Howard The Duck (Parte 5)

Entrando ya en la recta final de esta mega-nota, es momento de hacer una pregunta: ¿cómo puede sobrevivir Howard the Duck al siglo XXI sin su creador? Como quedó claro, el personaje no es un creator-owned, pero obviamente al tener un grueso de obra armado por su responsable original, se hace difícil pensar cómo siguen las aventuras del pato que siempre estuvo al margen del universo Marvel. Tras una corta estadía en un imprint para adultos, le toca volver al universo mainstream.

Howard no es argentino, pero es bostero.

Tras un par de apariciones breves en el título de She-Hulk de Dan Slott, en diciembre del 2007 apareció un nuevo número 1 de Howard the Duck, cuarto volumen que corresponde a una miniserie de cuatro partes mensuales. El nuevo equipo creativo consta del maestro Ty Templeton en los guiones y nuestros valores nacionales Juan Bobillo (quien venía de trabajar con Slott en el título antes mencionado) y Marcelo Sosa en dibujo y tintas. El personaje continúa ubicado en Cleveland junto con Bev, y como siempre, nos lo encontramos en su momento más bajo, tratando de sobrevivir a un mundo que, como siempre, le es ajeno.

Una marca distintiva del personaje que sigue vigente es que el motor de sus aventuras siempre es el comentario social desde un lado sardónico, pero claro, con dos diferencias claras. Por un lado, al ser una miniserie de cuatro partes, no hay tanto espacio para irse por las ramas y contar varias cosas a lo largo de cada número, sino que acá tenemos una única historia que avanza de principio a fin con los típicos sobresaltos de cualquier relato. Y por otro lado, nuevamente nos encontramos sin el creador original, aquel que supo darle una voz única al pato, pero Templeton no busca imitar a Gerber, sino que con su propio talento se defiende, y no se guarda nada. Además, aprovechando los eventos todavía recientes de la Civil War, se arma un debate sobre la “pertenencia” de Howard en el mundo, con claras referencias a la xenofobia norteamericana post-2001. Aún así, el tono sarcástico y el tratamiento burdo de los personajes secundarios sigue vigente.

Esta vez, el enemigo a detener es el de la desinformación. Irónicamente, un tópico que al día de hoy sigue tan alarmantemente vigente y que en su momento fue tópico en la serie de los 70 con el origen del Dr. Bong. Howard esta vez es victima de la viralización, cuando es filmado en medio de una pelea para zafar de unos cazadores. El video se convierte un hit dentro de una versión apócrifa de YouTube y el pato es asediado por todos los medios de comunicación de Cleveland. Pero en el medio, se destapa una conspiración, en la que los canales de información son controlados por A.I.M. y, de esta manera, por primera vez se integra por completo a Howard al universo marvelita. Por supuesto, hemos visto cameos de otros héroes y ha hecho team-up con varios personajes, pero es la primera vez en su título que un elemento central de la Casa de las Ideas aparece y forma parte central de la trama.

La Advanced Idea Mechanics es una oganización paramilitar creada Stan Lee y Jack Kirby, ideada para desarrollar armas terroristas de avanzada. Una de las armas más conocidas es M.O.D.O.K. (Mental Organism Designed Only for Killing) que ha sido villano clásico del Captain America. Pero, si bien todo esto se integra al título del animal, es inevitable que su utilización sea totalmente paródica, y el villano principal esta vez no es M.O.D.O.K., sino M.O.D.O.T. (cambiando Killing por Talking), una criatura que manipula todos los centros discursivos dentro de Cleveland. Y obviamente, la irrupción de un pato gruñón peleándose funciona como un arma ideal para desviar la atención, pero interrumpir en el camino del protagonista siempre trae problemas.

Templeton no es Gerber, pero la manera en que se encarga de llevar la trama de la conspiración está a la altura. La estupidez humana (o más bien, norteamericana) está bien reflejada en cómo se dejan manipular por cualquier cosa que se planta frente a la pantalla, lo fácil que es embobar con un evento mediático y viral a la gente y hacerles creer cosas. La manipulación de M.O.D.O.T. es total y la gente no tiene manera de darse cuenta. ¿Por qué no sospechan que los medios están todo el día debatiendo si las acciones de Howard en defensa legítima tienen asidero o no? El personaje y la serie continúan siendo excusas perfectas para mostrar el aumento de la ignorancia y su degradación constante, y en el medio se sigue riendo de la misma inverosimilitud de los cómics. Hay que resaltarlo, que una célula de A.I.M. esté destinada a manipular una ciudad de Ohio, cuyo líder es una copia burda de un villano olvidado y que son derrotados con cierta facilidad tienen solo un propósito y es la parodia. Algo que nunca va a poder desligarse del pato, y se celebra que sus raíces sigan intactas.

Por su lado, también destaca fuerte el tándem argentino Bobillo/Sosa, presente en los anales comiqueros desde medidados de los ’90, que debutaron justamente en Marvel como ayudantes de su maestro Ariel Olivetti en The Last Avengers Story. Dibujante y entintador, colaboraron varias veces en el mercado nacional y europeo, y para mediados del nuevo milenio, regresaron al mainstream norteamericano. De las tres obras realizadas (la ya mencionada She-Hulk y la miniserie Mekanix, centrada en Kitty Pryde con guion de Chris Claremont), es notorio ver cómo Bobillo se suelta. Mientras comienza de una manera más sobria y más similar a un dibujante promedio del comic yanqui, ya para Howard se empieza a soltar y tomar vuelo, mostrando su característico estilo estridente, al punto de incluso tomarse grandes libertades en el aspecto del animal. Para esta miniserie, está completamente alejado del estilo cartoonesco de siempre, implementado por Gene Colan, y más cercano a un plumífero real.

¿Cómo se sigue haciendo a un personaje con un estilo de escritura tan marcado y que encima, pocos años atrás, su creador había realizado con él una última obra maestra? No se puede negar que el desafío de Templeton y Bobillo fue enorme, pero el resultado final es completamente satisfactorio, acercándose bastante a la cruda visión sardónica de Steve Gerber, que murió durante la publicación de esta miniserie. Pero el personaje, si bien parte de una empresa multinacional que explota sus productos hasta el cansancio, es protegido hasta que artistas, que también son fanáticos del ave, deciden divertirse con él. El mes que viene, terminamos esta mega nota con el último intento de diversión con el Ducky.

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