Drogas según Mike y Laura Allred

“El tiempo es movimiento” es una frase que podría encajar en la vida real, dependiendo la percepción de cada uno, pero que chocaría irremediablemente con la lógica historietil. Sí, es cierto que una viñeta funciona como una medida de tiempo, pero también puede ser un fragmento congelado del mismo repetido ad infinitum o retratar un movimiento tan minúsculo e imperceptible como la paradoja de Zenón. Las diferentes representaciones del devenir es algo intrínseco al lenguaje secuencial, pero Mike y Laura Allred agregan un ingrediente más a la ecuación. Una dilatación de su percepción como don (o efecto secundario) otorgado por la pastilla que caracteriza al héroe Hourman.

An Hour With Hourman es una historia corta que apareció en la serie antológica Solo, curada por el coordinador Mark Chiarello. Con cada número dedicado a un artista en particular, estas revistas le permitían al autor tanto utilizar personajes de la cosmogonía de DC Comics como creaciones propias para dar una muestra de su talento en su máxima expresión. Este relato en particular fue publicado en el séptimo capítulo de la misma, basado en la pluma pop de Allred, y narra exactamente lo que dice el título, aunque la experiencia del usuario puede no ser fehaciente del mismo.

Al escuchar lo que parece ser el grito de auxilio de una damisela en peligro, Rex Tyler decide hacer uso de su píldora Miraclo, la cual le brinda una capacidad y resistencia física sobrehumana durante una hora. Sin embargo, al llegar a la escena del crimen, se encuentra con que en realidad la mujer esta siendo víctima de unas cosquillas. Con una sobredosis de testosterona y su metabolismo acelerado a niveles suprahumanos, el tiempo y su biología lo tienen contra las cuerdas, Tyler tiene que encontrar otra forma de gastar su energía.

Desde la segunda viñeta, los Allred deciden colocar un reloj en cada panel para tener como guía de cuánto tiempo pasa para el protagonista. Además de su sistema biológico, Hourman está atrapado por la narrativa, exacerbada por la grilla de nueve paneles, la cual retrasa la lectura adrede. El testigo de la sobredosis del personaje debe pasar por todos los cuadros y leer tanto el cronómetro como el diálogo y las poses del héroe. Este enlentecimiento de la narrativa, el cual quizás es imperceptible a simple vista pero con la sobrecarga de información presente en cada cuadro, está arraigado a otro efecto común en los estupefacientes: la distorsión en la percepción del tiempo.

En apenas una página, Rex pasa por varios de los estados de ánimo que puede llegar a provocarle su droga milagrosa. Los nervios por encontrar algo que hacer para no estallar, la violencia desmedida en su pedido por encontrar a algún criminal al que estrangular, un brevísimo momento de calma para rematarlo con la desesperación al no encontrar respuesta. Sin embargo, el reloj no para de correr y la solución más próxima la tiene un repartidor de pizza, completar su tarea mantendrá la mente y cuerpo del personaje ocupados por al menos unos segundos. Esto desencadena una secuencia de actividades mundanas a las cuales se dedicará para que su sistema no explote.

El héroe hace todo a su disposición para arribar al aparentemente inalcanzable momento de euforia: pintar una casa, pasear perros, jugar al basquet, ver los cortos de Superman de los hermanos Fleischer, ir al gimnasio y más. Toda actividad que libere al menos un poco de endorfinas funciona como paliativo de la pastilla Miraclo. No importa qué tan simple o complicada parezca la tarea, los autores se encargan de demostrar que Hourman puede hacer todo sin romper una regla temporal explícita en la historieta: cada página demora más que la anterior, las viñetas pasan cada vez más lentas.

El quiebre de narrativa se da con una imagen de media página en la que Hourman apaga un incendio utilizando un contenedor de agua. Con un diálogo del personaje que hace inescapable el doble sentido presente en la página, tanto dibujante como guionista descomprimen el tiempo para la secuencia final de la historia. Con una última acción digna de un héroe de su perfil, Tyler puede se dirige a su casa para quemar el remanente de su energía con una última secuencia.

La última disposición de imágenes en las que Rex utiliza los pocos minutos que le quedan para higienizarse, lo que podría interpretarse como un clásico mensaje de “buen vivir” de los superhéroes de antaño. Aunque la lectura pudo haber demorado más, igual o menos que una hora, los autores tienen un último truco con el tiempo, las manecillas dando vueltas infinitas en el reloj final del relato. Una viñeta que puede durar el parpadeo que lleva a uno al país de los sueños o lo suficiente como para que se vuelva a empezar la historia.

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