La adultez según Osamu Tezuka (Parte 3)

La venganza es uno de los subgéneros dramáticos más antiguos que existen, teniendo quizás como pináculo al Conde de Montecristo, novela de Alejandro Dumas sobre un hombre que, victima de una traición, termina injustamente encarcelado. En su encierro, recibe una herencia que termina utilizando para planear su regreso triunfal y su venganza sobre quienes complotaron contra su figura. La venganza justa, un concepto que termina siendo una justificación para que hombres buenos obren con técnicas malignas. Para Osamu Tezuka, en sus momentos personalmente oscuros, la venganza le queda mejor a hombres malos que obran de maneras aún peores.

Arabastā (Alabaster) es una obra serializada entre diciembre del ’70 y junio del ’71 en la Weekly Shōnen Champion de Akita Shoten, y pertenece a un período poco feliz, en varios aspectos, del manga no kamisama. De hecho, Tezuka mismo renegó por completo de las posteriores reimpresiones de esta historia, un poco por su temática oscura, el macabro accionar de algunos personajes, pero sobre todo por la pésima repercusión por parte del público: la editorial recibía semana tras semana, infinidad de cartas de odio por parte de los fans del mangaka, ya que no soportaban el aura de pesimismo que emanaba del relato.

James Block es un deportista afroamericano que se enamora de una actriz de cine que, si bien acepta ser cortejado por él, lo rechaza de manera repulsiva cuando le propone matrimonio. Block reacciona agrediéndola, acto que le vale cinco años de cárcel, lugar donde conoce al Doctor F., científico que le revela su creación: un arma capaz de invisibilizar tejido vivo. Pero el experimento sale mal, y Block queda convertido en una criatura a la que se le ven las venas, como si fuera un alabastro, elemento del cual toma su nombre como alter-ego. A partir de este punto, Alabaster comienza su cruzada vengativa contra la sociedad, empezando de mayor a menor. Tras asesinar a su ex-novia y secuestrar a la hija del científico que conoció en prisión, el villano comienza a develar su verdadero plan maestro, destruir la belleza del mundo.

Pocas historias han sido escritas donde todos los personajes son figuras antagónicas en sí. Desde el vamos, el centro de atención está en Alabaster y cómo su poder va creciendo a medida que se le unen acólitos y sus actos terroristas alrededor del mundo incrementan. Junto al villano está Ami, la nieta del científico que había sido adoptada por la fiscal que encarceló tanto al Dr. F como a Block. Sobre ella trabaja mucho el guion de Tezuka, al diseñarle un camino irredimible hacia la villanía. Fruto de los experimentos que F practicaba sobre su hija embarazada, Ami nació completamente invisible, por lo que su madre adoptiva la maquillaba de cuerpo entero para poder ser una figura visible, algo que solo lograba que se burlaran de ella por estar toda pintada. Así, una figura que solo se revela hermosa bajo capas de pintura, termina bajo el halo de resentimiento del protagonista, enemigo declarado de la belleza.

La otra cara del mal es Genya, un delincuente juvenil que descubre la “particularidad” de Ami y la obliga a que trabaje para él en pequeños atracos. También es seducido por la villanía de Block, pero pronto se siente repelido por tanta maldad, y cada vez que trata de alejarse del resto de la banda, solo logra ser arrastrado cada vez más al fango. Si bien no hay un rasgo de redención en sus actos, es lo más cercano a un “héroe” (junto con el hermanastro de Ami) que presenta todo el manga, por el simple hecho de no querer cruzar una línea que implica sacarle la vida a alguien. Por su lado, la única figura de autoridad es Rock Holmes, uno de los personajes más utilizados por el mangaka a lo largo de sus publicaciones, cuya arrogancia y altanería lo posiciona como antagonista del villano, algo que no necesariamente lo coloca en el lugar del héroe.

Dentro de esta historia de misterios (Tezuka la consideraba como una mala imitación de las historias de Edogawa Rampo), el aspecto que se posiciona por sobre el género es la condición humana y su degradación. Los primeros capítulos dejan entrever un sesgo racial con Block, pero su resentimiento no pasa por “los blancos” sino por la belleza. La única salida a la redención de su rencor, es que todos sean igual o peor que él, y no por nada su némesis se cree una persona hermosa. Y además, Ami, alguien caracterizada como una figura femenina de suma belleza, solo puede deslumbrar bajo la “ilusión” de miles de capas de maquillaje, dándole irrealidad a su aspecto y convirtiéndola en blanco de bromas. Algo que se tiene que intuir a fuerza de diálogo y acciones, porque el manga al ser en blanco y negro, no permite que se aprecie la cantidad exagerada de pintura.

El enemigo de la belleza no solamente es Alabaster y su banda, sino también la vanidad. Para Tezuka, las condiciones humanas no las definen el exterior sino el interior, algo establecido desde el inicio. Para ejemplificar, Block era un adonis hasta que su verdadera máscara de odio la revela, irónicamente, un acto de discriminación racial. Un hombre cuasi perfecto cuyo único error fue el color de piel y lo perdió junto con su humanidad. Holmes por su lado, blanco de herencias griegas, posee métodos que no son limpios, y sus intenciones parecen ser más personales que altruistas, logrando esconder su real naturaleza monstruosa, demostrada en una sugerente escena donde apresa a Ami para luego violarla. El ying y el yang está forjado entre el hombre que lo perdió todo y necesita vengarse, y el hombre que tiene todo, pero insaciable, necesita más y el mundo le queda chico. En el medio, no hay lugar para tibios, representado en esta caso por la bondad humana, casi inexistente a lo largo de los diez capítulos que forman la obra.

Hablar de aspecto y dibujo nos lleva a tener que mencionar el fastuoso arte del mangaka. Si bien continúa manteniendo ese aspecto aniñado el cual funciona como una marca registrada, en Arabastā encontramos varios momentos donde Tezuka pela chapa con un dibujo expresionista tan poco común en él, hasta ese momento. Escenas de un impacto visual, como la imagen que ilustra el siguiente apartado, se mezclan con personajes con ojos saltones que corren entre círculos blancos. Si hacía falta algo para mostrar que el manga no kamisama dejaba atras un mundo feliz y más simple para adentrarse en uno más oscuro y denso, el arte se encargaría de dejarlo bien claro:

Son tiempos convulsos, y en el arte esto sería reflejado: la Garo dejaba en claro que el manga podía ser avant-garde y servía para marcar el pulso, al punto que el artista hoy homenajeado en esta columna se lanzó a editar su propia trinchera experimental con la COM. Para muchos, Arabastā marca el inicio del Tezuka adulto, el momento donde el artista que prácticamente inventó todo, cambia de piel para vestirse con un manto nuevo, uno oscuro y confuso. Se puede pensar en una trilogía de obras, serializadas a la vez como Ningen Konchūki (El Libro de los Insectos Humanos) o Aporo no Uta que marcan un camino a seguir y que llevaría al noveno arte producido en Japón hacia otro nivel, aunque la popularidad no acompañe. Pero por su lado, el manga no kamisama entraba en una profunda depresión a causa del extenuante trabajo y el fracaso absoluto de su estudio de animación. ¿Son estos mangas el reflejo de un artista siendo torturado por su obra? ¿El pesimismo generalizado es causa o consecuencia? Difícil asegurarlo, fácil asumirlo o considerarlo.

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