Diseccionando Ongoings: Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley (Parte 2)

Segundo Diseccionando Ongoings recorriendo los primeros 33 issues de Thunderbolts. Nuevos integrantes, el regreso de contrincantes olvidados y villanos inventados por lectores de la Wizard. Todo forma parte de la etapa más intrincada a nivel narrativo en el run de Kurt Busiek y Mark Bagley.

Hay una nota muy graciosa del editor Tom Brevoort en Thunderbolts #13, en la que comenta sobre la rigurosa continuidad del guionista: “¿Alguna vez se le acaban los comics viejos a Busiek?”. La pregunta se responde sola en esa página, que contiene tres referencias a números pasados de títulos distintos. Todo esto sirve para responder el cliffhanger en el que nos había dejado Thunderbolts #12, con nuestros protagonistas transportados a un lugar incierto. Ese lugar, como aclara Atlas, es el imperio extradimensional de Kosmos. Hay un retorno a la aventura superheroica más común en los números trece y catorce, con ellos varados en un planeta extraño y sin salida aparente pero con aliados inesperados. Conflictos en principio sencillos, amén del extenso mapa de continuidad ya mencionado, pero que empiezan a tomar vetas más complicadas con la aparición de Kang y un plan a la distancia que viene sembrando desde Thunderbolts #5. Prisioneros de Kosmos, el equipo comienza a mostrar sus debilidades emocionales y es Meteorite quien, como ya venía anticipando en los números previos, se hará cargo de darle ánimos al equipo. Esto es si por ánimo comprendemos volarle la cabeza al rey con un rayo.

Hay un movimiento genial por parte del guionista, y es terminar la historia con uno de los momentos más moralmente ambiguos hasta ahora. Una despedida de corte clásico para esta clase de comics, en la que los visitantes y los locales logran despejar sus diferencias, es simplemente el velo de una mentira grupal para seguir manipulando a Jolt.

Los Thunderbolts vuelven a la tierra y consiguen nuevas identidades. Jolt queda sorprendida genuinamente ante lo fácil que les resulta empezar de nuevo, y Atlas se da cuenta de que es la primera vez que la joven atestigua a malvivientes en su versión más pura. El propio Atlas, por su parte, comienza un viaje de culpa al enterarse que su amada Dallas Riordan ha sido despedida y espera un juicio por ser el contacto gubernamental de estos villanos. Esto hace que se separe de sus compañeros y emprenda su propia aventura en solitario en busca de su hermano, quien es acechado por unos pesados prestamistas. Si todo esto suena muy parecido a un capítulo del Hulk de Bill Bixby, se sorprenderán cuando el “verdadero” Gigante Esmeralda haga su aparición (o no, pues es anunciado en la portada como un razonable facsímil) y se revele finalmente como un robot creado por Techno. Y si todo esto parece demasiado, hay que agregarle la aparición de los Lightning Rods (alias The Great Lake Avengers, aquella creación de John Byrne para West Coast Avengers) y un nuevo Citizen V que no es Baron Zemo.

Apreciaciones personales: es probable que el issue 17 sea el mejor dibujado por Mark Bagley, quien ahora viste las tintas de Scott Hanna. Ambos artistas tienen la dura tarea de darle orden a un número que tiene de todo: Zemo contra Citizen V, la espectacular vuelta de Atlas y el regreso de Graviton a la continuidad Marvel, cuya última aparición había sido en Avengers Unplugged #2. Como bien decía Vision en ese número, Graviton se convirtió en un agujero negro que colapsó y se envió a sí mismo más allá de la realidad. Lo que agrega Busiek para llenar el hueco narrativo es que el villano terminó en una micro dimensión que lo tuvo como gobernante. Una vez más el antagonista es vencido por los trucos mentales de Meteorite, algo que hace enojar a Jolt porque todas las victorias del grupo son parciales y amenazan con volver.

Nada de lo que continúa es particularmente inspirado. El regreso de los Masters of Evil luego de catorce números, vistos por última vez en Thunderbolts #4 y comandados por Crimson Cowl, significa una nueva alianza forzada para el grupo y un retorno tardío en medio de un torbellino narrativo. Destaca como anécdota el issue 19, donde meten de un golpe al villano “Charcoal, the Burning Man” creado por los ganadores del concurso Make-A-Villian de la revista Wizard. Los derechos quedaron en el aire, los creadores quisieron tomar inútiles acciones legales para recuperar a Charcoal, y todo terminó con Fabián Nicieza matándolo de manera poco ceremoniosa en la primera página de Thunderbolts #56. ¿El asesino? Graviton, porque los comics y el tiempo son un círculo plano.

Como es de esperarse, la fachada entre los T-Bolts y los nuevos Masters of Evil dura poco. Cuando están a punto de ser vencidos, los falsos héroes son rescatados por Dreadknight, una creación de Bill Mantlo para Iron Man y otro deep cut por parte de Busiek y el suntuoso lápiz de Bagley que resulta ser quizás el más arbitrario hasta ahora: Dreadknight no es otro que Hawkeye disfrazado. Lo que sigue es una suerte de recuento a modo de reflexión, tal como pasó previamente con Black Widow, donde un personaje veterano les explica una cosa o dos acerca de hacer el bien. Se ofrece a guiarlos y a ser su líder, pero con la única condición de que Mach-1 se entregue para cumplir su condena por asesinato. ¿Por qué pasa esto? Porque es el único Thunderbolt del que se tiene pruebas, y el grupo guarda con recelo el secreto de Meteorite en Kosmos. Nuevos problemas para el equipo, que a partir del número 12 de Avengers comenzará el final de su primera etapa.

El próximo mes la tercera y última parte.

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