La adultez según Osamu Tezuka (parte 2)

Muchos suelen ubicar en los años ’70 el período en el que Osamu Tezuka dedicó su carrera a explorar los límites del gekiga, siempre de menor a mayor, aprendiendo con cada obra que se despachaba año a año. El primer argumento que surge para sustentar este postulado es el desafío que sintió de parte de los autores cuyas obras se encontraban en las antípodas de su artesanía. El ápice de popularidad que tuvo la revista Garo durante la segunda mitad de los ’60 también cumple un rol importante, sin ella no hubiese existido la COM, la cual duró apenas cinco años luego de que viera la luz en 1967, sobrepasada totalmente por su rival. Pero, lo cierto es que el génesis de este interés por la temática adulta surge antes de esta explosión del manga sofisticado.

Tezuka Osamu Shinsengumi

El manga no kamisama podría haber dejado de trabajar luego de los ’50 y su apodo prácticamente no hubiera cambiado. Luego de diez años de haber cambiado la forma de narrar en paneles y de hacer historias apuntadas a los más chicos, los intereses del sensei para con la historieta cambiaron de manera orgánica. Aunque al principio siempre quedaba a medio camino, lo cierto es que Tezuka lograba deslizar en las viñetas alguna parte de su ideología. Ya sea con adaptaciones literarias, como Crimen y Castigo, o sus trabajos sobre mitología como Son Goku, el Rey Mono, la reformulación de los dramas humanos y místicos no dejaron de tener una impronta, como mínimo, digna de mención. Los sesentas trajo una sofisticación para el medio, que empezó a cocinarse del otro lado de la vereda historietísica con autores como Sanpei Shirato, Yoshihiro Tatsumi o Shigeru Mizuki. A los rebeldes les gusta contar que desafiaron al prócer al sentar un postulado con sus creaciones, más interesadas por narrar relatos crudos sobre la miseria humana o un revisionismo histórico cargado de ideología. Si bien el desafío es directo, del otro lado la recepción es otra, el creador de Astro Boy no pudo sentir otra cosa que fascinación al ver este tratamiento. Influenciado por estas historias, intentó acoplar a su trabajo un desafío más: contar una historia madura sin sacrificar su característico estilo.

Shinsengumi

Así llega Shinsengumi, una obra histórica de 1963 que consta de apenas 5 capítulos serializados en la revista Shōnen Book, la predecesora a la mega exitosa Weekly Shōnen Jump de la editorial Shueisha, y hogar de Mach GoGoGo, más conocido para occidente como Speed Racer o Meteoro. Ya de por sí, un lugar bastante raro para una historieta de este calibre, un jidaigeki (drama de época) que, si bien está protagonizado por un joven, su desarrollo no tiene nada que ver con lo que al público objetivo le podría llegar a interesar en ese momento. A cualquier estudiante de primaria que leyera la revista en un momento de ocio no le habría causado mucha gracia encontrarse con lo que tranquilamente podría ser una clase de historia en viñetas.

La trama gira en torno a Kyujuro Fukakusa, quien decide alistarse en la fuerza policial que da nombre al relato para vengar la muerte de su padre. Este grupo paramilitar (literalmente “nuevo escuadrón”) formado por un conjunto de rōnin autoconvocados tuvo un breve período de actividad durante la década de 1860 en Japón. Su misión era la de proteger a los representantes del shogunato en Kioto tras la apertura a occidente, lo que ocasionó presiones tanto externas como internas: naciones que mostraban su poderío militar para apurar los tratados de comercios y ciudadanos japoneses que veían con descontento la disminución de la figura del Emperador. Aunque al principio fue un bastión de resistencia para los japoneses que se rehusaban a abandonar sus tradiciones, tildadas de barbáricas, su fin llegó a causa de disputas internas entre los grupos de poder y el gran número de simpatizantes del Emperador, quienes buscaban apoyarse en un líder fuerte en medio de esta transformación de la sociedad.

Shinsengumi

 

El protagonista se enfrentará directamente con estas consecuencias de la época, narrada en ese estilo tan caricaturesco y cómico pero sin descuidar el tratamiento histórico. En este último concepto es que se puede ver la primera influencia en el dibujante de sus “contrincantes”, con el afán de recrear el período previo a lo que se conoce como la Restauración Meiji y así disparar los conflictos a través del contexto. Incluso llegan a participar personajes reales como Kamo Serizawa y Kondō Isami, ambos jefes de la milicia que actuarán como contrapuntos e influirán en la vida del propio Kyujuro, para bien o para mal. Incluso el pensador Ryōma Sakamoto, pieza clave del fin del feudalismo y el período Meiji, hace una aparición para servir como mentor del joven. 

El setting y las personalidades presentes dan el paso a que el autor pueda retratar sin tapujos la cruel realidad del momento, llena de traiciones e intrigas políticas, asesinatos, duelos a muerte y torturas, todo salpicado con un espíritu crítico de la tradición nipona. Escenas de una brutalidad sórdida, que con el trazo “tezukiano” generan todavía más impacto por retratar mutilaciones de personajes aniñados, además de estar dibujadas con un brillante uso de los contrastes en blanco y negro. Viñetas que terminan cortadas por las espadas, salpicones de sangre de color carbón y sablazos a mansalva por doquier acumulan un ritmo vertiginoso que pocas veces le da respiro al personaje principal, quien se ve envuelto en una telaraña de tragedias producto de su sed de sangre. Casi como una deconstrucción de la figura romántica del samurai y el código del bushidō, Kyu se vuelve un títere del destino que se encuentra atrapado entre el deber y el querer, como también lo estaba ese Japón a medio camino entre la tradición y la revolución.

Shinsengumi Tezuka

 

En un principio, Tezuka se despachó esta breve pero contundente historia y luego continuó publicando en la misma revista Big X, un manga ya más orientado a la ciencia ficción y a un público aún más joven todavía. Lo cierto es que el maestro tenía la intención de continuar con su trabajo pero la poca popularidad de la obra lo obligó a cancelarla en la mitad de su desarrollo. Su plan era llevar a sus personajes a otros eventos históricos y explorar un poco más las puntas narrativas que podría ofrecer la nación en este período de transición. Pero el fracaso siempre lo abatió, hasta él mismo no tuvo en gran estima a esta obra, criticándola/se por la poca precisión histórica, algo sumamente menor ya que no afecta a la contundencia de la obra. Por más derrotado que se haya sentido el sensei, lo cierto es que sus obras, por más fallidas que las considerase, siempre encontraron no solo algo qué contar sino un público cautivo. En él estaban varios futuros autores que tomaron la posta para profundizar muchas de las temáticas que inauguró en la historieta japonesa. Y es que sin este manga en cuestión, muy probablemente  Moto Hagio no hubiera dedicado su vida al medio, por nombrar apenas un ejemplo.

Lamentablemente Shinsengumi no tiene una edición traducida, ya sea al inglés o español, que sea fácilmente accesible para el público. La versión occidental más conocida es la italiana, a cargo de la editorial J-POP y parte de su Osamushi Collection, quizás el intento más avanzado en completar la  inacabable obra del mangaka. Otra opción disponible es la versión digital publicada por eManga, un sitio que cuenta con varias historietas de Osamu Tezuka traducidas pero que no tienen demasiado alcance como otras firmas con sus licencias, como Vertical o Dark Horse en los Estados Unidos, y que son algo costosas. Además, se trata de una edición con algunos errores de gramática, lo cual puede no ser muy recomendable para la experiencia del lector, aún siendo un rescate editorial sumamente loable.

Shinsengumi Osamu Tezuka

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