones con grupos extremistas islámicos (una brillante parodia al Pac-Man). La obsesión de la figura de publicidad explotada hasta los límites encuentra su punto más oscuro con la aparición de Opal, una nenita menor de edad que, por una malformación de nacimiento, emite feromonas que obsesiona a las personas. Opal y su madre se convierten en propiedad de Godcorp, y además se vuelve la cara de un producto publicitario, cambiando su nombre a Vanilla Cupcake™. Pero antes de obligarla a ser parte de la empresa, se la sometió a viles experimentos para lograr sintetizar ese aroma controlador que emite.

Nacida desde la necesidad, Destroyer Duck (y al caso, Stewart the Rat) es un Gerber preocupado por el consumo. Las historias probablemente no estén a la altura de la leyenda, pero seguramente no era eso lo que necesitaba Steve, sino, además de juntar dinero, dar un mensaje que hace no mucho tiempo se discutía en el medio: las cuestiones legales dentro de las historietas. Una misión que cuenta como antecedente a  Neal Adams luchando para que los creadores de Superman recibieran su acreditación necesaria y no murieran de hambre. Gerber, si bien su contrato como work for hire haya sido más favorable para Marvel que para él, necesitaba dejar en claro que los personajes le pertenecen más a los autores que a las empresas. No hace falta aclarar que el juicio lo perdió como en la guerra, pero los cimientos quedaron establecidos. La proliferación de editoriales más chicas que las Big Two dieron cuenta el nacimiento del creator owned, algo que irónicamente, Marvel también aplicaría para la línea de Epic.

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Solo el primer número de Destroyer Duck funcionó como una antología en sí, contando con colaboraciones de Mark Evanier, Dan Spiegle, Martin Pasko, Joe Staton y Scott Shaw para narrar “grandes momentos en la historia del cómic”, además de una aventura de Groo the Wanderer de Sergio Aragones. Del 2 al 7, hizo su aparición The Starling, un personaje creado por Jerry Siegel (otra figura que estaba en tratativas legales por cuestiones de copyright) y Val Mayerik.

Los últimos dos números cuentan con un cambio de equipo creativo con Buzz Dixon como guionista y Gary Kato en el dibujo (también acompañado por Alcalá), mientras Gerber oficia de editor. Sin llegar al nivel crítico de antes, Dixon arma una historia que parodia la sitcom Gilligan’s Island con un tema de candente (e incómoda) actualidad como fue el virus del HIV en los ’80. Un científico paraplégico secuestra a un grupo de personas que, por su promiscuidad, contrajeron una variante mortal de la sífilis, que los convierte en zombies. La historia se cierra en el número siguiente, mientras que The Starling continúa en su propia serie de comic-books también por Eclipse. Hasta acá llegamos con Destroyer Duck, que luego tuvo una aparición especial para Image junto al Savage Dragon de Erik Larsen.

¿Y mientras tanto, qué pasaba con Howard? Steven Grant armó primero un unitario para la antología en magazine Bizarre Adventures y luego fue parte de dos revistas que continuaban la numeración original (32 y 33, este último número escrito por Christopher Sager). Para este entonces se estrenó la bochornosa película de George Lucas que contó con una adaptación en formato miniserie hecha por Kyle Baker. A finales de los ’80, Gerber volvió a Marvel primero para cuatro números de Sensational She-Hulk donde metió al pato a hacer cameos. La última aparición del personaje en el Siglo XX fue en el Spider-Man Team-Up #5.

 

(el mes que viene, el Siglo XXI le daría a Gerber una última oportunidad)

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