Drogas según David Michelinie y Bob Layton

Iron Man Demon in a Bottle

A lo largo de sus primeros años de publicación, Iron Man no se caracterizó por tener grandes autores que pudieran aprovechar el potencial del personaje y su entorno. Hubo que esperar recién hasta finales de los setenta para que Tony Stark tuviera un relanzamiento que lo puso a la misma altura de los demás íconos clásicos de Marvel Comics.

En noviembre de 1978, un nuevo equipo creativo desembarcó en el número 116 de Invincible Iron Man compuesto por David Michelinie y Bob Layton en los guiones y John Romita Jr. en los bocetos, entintados por el propio Layton. Además de traer de vuelta a villanos clásicos como Madame Masque y Spymaster, introducen nuevos personajes secundarios como Bethany Cabe o Jim Rhodes que le dan un soplo de aire fresco a un título que estaba al borde de cerrar por las bajas ventas. Unos meses después, dio inicio el arco argumental serializado en los números 120-128 que se convirtió en una de las mejores historias del personaje: Demon in a Bottle.

Desde el inicio, quedan claras las intenciones de los autores de sacudir el status quo del título. Consternado tras perder parte de su empresa a manos de S.H.I.E.L.D, Stark se ve envuelto en un conflicto entre Namor y la Roxxon Oil, en el que su armadura empieza a fallar de manera repentina sin motivos aparentes. Su rol como presidente de Stark Industries lo obliga a ir dejar cada vez más de lado su faceta de playboy sin responsabilidades. Los autores aprovechan esta coyuntura para presentar a un nuevo enemigo, el empresario Justin Hammer que va moviendo los hilos desde las sombras para explotar las debilidades de un protagonista agotado y deprimido que poco a poco se va hundiendo en la bebida en escenas muy sutiles que, conforme avanza la historia, se vuelven más recurrentes.

Los autores llevarán esto hasta las máximas consecuencias y para el final del número 124, Hammer arruinará la reputación internacional de Iron Man al hacer viajar a Tony a Mónaco junto a Rhodes para seguir la pista de sus esbirros. Pero al margen de la acción y las peleas, el verdadero enemigo de Stark sigue siendo él mismo y aún después de limpiar su reputación, solo queda un hombre dolido y atormentado que ahoga sus penas en alcohol para tratar de aplacar sus demonios internos. 

El número 128 es el mítico epílogo que le da nombre a esta saga, una historia demoledora centrado en la lucha interna del protagonista contra su adicción, que gracias a la experiencia de Bethany Cabe y a la ayuda de sus amigos podrá salir adelante. El acierto de los autores es integrar el alcoholismo como una problemática de la vida cotidiana de la que nadie está exento, por más dinero, poder o armaduras que tenga. En ningún momento se siente como un panfleto anti-drogas, sino como una reflexión sobre la capacidad de pedir ayuda cuando no podemos ni con nosotros mismos. 

Los guionistas tuvieron la suerte de contar con la gran calidad artística de un John Romita Jr. primerizo pero que ya daba muestras de un enorme profesionalismo. Esto es Marvel de los setenta en estado puro, y aunque el entintado de Layton asimile los lápices al “House Style” de esa época de la editorial, Romita logra dejar su impronta tanto en las escenas de acción como en los momentos más intimistas, que dado el trasfondo de la historia son los más importantes. El nivel de atención al detalle en los fondos y vestuario de los personajes le suma una verosimilitud al relato que otros artistas de esta época de la editorial no hubieran podido darle. El único número que no dibuja Jr. queda en manos de Carmine Infantino y es un recuento del origen del personaje que, si bien es prescindible, sirvió para refrescar la memoria a los lectores.

La gran recepción del público motivó a que Michielinie, Layton y Romita se queden unos cuantos años en el título convirtiéndose en los primeros autores en definir una personalidad moderna para Tony Stark. Casi todos sus sucesores en el título volvieron a retomar ideas de esta saga, entre ellos Dennis O’Neil, que llevó el alcoholismo del personaje hasta sus máximas consecuencias. Incluso su caracterización en las películas del MCU protagonizadas por Robert Downey Jr está sumamente influenciada por esta obra, lo que convierte a Demon in a Bottle en una historieta inolvidable. Tanto para fans veteranos de la editorial como para nuevos lectores que quieran disfrutar una aventura que invite a la reflexión sobre una problemática que continúa hasta nuestros días

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