Metafficción según Dan Abnett e Igor Kordej

El fanatismo y la idolatría son dos conceptos a veces indistinguibles por su connotación cuasi religiosa para con figuras totémicas. Una línea divide al ídolo del fanático/feligrés, mientras que para las creencias sobrenaturales se trata de la divinidad, pero en la devoción más terrenal la división se vuelve más borrosa. ¿Cómo afecta la idealización de una persona a nuestras vidas? ¿Qué busca cada uno con su idolatría? Dan Abnett e Igor Kordej no intentan responder estos cuestionamientos sino plantearlos como puntos de partida en Wonder Years.

Wonder Years Dan Abnett Igor Kordej

Luego de la primera oleada de títulos de Marvel Select, la editorial decidió apostar por otro formato pero siguiendo la misma propuesta estética. Es así que el coordinador Marc McLaurin volvió al ruedo con tres equipos creativos diferentes para proyectos que esta vez tendrán más relación con Marvels que solo compartir la vertiente artística. La nueva tanda de revistas fueron bautizadas con el subtítulo Tales of the Marvels, dedicado a estas historias que ahondan en el impacto que tienen las figuras superheroicas en los ciudadanos comunes y corrientes.

Wonder Years fue la única historia que debió ocupar más de un issue de las tres, todas a pesar de ser comic-books, contaban con el característico acetato de la línea Select y cerca de 32 páginas cada una. Un formato menos cuidado que el clásico prestige pero con la idea de mantener el prestigio y la calidad en línea con una serie de relatos con un aspiracional mucho mayo al del típico comic de superhéroes. Escrita por Dan Abnett, quien ya tuvo contacto con el editor algunos trabajos sueltos y la antología Dinosaurs, A Celebration; e Igor Kordej, quizás el mejor fichaje de McLaurin para la Casa de las Ideas de toda su carrera.

Tales of the Marvels The Wonder Years

Cindy Knutz es una joven fanática de Wonder Man, tanto de su identidad de superhéroe como de actor de Hollywood. Su más preciada posesión son un par de los característicos anteojos rojos, adquiridos luego de que el artista fuera noqueado por el Red Ronin, tras un ataque en Nueva Jersey en el que también la salvó de una muerte inminente. Completamente perdida en su idolatría hacia Williams, decide escaparse de su hogar y vaijar a Los Ángeles, ciudad donde él está localizado junto a los West Coast Avengers, con la esperanza de devolverle su pertenencia, y quizás lograr cumplir su fantasía adolescentoide. Una vez en la tierra de los estudios de cine y televisión, se une a su club de fans oficial, cuyos newsletters y avisos incluso forman parte de la historieta. Allí, traba amistad con la presidenta del fanclub, Bernie Sedaka, su confidente y junto con quien serán testigos de la muerte del hombre iónico como sucede en el primer número de Force Works, también guionada por Abnett. No obstante, Knutz confía en su amado y tiene la certeza de que su muerte no será definitiva. Al fin y a cabo, es algo común en el mundo de los héroes y él ya pasó por una experiencia similar, ¿no es así?

Wonder Years Marvel Select

Ya desde la primera página se le presenta al lector el quid de la cuestión: una imagen icónica del comic de superhéroes con una frase que conecta con la narración fría de la protagonista. Dos expresiones que fácilmente podrían confundirse y que al mismo tiempo separan dos mundos, la construcción ideal y el mundo real. El contraste entre el póster, en el que Kordej aún fuera de su propio registro sale completamente airoso, y la habitación que lo contiene, el club de fans del héroe, funciona casi como una declaración de principios para el resto de la historia: ambos coexisten pero siempre delimitados el uno por el otro. La estrella y su público, el fan y su ídolo.

La dualidad será el corte trasversal de esta historia, concepto que se nutre del propio alias de Simon Williams. Su protagonista narra la trama en presente, sabiendo a quién quiere pero ignorando qué es lo que quiere. Solo vislumbrando las últimas consecuencias, tanto del héroe como de sus seres queridos, le permitirá conocer la verdadera naturaleza de su fanatismo: la proyección. El querer ser versus la propia identidad son algunas de las cuestiones que la obra toca indirectamente. Aunque no las profundiza, sí las toca elegantemente sin interrumpir el relato.

Wonder Years

Al final de la obra, se produce un giro copernicano, en el que Cindy obedece los designios de su ídolo, pero sin ánimo de complacencia hacia su figura sino por motus propio. Así, se emancipa de una vez por todas de su adolescencia para atender a sus afectos tangibles, aquellos con los que puede tener una relación, a diferencia del risueño encuentro con Wonder Man que tanto anheló.

Wonder Years no es una obra netamente metaficcional, no busca la introspección en el ámbito del medio y sus personajes ni la lógica de la industria y sus trabajadores. Sin embargo, sí funciona como metacomentario sobre el fanatismo, sus consecuencias y la idealización adolescente. En una industria donde las empresas buscan captar la atención del público al eclipsar el talento del artista con la figura mesiánica del personaje, el mensaje se vuelve mucho más claro. Aunque la historieta no tenga animosidad crítica, sí cuenta con una nota final tan contundente como melancólica, con la que muchos pueden relacionarse: gracias por todo, fue divertido mientras duró. Un comentario más que acertado para definir una época como la década de los noventa en el mundo del comic.

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