Drogas según Mark Gruenwald y Ron Lim

“Captain America on Ice” no es un show de patinaje sobre hielo. Es la trama principal de Streets of Poison, un arco argumental por Mark Gruenwald y Ron Lim que acaparó la tanda #372-378 de su serie regular, dando su opinión sobre la guerra contra las drogas.

La presidencia de Ronald Reagan se vio envuelta en malabares para la prevención del abuso de drogas. Aumentos presupuestarios astronómicos para el FBI, la campaña “Just Say No” liderada por Nancy Reagan y el inefectivo programa D.A.R.E. fueron algunas de las movidas previas a la Ley Contra el Abuso de Drogas de 1986, infame por castigar la tenencia de 5 gramos de crack con el mismo tiempo de cárcel que tener medio kilo de cocaína. Para 1990, George H. W. Bush ya estaba ejerciendo la presidencia y Mark Gruenwald llevaba cinco años al frente del título que lo convirtió en leyenda. El escritor ya se había dado varios gustos en materia de comentario, desde el reemplazo del Captain por Super-Patriot hasta el recordado issue #344 (Don’t Tread on Me!) donde Ronald Reagan se convierte literalmente en un hombre con características de reptil gracias a un veneno de la Serpent Society. Aún así, le faltaba tocar el uso de drogas, un tema candente para la época.

Hablando de Serpent Society, lo que pone en marcha esta historia en particular es el tiroteo contra Boomslang, uno de sus miembros. Huyendo del Capi, el villano es interceptado por una pandilla callejera que no duda en dispararle a quemarropa. Steve Rogers los arresta luego de una espectacular batalla y vuelve a la mansión de los Avengers. Allí se encuentra con Fabian Stankowicz, el ex-contrincante devenido en staff de los héroes, que presenta síntomas evidentes de una adicción a una droga llamada “Ice”. Ron Lim y Danny Bulanadi se encargan de representar esto a la perfección, mientras que el diálogo hace una aceptable imitación de los estereotipos clásicos de la época. Fabian pasará los próximos números en rehabilitación.

“Pero, Captain, ¿no le debes tu existencia a las drogas?” es una pregunta que cambia la perspectiva del héroe sobre sí mismo de manera radical. Cuesta pensarlo seriamente con el diario del lunes y sin ciertos prejuicios de hace treinta años, de los cuales esta historia necesita ocasionalmente para sobrevivir a su propio peso. ¿Es desleal el suero del super-soldado como tal? Él se pregunta esto ponderando si hay más drogas que ser humano en su cuerpo, si realmente él es el Captain America o si la inyección lo convirtió en eso. La cuestión ética es interesante y quizás sea la crisis de identidad que esto genera lo realmente sustancioso de la trama.

Cap decide resolver el problema buscando al dealer de Fabian, llevándolo a un accidente que lo expone directamente a los efectos del Ice, una sobredosis solamente controlada por el suero que lleva en sus venas. Esto lo hace actuar de manera irracional, maltratando a Peggy y poniendo en peligro a Diamondback (su pareja por aquel entonces). Se necesita al experto en Captain America para hacerlo actuar exactamente opuesto a su nobleza característica, y Gruenwald lo hace con creces. Convierte a Steve Rogers en una copia del Punisher, utilizando su imagen de ícono americano a favor para dar más efecto a su golpe. Los pandilleros no entienden como el Capitán puede comportarse así, no comprenden cómo esa figura incorruptible se convierte en algo más salvaje que ellos mismos.

La historia pega un pequeño desvío en Daredevil #283. Escrito por Ann Nocenti y dibujado por Mark Bagley (con la dura tarea de suceder a John Romita Jr.), este es un número brillante que condensa varias ideas. La ya mencionada crisis de identidad que sufre el Centinela de la Libertad es bajada a tierra por un Matt Murdock que vuelve a las aventuras terrenales luego de un tiempo. La escritora se detiene cada vez que puede, aprovecha la dinámica de los personajes y mete sus ideas de manera genial. Esto sirve de respiro para entrar al tramo final de Streets of Poison, motorizado por subtramas que terminan quitando parte del foco principal.

Hank Pym propone una solución: sacarle el suero de la sangre, terminando así con la droga definitivamente y con sus poderes de manera temporal. Esto, contrario a detenerlo, hace que Rogers quiera probar finalmente que es él y no su modificación genética lo que lo convierte en un héroe. La subtrama mencionada previamente es una que incluye una pelea entre Kingpin y Red Skull, ambos ayudados respectivamente por Bullseye y Crossbones. Todo esto puede definirse como business as usual pero termina sirviendo para concretar este contacto entre drogas y poderes del que quieren hablar los autores.

El que más habla en este caso es Ron Lim, generando secuencias de pelea realmente espectaculares donde le saca jugo al lenguaje físico de cada personaje. Al final, el Cap parece contento de haber terminado la lucha entre Red Skull y Kingpin, algo que no se propuso hacer desde un principio (y que probablemente deje colgado su propósito inicial) pero a esta altura, tanto el lector como Gruenwald, estarán contentos de haberse topado con un final. En especial uno donde el héroe ha probado con creces que el héroe más grande de Marvel no necesita drogas para ser un ganador.

Con todo terminado, Steve Rogers se rehúsa a que Pym le devuelva su sangre. Las reacciones fueron, como mínimo, mezcladas. Una intención tan noble como Streets of Poison en sí, pero abandonada raudamente en Captain America #384, donde describen al suero como un virus que se replica en el cuerpo y nunca abandona al sujeto. El poeta de rojo, azul y blanco lo explica mejor: “En otras palabras, super-soldado una vez, super-soldado para siempre.” Era esto, o archivar cincuenta años del personaje bajo abuso de sustancias.

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