¡Universo!: Odisea del espacio interior

Un género tan vasto y antiguo como la ciencia ficción da lugar para muchas vertientes. Una de ellas, no tan explorada como otras, es la que incluye a la comedia como aliada del relato y cuyo exponente más conocido tal vez sea Douglas Adams con su “trilogía de cinco libros”, la saga de The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy que es tan graciosa como introspectiva. El impacto que generó en la hoy denominada “cultura pop” fue tal que obviamente tras de ella aparecieron herederos y herederas de tan particular forma de contar una historia, y uno de ellos es el español Albert Monteys.

¡Universo! apareció originalmente en Panel Syndicate, plataforma web fundada por el artista Marcos Martín con la particular posibilidad de que cada uno elige el precio a pagar por el contenido para descargar. Entre 2014 y 2017, Monteys escribió cinco entregas que actualmente fueron editadas en físico por Astiberri Ediciones. En 2018, apareció un sexto capítulo compuesto por historias cortas.

Si bien cada número de ¡Universo! es autoconclusivo, varias puntas que aparecen se repiten, haciendo que estas historias no solo compartan un mismo universo, sino que también sus eventos generen consecuencias que afectan a otros personajes de la serie. Con esta particularidad en mente, lo que tenemos para leer son historias variopintas en las que, a veces, el marco de la ciencia ficción es usado como una excusa para contar cosas más terrenales o bien, a la usanza del ya citado Adams, se representan acciones más ridículas dentro de contextos más “serios”.

Dentro de ese “segundo” grupo temático se encuentra la primera historia publicada en 2014, ¡El pasado es ahora!, en la que el empleado de una empresa dedicada a la construcción de muebles es obligado a viajar al inicio del tiempo para crear un nuevo universo. La verdadera intención del magnate de la compañía es dejar su marca registrada en cualquier parte del universo. Mientras que por su lado, la segunda publicación, La fábrica del amor, es un relato sobre los problemas que arrastra el exceso de amor y la obsesión, ejemplificado con una firma que fabrica robots diseñados para ser acompañantes sentimentales que, por accidente, comienzan a matar a sus parejas.

El hallazgo más grande de Monteys es cómo logra hacer que algunos relatos tengan una cuota muy grande de intimidad e introspección dentro del contexto, por momentos, absurdo. La última historia cuenta el trágico destino de la mujer que estaba presente en el momento en el que se descubre el viaje en el tiempo antes citado, y termina sufriendo un contratiempo que la afectará para siempre: vivir con un desfase temporal que se va incrementando con el correr del tiempo. Con algo tan simple y tan poco explorado como un efecto secundario no deseado producto del viaje del tiempo, el artista logra armar un número con grandes dosis de drama, y con una gran habilidad para manejar los diálogos entre la mujer y su pareja, obviamente afectados por desfasaje.

La gran habilidad en la faz gráfica de Monteys es superadora. El barcelonés despliega una habilidad no solo en sus trazos, deudores de la línea clara francobelga, sino también da muestra de una inventiva que carece de límites. Los diseños de arquitecturas modernas, robots, naves y criaturas espaciales no acusan recibo de ser “homenajes” o plagios. Dicha inventiva también se ve plasmada en las distintas puestas de página que aplica, aprovechando la disposición de lectura apaisada para lucirse. Además de su estilo prolijo, lo acompaña una paleta bastante variada de colores que acompañan los diversos climas, esto aplicado tanto en cuestiones geográficas como intimistas.

¡Universo! triunfa por varios motivos, pero por sobre todo lo hace gracias a su originalidad a la hora de contar historias y cómo plantearlas. No hay utopías, distopías o futuros post-apocalípticos, sino evolución en el sentido completo de la palabra. Albert Monteys usa estas cinco entregas para mostrarnos cómo funciona lo neurótico del ser humano en un ambiente que, quizá, tengamos a millones de años de distancia. No hay intenciones de burda moralina alla Black Mirror sobre “los problemas con la tecnología”, sino que se ríe de ella. Los problemas a resolver son tan humanos y cercanos, que bien podríamos corregirlos ahora y no dentro de varios milenios. Hay tiempo.

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